Midiendo la prosperidad

Economía, por Salvador Treber (Especial para HDC)

La organización especializada Legatum Institute, con sede central en Londres, ha dado a conocer por décimo año consecutivo su ya tradicional “Indice de prosperidad”, que se elabora mediante la combinación de diez cuantificadas facetas, consideradas prioritarias. A ese efecto se adoptan datos relativos a 149 países de los cinco continentes que, si bien son el 72% de los 208 existentes en el mundo, reúnen nada menos que el 91,7% de la población total del planeta. Según el criterio de dichos técnicos, la “prosperidad” a que hacen referencia la hacen surgir combinando al ritmo de crecimiento económico de cada país una serie de factores coadyuvantes, como los “beneficios sociales”.

La “prosperidad” se define como “la oportunidad que cada persona tiene de descubrir, completar y compartir su potencial, llegando a desarrollar sus mejores aptitudes y ayudando a otros a desarrollar las suyas, involucrando tanto riqueza económica como bienestar”. A modo de explicación sobre lo actuado, en forma muy enfática señalan que se ha tomado en cuenta “el porcentaje promedio mundial y el peso de las naciones por sus poblaciones”; advirtiendo así que la prosperidad global es ahora un 3% superior a 2007, en oportunidad que se hizo una encuesta semejante. La referida información sobre una decena de factores condicionantes tales como calidad económica, grado de consolidación de las instituciones, capital social, educación, salud, seguridad, libertad personal, medioambiente y clima de negocios ha logrado extender notoriamente la capacidad de evaluación y la mayor certeza en las conclusiones.

Bajo dicho esquema surge Nueva Zelanda como el país que encabeza los mejores indicadores de condiciones de vida. Se subraya que “en la última década ha provocado un ‘surplus’ de amplia prosperidad, generada a través de la combinación de una fuerte sociedad, mercados abiertos y altos niveles de libertad personal que permitieron encontrar las llaves de la felicidad”. Esa senda virtuosa ha sido compartida por Noruega, ubicada en segundo término, y Finlandia que aparece tercera. Lo notable es que Estados Unidos, pese a su innegable potencialidad, figura relegado al 14º lugar (aún cuando ha mejorado en la última década, tras el estancamiento del trienio 2015-2017.

La situación, combinada con la sensación de que la globalización ha dejado a muchos en el camino y es motivo de gran descontento, se ha convertido en decisiva, logrando convencer equívocamente que el populismo puede ser el remedio más rápido y adecuado. El informe destaca que “una similar historia se está desplegando en Europa, como una creciente marea de populismo que amenaza con minar lo que ha sido una de las más prósperas regiones del planeta”. Los técnicos que lo elaboraron adoptaron como ejemplo el del Reino Unido, que consideran “exitoso en la generación de prosperidad pero menos en la propagación de esa prosperidad entre los ciudadanos en otras partes de Europa Occidental y Estados Unidos”.

Mencionados como “las dos más grandes conductores del crecimiento de la prosperidad en los últimos 10 años”, se ocupa especialmente de los casos de China e India, los dos más poblados del planeta, en los cuales “millones han mudado desde el estado de pobreza al camino de la prosperidad”. Con una visión más general y comprensiva de la sociedad mundial, según el punto de vista de dichos investigadores, se explica la actual situación general como “el resultado de libertades económicas e integración en la economía global, aunque ambos enfrenten difíciles desafíos en términos de medio ambiente”. 

Resulta muy significativo que de los 149 países incluidos en la investigación, sólo 28 (alrededor del 20%) exhiben una baja y sufren cierto declive en los índices de prosperidad, siendo la situación más intensa la que azota a Venezuela; advirtiendo con igual tendencia, pero mucho menos intensidad, el retroceso que se vine verificando en Australia y Grecia. A modo de conclusión, señala que “el 70% de las naciones del planeta han visto un notable incremento en su nivel general de prosperidad”.

Si bien el tono general es optimista, no se deja de advertir que “el surgimiento del Estado Islámico y otros grupos terroristas en Oriente, desde la ‘primavera árabe’, han operado como un límite restrictivo al crecimiento de la prosperidad en la región”. Resulta muy notorio el esfuerzo de los investigadores para restar toda significación a esas expresiones de terrorismo que en todos los casos, con mayor o menor efectividad, inquietaron a las respectivas poblaciones y, en casos como el de Siria, ha provocado en poco más de cinco años un doloroso éxodo, que afecta a alrededor de siete millones de sus habitantes.

El caso especial de Argentina

Es oportuno señalar que luego de los tres países líderes, se alinean Suiza en el 4º y Canadá en el 5º. Nuestro país aparece en el lugar 49º, luego de Uruguay y Chile, 28º y 31º respectivamente; mientras Brasil está 57º y Venezuela en el puesto 121º. Los que cierran el referido encolumnado son Afganistán en el lugar 148º y Yemen, 149º. Como ya se ha señalado, los índices de cada país surgen mediante una media simple de las diez facetas altamente significativas al efecto. Se distingue como la mejor calificación a la amplia vigencia de “libertades personales” cuyo máximo nivel se adjudicó a Luxemburgo. En ese aspecto nos correspondió el 25º lugar, seguido por las prestaciones de salud en que figuramos en el escalón 44º.

En cuanto a “educación” que encabeza Suiza, figuramos 55º y 57º respecto a “capital social” que exhibe su máxima expresión también en Nueva Zelanda. Posteriormente aparecen los factores “entorno natural”, en que estamos 63º liderados por Eslovenia; “calidad económica” con rango 78º y en que se reitera como máxima expresión Nueva Zelanda. Respecto de las tres áreas restantes, “calidad económica”, “comercio” y “ámbito empresarial”, encabezados por Nueva Zelanda, Finlandia y Estados Unidos, nos ubicamos en ese orden en los escalones 78º, 86º y 96º.

Respecto de nuestro país, los autores del trabajo señalan que “su economía está fallando en entregar todo su potencial a sus habitantes”, y por ello justifican que se haya producido una caída de 28 niveles durante los últimos años; sosteniendo que ha incidido el escaso logro de un adecuado clima de negocios. Los analistas sostienen que “esta performance muestra la irregularidad del progreso de la prosperidad; declives en ciertas áreas no siempre son compensadas”. Como ejemplo señalan que el país ha mejorado tanto en variables como capital social y libertad personal que se ha abierto a la inmigración de las minorías raciales y a la comunidad homosexual y transexual. En el año 2009 fue el único país de Sudamérica que legitimó el matrimonio gay. Esto empujó significativamente un ascenso en las posiciones de Argentina en cuanto a libertades personales. Nos elogian y tratan de estimular por haber subido del puesto 92º al 55º en educación, pero aconsejan esmerarse mucho más en medioambiente y urbanización.

 
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