¿Es peronismo…?

Lectura de viernes | Por Leandro Calle

¿Qué significa ser peronista? Los incorregibles, al decir de Borges, los grasas, los cabecitas negras, los gronchos, la barbarie, los negros, la patria, el fascismo, la derecha, la izquierda, los montos, el populismo, un sentimiento, la juventud maravillosa, los imberbes, el mal de este país, la alegría, la justicia social, la expropiación, la masa. ¿Todo eso es peronismo?

El peronismo es un movimiento. Un cuerpo vivo. Y entonces, ¿qué es?, ¿una bolsa de gatos? A ver, pongámosle nombres: Cooke, el negro Atilio, López Rega, Isabelita, Evita, Apold, Firmenich, el Padre Mugica, el verdulero de la esquina de casa, la panadera, Norma Arrostito, Jauretche, Bonasso, el Perro Verbitsky, Walsh, Menem (sí, leíste bien: Menem), Telleldin (también), Hugo del Carril, el profe Jorge Torres Roggero, el negro Claudio Suárez, Néstor y Cristina, Pichetto, Cafiero y su nieto (dirían las chicas peronistas, el bombón de Santi Cafiero), Nilda Garré, Irma Roy, Nelly Omar, muchísimas patas en la fuente, muchísimas abuelas dándole duro a la Singer. ¿Todo eso es peronismo? Sí, todo eso es el peronismo, porque el peronismo es un movimiento no un partido. Ajá… ¿y entonces? ¿Entonces qué es el peronismo?

Como toda cuestión trascendente, la pregunta va más allá de una respuesta clara y concisa. Es como preguntar por qué existe la vida, por qué la muerte. “En esta hora, que es de recuperación de todos los valores –dice Juan Domingo Perón en el Plan Quinquenal- todas las fuerzas del país deben hallarse unidas. El que sea o se sienta argentino no puede estar ausente de esta restauración. Cada uno debe dar de sí lo que tenga. El que tenga brazos fuertes, sus músculos; el que tenga cultivada su inteligencia, pondrá en movimiento su cerebro; y el que tenga caja de hierro repleta de dinero, el contingente de su oro.” (1950). “Dar de sí lo que tenga”, he ahí un indicio de qué es ser peronista, si se trata de dar o recibir, de poner en la molienda de la vida política aquellas capacidades que se tienen. O, en nombre de la política y de la ideología, esquilmar al pueblo, quitarle sus nutrientes más preciosos para engordar uno y enflaquecer a los otros. Otro indicio, pero en este caso negativo o de contraste, puede ser aquel de preguntarnos si acaso no se pide/exige allí donde no hay. ¿Pueden algunos políticos/as ofrecer su cerebro dado que cuando abren la boca, uno puede darse cuenta de que ese aporte es el que menos pueden realizar porque su inteligencia no la tienen cultivada? ¿Se les puede exigir a los pobres, a los jubilados, a los humildes trabajadores de la patria que “abran sus cajas de hierro” para que den las pocas y míseras monedas que les quedan, cuando ya no hay ni centavos siquiera qué comer? Como diría el gran Leopoldo Marechal en su “Apólogo chino”, el orden de los factores SÍ altera el producto.

Entonces, ¿qué es ser peronista? Continuando con algunos documentos ya históricos, es curioso encontrarnos con el Acta de la Declaración de la Independencia Económica, de 1947: “En acto solemne, los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas, en sus fuerzas populares y trabajadoras, para refirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados; a tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la Nación, comprometen las energías de su patriotismo y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir”. Retomando un “dictum” evangélico, “donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”. Y esa es una buena pregunta: ¿dónde tenemos puesto el corazón? Habrá que ver dónde está nuestro tesoro. Si –y esto en el más alto conservadurismo del clasicismo peroncho- nuestros intereses están alejados del bienestar del pueblo, si sus derechos constitucionales son avasallados, si los recortes llegan a los más pobres y las componendas se dan con los más ricos, parece que estamos muy lejos de lo que dio en llamarse “doctrina peronista”.

Entonces, una vez más, ¿qué significa en este país ser peronista? Porque, al parecer, puede ser una tradición familiar, como quien hereda un nombre que salta de los abuelos a los padres; se puede serlo por presión, costumbre, ignorancia o conveniencia. O se puede ser también por convicción. O por razones concretas e históricas, también. O, en muchos casos, parece que se puede ser peronista porque no nos queda otra.

¿Por tantas cosas se puede ser peronista? Tal vez haya que cambiar el tiempo del verbo, la afirmación tajante del “es”, porque tal vez la propuesta del peronismo sea un camino en el que hay que andar, desbrozando maleza, corriendo las piedras, eligiendo los senderos. Se hace camino al andar.

Tal vez un poquito de humildad en los dirigentes peronistas sonaría muy bien a los oídos del pueblo. Una especie de: “nos vamos haciendo peronistas, todavía no lo somos, nos falta mucho porque es la utopía, es el sueño grande de la patria”. Allí es donde también caben las preguntas: ¿es Alberto Fernández peronista? ¿Lo es Schiaretti?

 

 
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