El odio llamando a la puerta

Terrorismo | Por Gonzalo Fiore

Lo sucedido en Nueva Zelanda, cuando un fanático autodenominado “etno nacionalista eco fascista” irrumpió en dos mezquitas asesinando a cincuenta personas, e hiriendo a otras cincuenta, demuestra que no es posible actualmente aislarse del fenómeno extremista. La población musulmana en la isla es de tan solo el 1%. Lo que le agregó aún más impacto al hecho fue que el terrorista trasmitió los asesinatos por Facebook Live mediante una cámara GoPro. La manera en que el video se mostraba en primera persona recuerda a los videojuegos FPS (First Person Shooter). A su vez, Tarrant recomendó que sigan en YouTube a un especialista en videojuegos, célebre hace un tiempo porque el canal de la plataforma dio de baja su serie debido a sus comentarios antisemitas. El hecho ya es el peor atentado terrorista de la historia de Nueva Zelanda. Un país que nunca es noticia por este tipo de sucesos.

El atacante, Brenton Tarrant, es australiano. Al parecer, viajó al país solo con la intención de cometer los crímenes. No responde al mote de “loco suelto” que muchos intentan ponerle a quienes realizan este tipo de acciones aberrantes. Incluso escribió un manifiesto de 74 páginas donde expone sus puntos de vista llenos de odio. Sostiene ideas fundadas en que los blancos occidentales están viendo avasallada su cultura por la inmigración, por las minorías y por la “agenda progresista”. Tarrant se reivindica admirador de líderes mundiales como Donald Trump o Viktor Orban. Lo realmente preocupante, es que ideas similares a las suyas gozan de extrema salud electoral en muchos países de Europa o del mundo. Cuando el presidente estadounidense se solidarizó con el país por los crímenes, la primer ministra, Jacinda Ardern, le respondió pidiendo “amor por las familias musulmanas”.

La joven mandataria de 38 años, se mostró visiblemente emocionada, usando un hijab. No hace mucho tiempo, hubo una polémica en Francia debido a la comercialización de esta prenda femenina para hacer deporte. El partido de Emmanuel Macron y el de Marine Le Pen coincidieron raramente al respecto. Ambos decían que atenta “contra la imagen de la mujer”. Lo cierto es que lo que realmente atenta contra la mujer en este caso son las leyes que le prohíben expresar libremente su cultura y religión. En el país galo está prohibido el uso del burka, que cubre todo el cuerpo. En el manifiesto que escribió el terrorista, cuenta que durante 2017 viajó por Francia, España y Portugal. Al ver la inmigración musulmana en esos países decidió llevar adelante los ataques. Justamente lo cometió en Nueva Zelanda para demostrar que “ningún lugar es seguro ya que los invasores están en todas nuestras tierras”, incluso, en un Estado aislado geográficamente.

En Francia hubo atentados similares, cometidos por musulmanes. En la revista Charlie Hebdo fueron asesinadas doce personas en enero de 2015 tras haber publicado una caricatura satírica de Mahoma. En la noche del 13 de noviembre de ese mismo año murieron 137 personas y hubo casi más de 400 heridos en una ola de atentados terroristas, entre ellos el tiroteo del teatro Bataclan durante un concierto. Ese año, los ataques islamófobos se triplicaron en Francia. Una parte del movimiento de los Chalecos Amarillos que mantiene en vilo al gobierno de Macron presenta a su vez una fuerte dosis de islamofobia y antisemitismo. Las consignas de “Árabes fuera” y “Francia para los franceses” son cada vez más comunes. No es casualidad que el movimiento viene siendo capitalizado por la extrema derecha, que además hoy se muestra juvenil y revitalizada. Quien encabeza las listas del Frente Nacional para las elecciones parlamentarias de mayo tiene apenas 23 años.

Tarrant compró las armas que utilizó por internet. Jacinda Adern, ha respondido inmediatamente con medidas para restringir su tenencia. Mientras que en países como Brasil, esto se flexibiliza. La pasada semana, dos ex estudiantes ingresaron a su antigua escuela y asesinaron a 8 personas en Sao Paulo. Uno de los tiradores, de 17 años, era fanático de las armas y seguidor del presidente Jair Bolsonaro. El mandatario, promueve la tenencia de armas de fuego para “combatir a la delincuencia”. En países con una flexibilidad similar para la tenencia de armas como por ejemplo los Estados Unidos, donde, se han perpetrado 35 masacres en centros educativos entre 1999 y 2019. Si bien, esto es solo un síntoma de una enfermedad mucho más grande, en un contexto de extrema crispación social y culto a la violencia, el fácil acceso a las armas de fuego no contribuye a la paz.

Pocos días después de los atentados en Nueva Zelanda, un turco, asesinó a tres personas e hirió a otras cinco en un tranvía en la ciudad de Utrecht, Holanda. Aunque el hombre tenía antecedentes penales y no se conocen aún sus motivos, no se descarta la hipótesis del atentado terrorista. Cuando hechos como el de Nueva Zelanda suceden, suelen producirse reacciones. La mayoría de los asistentes a las mezquitas agredidas eran inmigrantes o refugiados de distintos países. Lo preocupante es que la espiral de odio no hace más que crecer. Lo alimentan las discusiones en foros de internet que intentan desenmascarar supuestas conspiraciones judías o musulmanas para destruir a los blancos. Tampoco suman las negaciones del holocausto o las reivindicaciones abiertas al nazismo. También lo hacen los discursos extremistas xenófobos de dirigentes ante miles de personas que los aplauden fervorosas. Como bien expresa Zygmunt Bauman en su libro “Extraños llamando a la puerta”: la política de construcción de muros es cortoplacista. Si no se construyen puentes, como dice cada vez que puede el papa Francisco, solo seguiremos convocando al odio.

 
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