AMLO y un México que arde

Por Gonzalo Fiore Viani

En medio de la ola de feminicidios que sufre México, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha asegurado que ya ha comenzado a tomar las medidas necesarias para revertir este escenario. Sin embargo, los colectivos feministas no se muestran convencidos. Recientemente les pidió que protesten “pacíficamente”, pero que “por favor no pinten puertas ni paredes”. Las protestas estallaron tras el asesinato de una menor de siete años, cuyo cuerpo fue encontrado en una bolsa de basura en el sur de la Ciudad de México. A eso se le sumó el de una joven, de 25 años, asesinada por su esposo el domingo pasado. Según los dichos del mandatario, este tipo de hechos son utilizados para “generar campañas de difamación” por los medios opositores a su gobierno. Estas declaraciones cayeron muy mal en las manifestantes, que piden que el gobierno tome cartas en el asunto para terminar con los asesinatos de mujeres en México. Un país ya de por sí con índices extremadamente violentos, uno de los mayores desafíos del gobierno de MORENA es bajar los números de los crímenes producidos por el narcotráfico y por la violencia machista.

El 2019 fue registrado como el año más violento en la historia de México desde 1980, con 36.000 homicidios, de los cuales sólo 1 de cada 10 llega a juicio. Esto significa un incremento del 3% en comparación con 2018. La tasa actual de homicidios en México según el Banco Mundial es de 107 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Siendo, de esta manera, considerablemente superior a la de países más violentos del mundo, como El Salvador, que cuenta con 62. Al mismo tiempo que supera con creces al promedio mundial, que es de 6,2 asesinatos cada 100.000 personas. Esto se debe en gran parte al crecimiento descontrolado del crimen organizado y su respuesta desde el Estado, la “guerra contra el narcotráfico”, declarada por el ex presidente Vicente Fox. Si bien AMLO dijo en 2019 que la guerra había terminado y que su gobierno buscaría “la paz”, el índice de homicidios no bajó, tampoco lo hizo la cantidad de enfrentamientos armados entre el crimen organizado ligado al comercio de drogas ilegales y las fuerzas de seguridad estatales.

En particular, la tasa de feminicidios se incrementó un 17% entre 2018 y 2019. En el año que pasó se registraron 933 crímenes de este tipo, arrojando un promedio de diez mujeres asesinadas por día en México. A su vez, la cifra es igual o incluso más escalofriante si se habla de menores de edad: tan sólo en 2019 se registraron 2.720 menores como desaparecidos, de los cuáles poco menos de la mitad fueron encontrados. Esto se debe tanto a causas relacionadas con el crimen organizado, el narcotráfico, el machismo arraigado en amplios sectores del país, y las inequidades de la sociedad mexicana. El país, tiene, además, la peor brecha salarial de América latina entre hombres y mujeres. La diferencia es superior al 15%, esto significa que para que una mujer perciba los mismos ingresos por igual tarea que un hombre, debe trabajar por lo menos 35 días más por año. Un hombre gana aproximadamente 800 pesos mexicanos mensuales más que una mujer. A su vez, el índice de desocupación afecta el doble a mujeres que a hombres: de los 25,5 millones de mujeres en edad de trabajar, 4,6 millones se encuentran desempleadas, es decir, un 18%. Mientras que de los 36,2 millones de hombres en la misma situación, esa cifra es del 8%.

López Obrador declaró que las causas de la “descomposición social” por las cuáles se produce un aumento significativo en este tipo de crímenes hay que encontrarlas en el “fracaso del sistema neoliberal”. Si bien, muchos acusaron al presidente de no hacerse cargo del problema, no parece ir tan errado. La degradación del tejido social que producen las políticas de inequidad siempre provoca aumentos en la tasa de criminalidad, y no es casualidad que países desiguales, como México, también sean extremadamente violentos. El índice de Gini mexicano es de 48,7, superior a la media de América latina. Esto, sumado a las desigualdades de género, representa un caldo de cultivo para el machismo y la violencia. Ante las protestas callejeras, AMLO aseguró, que “fue mucha la descomposición que produjo el individualismo, el egoísmo, el predominio del material. Son crímenes que tienen que ver con odio, con problemas sociales, familiares, es una enfermedad social. No sólo se resuelve con policías, cárceles o mano dura”.

Más allá de las causas económicas, sociales y culturales que desembocan en el aumento de estos crímenes, la ausencia del Estado desempeña un papel fundamental. Es por esto que el gobierno ha sido criticado por carecer de herramientas útiles a la hora de prevenir los asesinatos causados por la violencia machista. Al mismo tiempo que aún no ha aportado soluciones concretas al problema de la brecha salarial entre hombres y mujeres. Por lo pronto, si bien ha habido una baja de su popularidad, el nivel de aceptación de López Obrador sigue siendo alto entre los mexicanos. Por ahora se encuentra lejos de la tan prometida “cuarta transformación”, los desafíos son inmensos, y las soluciones parecen no llegar nunca. Mientras tanto, las mujeres siguen siendo asesinadas, el crimen organizado continúa operando con más violencia que nunca, y México arde.

 
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