A horas del divorcio

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Contra muchos pronósticos, finalmente, tras cuatro años de idas y vueltas, este viernes a la medianoche se concretará la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Habrán pasado 1317 días desde que ganará la opción “leave” por el 52% en un referendum convocado por el entonces primer ministro conservador David Cameron. Poco tiempo después, el Brexit se cobró la propia cabeza de Cameron, y en los años siguientes haría lo mismo no sólo con su sucesora Theresa May, sino también con líderes opositores como el laborista Jeremy Corbyn. Boris Johnson terminó siendo el gran favorecido de la contienda, emergiendo en las elecciones de diciembre pasado como el primer ministro británico con más votos desde Margaret Thatcher en los comicios posteriores a la guerra de Malvinas. Esto le dio a Johnson el poder para lograr la aprobación en el Parlamento de su propuesta por el Brexit en los primeros días de enero. Luego, fue refrendado por el Parlamento europeo el 29 de enero. Esto ya había sido prorrogado por el Consejo Europeo en tres oportunidades. El 29 de marzo, el 12 de abril y el 31 de octubre de 2019, fueron los aplazos anteriores.

El estilo autoritario y populista de extrema derecha del que hace gala Johnson se ve en cada paso que toma. Recientemente llegó incluso a asegurar que una vez logre el Brexit, “primero hay que debilitar a la BBC y luego liquidarla”. La agencia de noticias pública británica es reconocida en todo el mundo por la calidad de sus trabajos de ficción pero especialmente por su manera sobria de presentar las noticias tanto en radio como en televisión. De acuerdo a Johnson, “no representa la voz mayoritaria de los ingleses”. En lugar de la tradicional agencia, el primer ministro propuso reemplazarla por algo más similar “a la Fox estadounidense”. El canal de noticias preferido de Donald Trump, históricamente alineado con los intereses de la línea más conservadora del Partido Republicano. La BBC, fundada en 1922, opera desde 1927 bajo total independencia política, garantizada por una carta real. Esto no parece agradarle en demasía a Johnson, quien la considera como una corporación mediática opositora a su gobierno. De hecho, les prohibió a todos sus funcionarios asistir a programas de la emisora.

Más allá de algunas similitudes, sin embargo, el líder británico ya demostró cierta independencia de Donald Trump. Autorizó un acuerdo con la telefónica china Huwaei, en medio de la guerra comercial y la disputa tecnológica de Estados Unidos con el gigante asiático a causa del control por el 5G. Si bien lo hizo “con restricciones”, el desembarco de Huwaei en territorio británico representa una gran muestra de independencia al mismo tiempo que un desafío casi directo a Trump. El mismo Mike Pompeo, en una visita a Londres la semana pasada, le aseguró a Johnson que se encontraba ante una decisión “trascendental” que incluso podría poner en riesgo las telecomunicaciones entre su país y Gran Bretaña. Estados Unidos acusa a Huawei de espiar a través de sus equipos a ciudadanos y empresas norteamericanas en todo el mundo. Aunque jamás se aportaron pruebas para respaldar las acusaciones de fraude bancario y espionaje internacional realizadas por la Administración Trump. Con esta decisión, Johnson demostraría no creer en las acusaciones, ya que, si bien con algunas restricciones, le permite a la empresa operar en el Reino Unido.

El actual primer ministro ya ha demostrado con muchas de sus acciones que es un factor disruptivo en la política británica. Ajeno a todo tipo de tradiciones y dueño de un estilo que dista mucho de la mesura y elegancia de muchos de sus predecesores. A pesar de esto, o quizás a partir de sus modos particulares, Johnson goza de una popularidad inusitada, especialmente en Inglaterra. En diciembre arrasó incluso en bastiones que pertenecieron durante décadas al laborismo, como la región del norte inglés. Una zona industrial, allí los laboristas obtuvieron su peor resultado desde 1935. La mayoría de la empobrecida clase obrera británica ha expresado su intención de apoyar el Brexit sin miramientos. El Brexit, como parte de una disputa mayor que comprende al globalismo contra el anti globalismo, ha significado un parte aguas absoluto dentro de la política británica. Convirtiéndose en el punto central a partir del cual se decantan la mayoría de los votantes.

Johnson siempre fue uno de los impulsores de la opción Vote Leave en el referendum. Por lo que su llegada al Número 10 de Downing Street en julio pasado, sumado a su victoria electoral de diciembre, significó que el Brexit se produciría con o sin acuerdo. Dejando así, en una encerrona a los dirigentes de la Unión Europea que todavía pretendían evitarlo de alguna manera. Ahora se abre un complejo período de transición hasta el 31 de diciembre, que puede ser prorrogado por el Reino Unido hasta por dos años. Johnson pretende imponer un sistema económico con impuestos bajos, incentivos a la inversión extranjera y flexibilización laboral. Esto chocaba con las normas de la UE, obstáculo que ya no tendrá. Tras varias idas y vueltas, la dirigencia europeísta ya se muestra resignada, esperando mantener la mejor relación posible con su ex integrante. Aunque ya han aclarado que celebrar un acuerdo de libre comercio en un año, como pretende el británico, es imposible. Por lo pronto, el divorcio ya es un hecho. Estará por verse cuáles son los pasos a seguir una vez se concrete definitivamente.

 
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