Crisis existencial en la izquierda española

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Casi tres meses después de las elecciones parlamentarias españolas, la Moncloa sigue sin tener nuevo gobierno. La crisis de la izquierda española, visible en los enfrentamientos cada vez más abiertos entre Podemos y el Partido Socialista Obrero Español (Psoe) de Pedro Sánchez, hacen peligrar la conformación del ejecutivo y no se descarta la celebración de nuevas elecciones en noviembre en caso de no lograrse. Tras fracasar la primera sesión de investidura, y poco antes de la segunda, Podemos se abstuvo, impidiendo así la asunción del presidente socialista. La fecha límite para el nuevo gobierno es el 23 de septiembre, si para entonces no se logra la recomposición de relaciones entre ambas formaciones políticas, el Rey debe disolver las cortes y convocar a nuevas elecciones para el 10 de noviembre. Mientras los nuevos partidos de derecha como Ciudadanos y Vox caen en las encuestas, el tradicional Partido Popular (PP), aprovechando la incertidumbre, continua recuperando su caudal electoral histórico.

La novela que vive la izquierda española tras el triunfo del Psoe en las elecciones de abril pasado no parece con visos de terminarse en el corto plazo. Unidos Podemos había alcanzado el cuarto lugar con poco menos del 12% de los votos, pero se había convertido en un actor clave de cara a un futuro gobierno. En el búnker del histórico Psoe, los militantes coreaban “con Rivera no”, en alusión al líder de Ciudadanos, que obtuvo el tercer lugar. Por lo que la única alianza posible que le quedaba al presidente era con los de Pablo Iglesias. Sin embargo, parece que las exigencias de este han sido demasiadas para lo que Sánchez es capaz de tolerar en el marco de una convivencia que parecía extremadamente frágil desde el vamos.

Ante esta situación, ya empieza el conflicto para disputarse el liderazgo de la derecha. En las últimas elecciones, entre el PP, Ciudadanos y la ultraderecha de Vox, que por primera vez ingresó al Parlamento, bordearon el 40%. La figura de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, se viene erigiendo desde hace años como la supuesta renovación de la España conservadora. No obstante, a pesar de su impronta joven y carismática, no logró superar a un golpeado PP en las últimas elecciones. Su corrimiento de una centroderecha liberal hacia posiciones más extremas terminó provocando un profundo rechazo en el grueso de la militancia del Psoe, aunque no tanto en muchos de sus dirigentes. Con el fracaso de la coalición con Podemos, ahora el gobierno busca en Rivera un hombre con quien dialogar para lograr la investidura.

El egoísmo político de Sánchez, quien prefirió buscar un gobierno “puro” en vez de arreglar una coalición amplia con el resto de la izquierda, está pasándole factura al partido gobernante. En los momentos posteriores al fracaso de la investidura, declaró que Iglesias “parte de un error de principio, ya que no puede haber dos gobiernos en uno”. Si bien, dijo al mismo tiempo que “no hay que tirar la toalla”, parece que la intención de Iglesias de conformar el gabinete de manera conjunta y de participar en el programa de gobierno, no es posible. El presidente intentará apoyarse en independientes progresistas como Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid hasta junio pasado. Llamó a los partidos de derecha a “destrabar” esta situación, permitiendo su investidura. Confía que, en caso de producirse una nueva elección en noviembre, podría volver a ganarla. Se refirió a la “falta de experiencia de gestión de Podemos”, asegurando que Iglesias llevó al joven partido a una situación “sin salida”.

No es nueva la crisis de identidad que atraviesa el partido surgido en 2014 tras las protestas de los indignados. Iñigo Errejón se alejó a comienzos de este año. El politólogo parece decidido a saltar a la arena política nacional con su partido propio, hasta ahora local, Más Madrid. Aprovechando la situación de incertidumbre que vive la izquierda española, Errejón pretende convertir a su partido en una formación política “transversal” que compita electoralmente con Podemos pero también con Ciudadanos y el Psoe. La salida del joven politólogo ha terminado de diluir lo que quedaba de Podemos como oferta electoral con posibilidades reales de alcanzar el gobierno por sí mismo. Iglesias ha desperdiciado la oportunidad de revitalizar su partido acompañando un probable ejecutivo del Psoe con un Sánchez que mantiene una muy buena imagen pública. La idea de Errejón es hilvanar un discurso que tenga como eje principal a “los de abajo”, pero también con un pie puesto en el discurso de orden y respeto a las instituciones similar al de Ciudadanos.

Cuando a principios de los noventa le preguntaron al histórico dirigente demócrata cristiano italiano Giulio Andreotti, sobre qué opinaba respecto de la política española de la época, había respondido “manca finezza”, es decir, falta finura. Todo indica que la frase de Il Divo aplica tanto a Sánchez como a Iglesias. Su falta de muñeca política puede llegar a desembocar en nuevas elecciones, donde la victoria de un revitalizado PP está lejos de ser un escenario improbable. La confianza de los españoles en la política todavía no parece haberse recuperado de la moción de censura contra Mariano Rajoy. Ni el Psoe ni Podemos, que en algún momento supo constituirse como una alternativa esperanzadora de cara a la anquilosada casta tradicional, están dando las respuestas necesarias. Sánchez expresó estos días que Rivera vive una “crisis existencial”, sin embargo, quien parece atravesar esta crisis es tanto su propio gobierno como toda la izquierda española.

 
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