Putin: una audaz jugada de ajedrez

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Tras la renuncia del primer ministro de Rusia Dimitri Medvedev y todo su gabinete, Vladimir Putin avanza para reformar la Constitución del país y dejar todo listo para su probable salida del poder en 2024. Según sus críticos, las reformas que impulsa a la Carta Magna tienen como objetivo seguir influyendo en las decisiones más importantes de la política rusa una vez que deje su cargo de presidente. Por lo pronto, el cambio más importante que propone Putin es que el Consejo de Estado sea quien lleve adelante la agenda de la política tanto externa como interna rusa. Además, la reforma reforzaría la influencia de la Cámara baja de la Duma, el parlamento ruso, que tendrá la capacidad de nombrar al primer ministro y a los miembros del gobierno sin que el presidente pueda rechazar las designaciones. A su vez, se limitan los mandatos presidenciales a simplemente dos. Actualmente, son “dos consecutivos”, por lo qué un mandatario puede esperar un mandato para regresar al Ejecutivo, tal y como hizo el propio Putin alternando el cargo con su delfín Medvedev.

El nuevo primer ministro será Mijaíl Mishustin, un hombre con un nivel de conocimiento muy bajo entre los rusos. El designado por Putin es un tecnócrata sin ambiciones políticas conocidas, presidente hasta ahora del Servicio Federal de Impuestos. Será importante a la hora de llevar otra de las reformas que pretende imponer Putin con la nueva Constitución: garantizar un salario mínimo que equivalga al costo medio de la vida en Rusia. Sucede que los salarios rusos se han desplomado en los últimos años, lo que le ha costado una gran caída en la popularidad del presidente. Por lo pronto, la reforma costará nada más y nada menos que unos 500.000 millones de rublos anuales. Es decir, unos 7.300 millones de euros, siendo la política social más costosa de los años de Vladimir Putin en el poder. Otro de los objetivos es el de elevar la tasa de natalidad, de 1,5 hijos por mujer actualmente, a 1,7 para 2024.

En su diario íntimo, antes de entregarle el mando a Putin, el entonces presidente Boris Yeltsin escribió: “Supongo que el régimen soviético heredó la incapacidad de traspasar el poder sin dolor”. Se refería al carácter vitalicio de los cargos tanto en la época del zarismo como de los tiempos soviéticos. Yeltsin rompió con esto, aunque luego comenzó un período de ya dos décadas que tuvieron a Putin como prácticamente un zar. Uno de los grandes legados del presidente podría ser reformar esta tradición de dirigentes aferrados al cargo hasta sus últimos momentos.

La última Constitución de Rusia data de 1993, dos años después de la disolución oficial de la Unión Soviética. Por ello, la movida de Putin es una jugada sin precedentes en la política rusa moderna. Con la nueva Carta Magna, entre otras cosas, se busca reforzar la soberanía del país. Fuerte crítico del globalismo, y considerado por algunos como el ideólogo de la ultra derecha populista europea, Putin prefiere no someterse al control de agentes externos al gobierno ruso. En esa línea, una de las reformas más importantes es que el país podrá no ejecutar las decisiones de organismos internacionales que contradigan a la Constitución de Rusia. Esto es un duro golpe para quienes reclaman por violaciones a los derechos humanos en tribunales internacionales. Al mismo tiempo que aumenta la soberanía del país frente a sentencias de dichos organismos.
Putin ha declarado recientemente la necesidad de asegurar la “transferencia de poder en Rusia”. Recordó tiempos de la Unión Soviética, cuando durante los años ochenta la media de edad de los dirigentes del Partido Comunista superaba los setenta años. Esto llevó a una situación de parálisis que terminó con la desintegración de la misma URSS. En ese aspecto, el mandatario, de 67 años, aseguró no querer perpetuarse en la presidencia. Aunque la oposición asegura que debido al nuevo poder que tendrá el parlamento, podrá ser nombrado como primer ministro a partir de sus diputados o incluso de influir desde afuera del gobierno. Por ahora, lo cierto es que el presidente aún no ha dado ningún adelanto sobre cuáles son sus planes luego de la finalización de su mandato. Mientras que tampoco nombró en alguna oportunidad a ningún probable sucesor.

El desgaste de Vladimir Putin, desde que asumiera el poder en 1999, ha sido grande. Si bien sigue siendo el hombre más poderoso e indiscutible del país, su popularidad se encuentra en un mínimo histórico. Hay quien cree que su salida del poder cuasi absoluto que detenta en Rusia desde hace más de veinte años tiene ya una fecha puesta. Sin embargo, con un hombre como Putin, que ha logrado volver a los primeros planos cada vez que parecía que se encontraba frente a situaciones difíciles o jaqueado por la oposición, nunca hay que descartar nada. Un movimiento tan audaz como la renuncia de todo el gobierno y la convocatoria a una nueva reforma constitucional han sorprendido a la oposición. Quizás, un mandatario de su estatura política aún tiene varios ases más bajo la manga. Un buen jugador de ajedrez, deporte tan valorado para los rusos, siempre sabe adelantarse a las jugadas. Putin ha demostrado una y otra vez que él es capaz de hacerlo.

 
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