Trump, las dos Coreas y el Nobel

Desnuclearización | Por Gonzalo Fiore

Donald Trump llegó a Hanoi, la capital de Vietnam, para reunirse con su homólogo norcoreano Kim Jong-un por segunda vez. El objetivo de la cumbre podría acercarlo a algo que hace tan solo unos meses parecía impensable: el Premio Nobel de la Paz. La guerra entre las dos Coreas es un conflicto de varias décadas. El enfrentamiento bélico propiamente dicho se extendió de 1950 a 1953 y culminó con el acuerdo entre la Unión Soviética y Estados Unidos de partir el país en dos. Constituyó la primera disputa entre las dos grandes potencias del planeta en el marco de la Guerra Fría. A su vez, también participó la entonces naciente República Popular China, apoyando al bando comunista. En la guerra murieron 3 millones de personas, y el 15 % de los habitantes del norte. Se firmó un armisticio en 1953, estableciendo una zona desmilitarizada en la frontera de ambos países. No obstante, nunca se llegó a firmar un tratado de paz, por lo que técnicamente ambas naciones continúan en guerra hasta hoy.

La República Popular Democrática de Corea, más conocida en occidente como Corea del Norte, fue gobernada desde entonces por un régimen familiar. La ideología del gobierno se denomina Juche: una especie de comunismo leninista con componentes nacionalistas. Su fundador, y presidente del país desde 1953 hasta su muerte en 1994 fue Kim Il-Sung. Conocido como el “Gran Líder”, fue sucedido por su hijo, Kim Jong-il, quien también traspasó el poder a su hijo, el actual presidente, Kim Jong-un. Sus políticas no presentaron cambios particulares a lo largo de los años. Poco se conoce realmente del país desde occidente. Su hermetismo, sumado a la barrera idiomática, muchas veces es un escenario propicio para noticias falsas. Su política económica es planificada enteramente de manera centralizada por el Estado, al estilo de la Unión Soviética. Es uno de los países que recibe la menor cantidad de inversión extranjera directa del mundo. Lo que contrasta marcadamente con su vecino, Corea del Sur. Entre el final de la guerra y los años noventa, la Corea capitalista experimentó uno de los mayores crecimientos económicos de la historia.

Beneficiada por las inversiones estadounidenses y japonesas, el país diversificó su economía, hasta entonces principalmente agraria. Actualmente el sector industrial representa el 40,4 % del PBI mientras que el agrícola solamente aporta un 3 %. Es una de las principales potencias tecnológicas del mundo. Empresas multinacionales como Kia, Samsung, o Hyundai son de origen surcoreano. El desempleo es del 3 %. Su PBI es superior a los 1500 billones de dólares, lo que la convierte en la onceava economía más poderosa del planeta. Políticamente es una democracia parlamentaria desde la reforma constitucional de 1988. Sin embargo, fue gobernada por la dictadura del General Park Chung-hee desde 1961 hasta su asesinato en 1979. Mientras que al militar se lo acusa de perseguir opositores e incurrir en violaciones a los derechos humanos, no se discute que sus políticas económicas proteccionistas dispararon el desarrollo del país. Una de sus hijas fue presidenta entre 2013 y 2017.

Quienes conocen al presidente norcoreano aseguran que es fanático de Hollywood y un ávido consumidor de todo lo que venga de occidente. Luego del encuentro histórico de junio pasado, el encuentro del miércoles último fue la oportunidad para que ambos mandatarios discutan más a fondo medidas concretas para la desnuclearización del país. El portavoz de Corea del Sur se mostró esperanzado en la previa del encuentro que esto podría significar el final definitivo de la guerra. En su discurso del Estado de la Unión de este año, el norteamericano dijo que terminará de una vez con las “guerras sin fin”. Se espera que salgan medidas concretas ya que en su último en encuentro, en Singapur, solo hubo vagas alusiones a la desnuclearización de la península coreana. Además de la cumbre bilateral, también existieron reuniones de los equipos de trabajo de ambos países. Ambos líderes expresaron optimismo respecto de la reunión. Kim declaró que se encuentran a las puertas de una “situación extraordinaria”.

La administración de Trump quiere ponerle fin a la guerra de Corea. Una de sus exigencias fue que Kim Jong-un dé por finalizado su tan publicitado programa nuclear. Otra, que comience una agenda de reformas económicas similar a las de países también gobernados por un régimen de Partido Comunista único como Vietnam. Sus pares asiáticos experimentaron desde hace varias décadas una apertura económica sin precedentes. Trump les ha prometido que podría acercarlos al éxito de su par del sur. Lo cierto es que esto parece todavía bastante lejano. No obstante, el norteamericano merece crédito por ser el primer presidente desde Dwight Eisenhower en tener posibilidades reales de terminar con la guerra. Este podría ser el logro más importante de su mandato en materia de política internacional. Ello podría acercarlo al Premio Nobel de la Paz, al cual se encuentra nominado. Para un hombre visiblemente tan ávido de reconocimientos públicos como Trump, hoy no podría existir un escenario más soñado.

 
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