Bernie, ese maratonista desenfrenado

Mondo cane

Tras asegurarse una nueva victoria en el “caucus” de Nevada, Bernie Sanders se encamina a lograr la nominación del Partido Demócrata para convertirse en el rival de Trump en las próximas elecciones presidenciales de los Estados Unidos. Sus críticos le achacaban a Sanders ser un candidato únicamente atractivo para la juventud blanca de clase media. Las elecciones primarias de Nevada fueron particularmente importantes debido a que Sanders demostró tener inserción en el electorado latino, fuerte en el Estado. Su próximo desafío, en Carolina del Sur, de mayoría afroamericana, será fundamental para demostrar su fuerza también en el electorado negro.

La clave estará en las elecciones del próximo “supermartes” 3 de marzo, donde se votará en 14 Estados. Por ahora, todo indica que esta vez, sí: el senador de 78 años logrará quedarse con la candidatura presidencial de los Demócratas.

Mientras Bernie Sanders sustenta su apoyo en las bases del partido, en las juventudes desencantadas y en las pequeñas donaciones particulares, su contracara es Michael Bloomberg. El magnate, ex alcalde de Nueva York, decidió no competir en Nevada y guardar todos sus cartuchos para el “supermartes”. Con la esperanza de dar vuelta las primarias, invirtió 440 millones de dólares de su propia fortuna personal. Pero una remontada de Bloomberg suena, a estas alturas, poco probable… aunque no completamente imposible. Por ello nuevamente sobrevuelan los fantasmas de la campaña de 2016, cuando, según Sanders y sus seguidores, les “robaron” la nominación a favor de la candidata del establishment demócrata, Hillary Clinton. La ex candidata presidencial apoya ahora a Bloomberg, e incluso suena como una potencial compañera de fórmula. El candidato a vicepresidente será de vital importancia esta vez para cualquiera que resulte electo; no sólo por la edad de la mayoría de los candidatos, sino también debido a que éstos apelan a sectores puntuales del electorado.

Quien (por ahora) viene en el segundo lugar de los “caucus” es el ex alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg. El ex militar de 38 años, abiertamente gay, y de confesionalidad católica. Buttigieg, a pesar de ser atractivo para algunos sectores progresistas, tiene un discurso económico mucho más conservador que el de Sanders. Incluso criticó a su rival por considerar al capitalismo como “la raíz de todos los males”, asegurando que Sanders pretende “reorganizar la economía de una forma que la mayoría de los estadounidenses no apoyan”. El contraste de Pete, tanto con Trump como con Sanders, es su juventud. En caso de ser electo, sería el presidente más joven de la historia estadounidense. Admirador del papa Francisco, asegura que comprende la historia de la iglesia como “la voz de los oprimidos”. Todo indica que un candidato como Buttigieg podría agradar al establishment demócrata mucho más que Sanders, al mismo tiempo que su impronta podría apelar de manera más eficaz a las bases juveniles que Bloomberg, quien cuenta con 78 años y se convertiría, si acaso, en el presidente más viejo de la historia de Estados Unidos si tomara posesión del cargo.

No deja de ser curiosa la amplitud ideológica del Partido Demócrata, que es capaz de albergar en sus internas a candidatos tan disimiles entre sí como Bernie Sanders, Michael Bloomberg, Pete Buttigieg o Elizabeth Warren. Estas diferencias internas pueden llegar a ser perjudiciales, tanto para Sanders como para cualquiera que se haga con la nominación, debido a la sangría que puede provocar puertas adentro. Algo así sucedió en 2016, cuando los partidarios del senador de Vermont no acudieron en masa a apoyar a Hillary Clinton en las elecciones generales. Las heridas sobre lo que el ala más progresista del Partido aún considera una elección fraudulenta, siguen abiertas. Trump aprovechó para ironizar sobre esto, felicitando a Sanders por Twitter al mismo tiempo que pidiéndole que “no se deje robar esta vez”. Ya han aparecido encuestas que muestran a Sanders con posibilidades reales de arrebatarle a Trump la presidencia. Aunque primero, debe hacerse con la nominación de su propio partido, que todavía lo mira con desconfianza.

Así como a Trump se lo ha comparado con George Wallace, el histórico gobernador populista de Alabama durante los 60 y 70, muchos han querido trazar paralelismos entre Sanders y George McGovern. Quien fuera el candidato del Partido Demócrata en 1972, perdiendo contra Richard Nixon, cosechó la peor elección de la historia del partido. Supuestamente, debido a enarbolar un discurso extremadamente radical y de izquierda, cercano a la juventud politizada de aquellos años. Pero personajes como Wallace o McGovern no lograron grandes resultados en sus propias carreras a la presidencia. Sin embargo, los tiempos han cambiado; la elección de Trump en 2016 sorprendió a gran parte de los analistas debido a lo poco verosímil que resultaba un presidente con su estilo y discurso para los Estados Unidos.

Hoy, es difícil ver cómo alguien con el discurso de Bernie Sanders puede llegar a ocupar el cargo más importante de su país. No obstante, en tiempos de excepcionalidades políticas sin precedentes, quizás, esta podría convertirse en una más.

 
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