Francisco contra Salvini y la ultraderecha

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

En las jornadas previas a las elecciones parlamentarias europeas, el papa Francisco volvió a estar, literalmente, en las primeras planas de la política italiana: fue portada de la revista L’Espresso. Ataviado con la máscara del Zorro, se lo presenta como un férreo opositor a las medidas que viene llevando adelante Matteo Salvini. Francisco no necesita oponerse explícitamente a las políticas del líder de La Lega, sus posturas públicas acerca de cuestiones particularmente sensibles como la inmigración o el cuidado del ambiente, no podrían ser más diferentes. Mientras Francisco repite a quien quiera escucharlo la necesidad de construir puentes, Salvini habla de la necesidad de bloquear la entrada de los inmigrantes. Al mismo tiempo que Francisco explica cómo no debe llevarse adelante una política a partir del odio y la exclusión, el italiano prefiere revalorizar su capital político a partir de su fuerte postura anti inmigratoria, y contraria a las minorías de toda clase.

Algo que parece haber caído especialmente mal en el seno de la iglesia fue que en algunos mítines de campaña, el dirigente sacó un rosario para rezar contra Francisco. A nadie se le escapa la relación de La Lega con The Movement. El “movimiento” de extrema derecha con sede en Bruselas que pretende nuclear a todos los denominados “populistas” europeos dirigido por el ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon. El estadounidense, tiene en el hijo de Jair Bolsonaro, el diputado Eduardo, a un representante de su movimiento en América latina. Salvini, que se auto define como católico, ha comenzado a tejer sus redes con los sectores más reaccionarios de la curia. Con quien también se suele relacionar al vicepresidente del Consejo de Ministros italiano es con el cardenal norteamericano Raymond Leo Burke. Nacido en Wisconsin, se lo considera representante del sector más reaccionario de la iglesia católica, duramente enfrentado a Francisco. Bannon le aconsejó al hombre fuerte del gobierno italiano que critique al Sumo Pontífice. Según las palabras del gurú de la ultraderecha internacional, Francisco “es el enemigo”.

Durante el mes de mayo se produjo un duro cruce entre Salvini y el cardenal polaco Konrad Krajevski. El clérigo es limosnero pontificio, un hombre cercano al papa. El sábado 11 de mayo, Krajevski bajó por una alcantarilla para reactivar la electricidad en un edificio que se encontraba ocupado por 500 personas y estaban sin luz eléctrica hacía seis días por falta de pago. Salvini, vía redes sociales, criticó la actitud del cardenal y le ordenó pagar las facturas atrasadas. En tono jocoso, el polaco le respondió que también iba a pagarle las suyas si era necesario. El hombre cercano a Francisco dijo que actuó “de acuerdo al Evangelio” y por “motivos de humanidad”. La respuesta de los simpatizantes salvinistas, integrantes de un grupo neofascista, Fuorza Nuova, no se hizo esperar. En el Angelus del día siguiente, apareció un cartel en el Vaticano que decía “Bergoglio como Badoglio, stop inmigración”. La referencia no es gratuita: Pietro Bedoglio fue un General que sucedió en 1943 a Benito Mussolini y sacó a Italia de la Segunda Guerra Mundial. Es considerado un traidor por los fascistas. Pocos días después, durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro, Francisco subió a ocho niños refugiados al Papamóvil.

Algunos sacerdotes cercanos a Francisco, incluso, llegaron a decir que no se puede ser cristiano al mismo tiempo que votar por La Lega. Esto, en un país como Italia, donde el 89,9% de la población se declara católica y el 36,8% se identifica como practicante, no es un dato menor. No se recuerda en la historia reciente una pelea tan marcada entre la iglesia católica y un gobierno italiano. El editor de L’Espresso, Marco Damilano, escribió en la edición que lleva a Francisco en la tapa que: “Hoy es el papa Francisco quien interpreta esa cultura europea que otros no logran más defender. Es el punto de referencia de otra parte de Italia y de Europa: esa que no solo recibe y socorre a los solicitantes de asilo y a los inmigrantes, sino también a las periferias y a los barrios abandonados, a los enfermos y a los discapacitados dejados atrás por el welfare”. Mientras que algunos dicen “defender a Europa” del “avance inmigratorio”, dejan de lado la tradición de la ayuda humanitaria de la que los mismos europeos se beneficiaron durante el Siglo XX. Dejar afuera seres humanos de manera intencionada, solo logra una marginación que tiene como consecuencia el daño mismo de las naciones que lo llevan a cabo.

Durante 2018, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el número de migrantes muertos en el Mediterráneo fue superior a los 2.000. Salvini, incluso, llegó a ser denunciado en varias ocasiones por privación ilegitima de la libertad, ya que le negó a los embarcados la posibilidad de desembarcar en las costas italianas. En un acto de campaña, frente a la iglesia más importante de Milán, el líder de ultraderecha se jactó de haber reducido el número de muertos en el Mediterráneo “como quiere el papa Francisco”. Cuando nombró al Pontífice, se escucharon abucheos de los militantes. Acto seguido, se nombró a si mismo defensor de los valores cristianos, hecho que le valió el repudio de gran parte de los católicos. Nada parece indicar que Francisco deje de cuestionar duramente las políticas de Salvini en el futuro. Sobre todo, por lo que figuras como el italiano, Burke o Bannon representan no solo para Europa sino también para todo el mundo. Un planeta que está ávido de puentes, y no de muros.

 
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