UE-Mercosur: mismos ganadores y perdedores

Análisis Internacional | Mondo Cane por Gonzalo Fiore

Tras veinte años de negociaciones, finalmente se anunció el tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Se trata del mayor acuerdo comercial de la historia de la UE. Todavía restan las ratificaciones de los países miembros y del Parlamento europeo. Emmanuel Macron, debido a la situación política interna que vive en Francia parece ser uno de los más reacios. Sin embargo, el empuje de los gobiernos de España y Alemania alcanzó para el cierre del acuerdo. En el marco de la cumbre del G20 en Kyoto, tanto Mauricio Macri como Jair Bolsonaro lo mostraron como un éxito descomunal. Lo cierto es que la situación de ambos es delicada. El brasileño enfrenta el peor índice de popularidad de un presidente en su primer año de mandato desde el retorno de la democracia en 1985. Mientras que el argentino se las tendrá que ver este año con unos comicios polarizados y con resultado incierto. En el contexto del auge de las políticas intervencionistas y la guerra comercial entre China y Estados Unidos, los líderes de la Unión Europea pretenden erigirse como los abanderados del libre comercio.

Las críticas, tanto desde el Mercosur como por parte de distintos sectores de los Estados miembros de la UE no se hicieron esperar. Unos setenta eurodiputados piden que se frene el acuerdo, mientras que las organizaciones sociales, y especialmente las organizaciones que nuclean al sector agropecuario, se han mostrado descontentos. Países como Irlanda o Francia se verían afectados de una manera considerablemente mayor a la de Alemania u Holanda, quienes cuentan con una economía mucho más industrializada y menos dependiente de los productos primarios. Italia, una de las diez economías más industrializadas del mundo, se encuentra dividida dentro de su propio frente interno, no sólo respecto del acuerdo con el Mercosur sino también a propósito de la relación con China. Mientras que el presidente Giuseppe Conte junto al Movimento Cincue Stelle respaldó a comienzos de este año la nueva Ruta de la Seda impulsada por China, sus socios, La Lega de Matteo Salvini, se muestran preocupados por la creciente influencia del gigante asiático en la economía internacional.

Uno de los principales escollos del acuerdo era la oposición de los pequeños productores rurales franceses. En su última novela, Serotonina, el escritor Michel Houellebecq imagina un futuro cercano en que los productores agropecuarios de su país están destruidos a causa de la entrada masiva de productos argentinos tras el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. La extrema derecha de la Agrupación Nacional, liderada por Marine Le Pen, ha prometido “defender” a los ruralistas, que están en pie de guerra contra el acuerdo. El mayor beneficio para los países del Mercosur, especialmente Argentina, será la posibilidad de colocar grandes cantidades de productos primarios en el mercado europeo. La contracara de esto es que, a no ser que se tomen medidas preventivas, las industrias nacionales podrían verse gravemente afectadas por el ingreso indiscriminado de productos europeos a mejor precio.

En lo estrictamente comercial, las empresas europeas podrán eliminar aproximadamente 4.000 millones de aranceles, especialmente concentrados en las industrias automotrices, químicas o farmacéuticas. El total de las exportaciones e importaciones entre los bloques del Mercosur y la UE llegó a estar cerca de los 100.000 millones de dólares en 2018. Esto podría incrementarse de manera considerable a partir del nuevo acuerdo. El sector automotor argentino contará con un plazo de gracia de siete años, tras lo cual comenzará un proceso de desgravación de aranceles que durará otros ocho años hasta llegar al 0%. La UE hará lo propio sólo con el 17,7% de los productos agrícolas. El sector vitivinícola argentino se mostró especialmente preocupado debido a que en el acuerdo se establece una libre circulación de vinos, de la UE hacía el Mercosur y viceversa. Se le haría muy difícil al rubro local competir con la poderosa industria francesa. Por supuesto, el empujón más grande sería para el campo argentino. Especialmente para los productores de carne bovina y para los grandes pooles de siembra. Pero también para los productores medianos de la pampa húmeda.

Si bien en el mundo de hoy, es prácticamente imposible desarrollarse de manera aislada, los tratados de libre comercio siempre tienen ganadores y perdedores. Quienes se llevan la peor parte son los países menos desarrollados. En el comunicado de prensa de la UE posterior al acuerdo, las autoridades aseguran que sólo “se abrirán a productos agrícolas provenientes del Mercosur con cupos cuidadosamente manejados”. Cerca del 50% de las exportaciones del bloque responden a productos primarios. Mientras que apenas el 5% de las ventas europeas tienen que ver con ese sector. Todavía, además de la ratificación de los miembros de la UE, se necesita que el acuerdo sea refrendado por los Congresos de los países del Mercosur. De ser así, Argentina deberá seguir contentándose con ocupar el rol de mero productor de materias primas para los países desarrollados. Al mismo tiempo que la industria nacional seguirá perdiendo empuje, socavando de esta manera cualquier posibilidad de desarrollo nacional futuro con empleo genuino. Será muy difícil para el Mercosur competir comercialmente con una economía fuertemente subsidiada como la europea. México, que celebró un tratado de libre comercio en 2000 con la UE, actualmente tiene 17.976 millones de dólares de déficit comercial. El déficit de Chile, a su vez, alcanzó los 6,676 millones tras el TLC de 2005. El acuerdo tiene la potencialidad de transformar de manera estructural las economías tanto de la UE como del Mercosur. Sin embargo, todo indica que los ganadores y los perdedores serán los mismos de siempre.

 
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