Otro éxito de la anti política en Europa

Política internacional | Por Gonzalo Fiore

El pasado domingo se celebraron elecciones presidenciales de primera vuelta en Ucrania. Resultó ganador con el 30,30% de los votos Volodymyr Zelenskiy, un ex comediante sin experiencia política previa que derrotó no sólo al actual presidente Petro Poroshenko sino también a la ex primera ministra del país, Yulia Tymoshenko. El mandatario se ubicó segundo con poco más del 16% en los comicios, lo que lo deja en una posición ambigua de cara a la segunda vuelta. Si bien la derrota fue dura, ya que se encuentra en ejercicio de sus funciones, el aparato estatal puede permitirle a Poroshenko dar vuelta los resultados. No obstante, la victoria de Zelenskiy, apoyado además por sectores de la extrema derecha, cada vez más fuertes en Ucrania y el resto de Europa del Este, es otro cachetazo a la política partidaria tradicional, en crisis en todo el mundo.

Los grupos de extrema derecha, ultra nacionalistas e incluso, neonazis, existen desde hace tiempo en Ucrania. Sin embargo, adquirieron más visibilidad tras la crisis con Rusia sobre la península de Crimea. Si bien aún no se han logrado organizar de la misma manera que sus pares húngaros o polacos, tienen cierta capacidad de movilización para nada desdeñable que se vio en los días previos al día del sufragio. Aprovechado el desencanto general de gran parte de los ucranianos con los políticos tradicionales y lo que ellos ven como un accionar pasivo respecto de la crisis de Crimea, han logrado captar cada vez más seguidores en los últimos años. La mayoría de ellos, al igual que en otros países de Europa, jóvenes de entre 18 y 30 años. Por ahora, ese descontento con la política la ha logrado capitalizar, al igual que en otros países, un outsider que se muestra como la “anti política”.

Los grupos extremistas protagonizaron las protestas de 2014 contra el ex presidente Viktor Yanukovich. De tendencia pro rusa, el mandatario se vio obligado a renunciar tras largas semanas de movilizaciones y protestas violentas. También rechazan el gobierno de Poroshenko, acusándolo de diversos hechos de corrupción e incluso han interrumpido en numerosas oportunidades sus mítines públicos. Entre otros actos, estas facciones, algunas –incluso- de tendencia paramilitar y fuertemente armadas, han atacado a miembros de las comunidades LGBTIQ+, en una sociedad extremadamente homofóbica como lo es la ucraniana en particular y Europa del Este en general. Estos partidos no están ilegalizados ni son reprimidos por el aparato estatal. Svodoba, también conocido como el Partido Social-Nacional de Ucrania, no solo pudo registrarse como observador oficial en los últimos comicios sino que también llegaron distintos cargos en el gobierno como la vicepresidencia y el Ministerio de Defensa entre febrero y noviembre de 2014.

Partidos de extrema derecha como el Corpus Nacional, Svodoba o Pravy Sektor no obtienen mucho más que el 5% de los votos históricamente. De todas maneras, han crecido hasta el punto de convertirse en fuertes factores de presión e influir en los partidos políticos a través del control de la calle. Además de su odio visceral a las minorías y su fuerte nacionalismo, los une su sentimiento anti ruso. Entre sus reclamos se ubican la nacionalización de todas las empresas industriales del país y la ruptura de relaciones diplomáticas con Rusia. La plataforma de quien probablemente sea el próximo mandatario del país es bastante vaga. Aún no se sabe que piensa exactamente sobre la mayoría de los temas que preocupan a los ucranianos, algo común a este tipo de candidatos ajenos a la política tradicional. El peso de su figura, su fama como comediante y su promesa de “combatir la corrupción” parece alcanzarle por ahora para convertirse en presidente.

Lo que pueda suceder en Ucrania es importante debido a la crisis que vive la región desde que Rusia retomara control sobre la península de Crimea. Hay que recordar que la región fue un Estado independiente entre 1921 y 1945, para luego convertirse en un óblast (Estado soviético subnacional dependiente de otro) perteneciente primero a la URSS y cedido en 1954 a Ucrania por Nikita Jrushchov. Tras la caída de la Unión Soviética se convirtió en la República Autónoma de Crimea, encontrándose la ciudad de Sebastopol dentro de Ucrania. La península fue anexada por la Federación Rusa tras la crisis de 2014 como dos sujetos federales distintos. Tras conocerse los resultados electorales, una de las primeras declaraciones por parte del Kremlin fue reiterarle a Zelenskyi que la cuestión “está cerrada definitivamente”.

Las fuerzas de extrema derecha apoyaron la llegada al poder de Poroshenko tras las protestas de 2014. Sin embargo, empezaron a enfrentarlo tras ver que no se cumplía la agenda propuesta por ellos. Un punto de inflexión fue un video donde se mostraba cómo el hijo de uno de los hombres clave del gobierno, el vicesecretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional Ihor Hdladkovskyy, traficaba partes militares a Rusia de manera clandestina. Si bien el presidente expulsó a Hdladkovskyy, la confianza nunca fue restaurada. Aunque todavía los resultados no están cerrados, todo parece indicar que se viene un nuevo gobierno en Ucrania. Queda por verse cuál será la actitud del nuevo mandatario respecto de sus vecinos rusos. Y cómo logrará mantener el delicado equilibrio social del país, con la extrema derecha acechando, cada día más fuerte, y con un contexto regional e internacional que alienta sus posibilidades de influir cada vez más en la vida política ucraniana.

 
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