El oso ruso, con Covid

Por Gonzalo Fiore

Mientras el mundo se enfrenta al coronavirus, y todos los focos se encuentran sobre dirigentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, que siguen negando la amenaza de la pandemia, Rusia se ha convertido, casi silenciosamente, en el segundo país con más casos del globo, sólo detrás de los Estados Unidos. Si bien, durante las primeras semanas, el presidente Vladimir Putin aseguró que no había ningún crecimiento en el número de contagiados en el país, la situación cambió durante el transcurso de los últimos días. La comunidad internacional veía con desconfianza las cifras de prácticamente cero casos que el Kremlin mostraba en los albores de la pandemia. Aunque las cifras se incrementan diariamente de manera exponencial, Rusia ya tiene más de 232.000 contagiados. Uno de los datos más preocupantes es el que da cuenta que en los últimos diez días, la cifra de infectados no bajó nunca de los 10.000 casos diarios. No obstante, el número de muertos es de apenas unos 2.100, según lo comunicado por el gobierno. Esta cifra es considerablemente menor a la notificada por otros países.

Inclusive algunas figuras centrales del Ejecutivo de Vladimir Putin informaron públicamente que se contagiaron. Entre ellos, el primer ministro Mijail Mishustin, quien asumió a comienzos de este año tras la renuncia de Dimitri Medvedev. En los últimos días se sumó también el portavoz del presidente, Dimitri Peskov, que se encuentra hospitalizado. A su vez, fueron diagnosticados la ministra de Cultura, Olga Lyubimova, el ministro de Obras Públicas, Vladimir Yakushev, y uno de sus asesores. Debido a esta situación crítica de contagios dentro del mismo gabinete, Putin se encuentra en su residencia fuera de Moscú. Según las informaciones oficiales se encuentra bien de salud y trabajando desde allí, evitando al máximo cualquier tipo de contacto con personas ajenas a su entorno más íntimo. La situación en el país es tan grave que Putin incluso se vio obligado a suspender el desfile por el Día de la Victoria, el pasado 9 de mayo. Rusia celebra en esa fecha el final de la Gran Guerra Patria, o la Segunda Guerra Mundial, donde el Ejército Rojo derrotó a los nazis.

A pesar de lo preocupante de las cifras, el Kremlin continúa adelante con su plan de descongelamiento de la cuarentena que comenzó el 12 de mayo. A partir de esa fecha se dio por finalizado el período de días no laborales que había otorgado el gobierno hace un mes. Volvieron los rubros de la construcción, y las fábricas, aunque se dieron indicaciones a las distintas regiones que establezcan las restricciones que consideren necesarias según la situación particular del lugar. En el caso de Moscú, centro de la pandemia en el país, la cuarentena estricta se mantendrá, como mínimo, hasta el último día del mes de mayo. Los moscovitas solo pueden salir de sus casas en caso que tengan permiso para trabajar o para hacer compras en el supermercado.

Lo cierto es que, siempre según los datos oficiales, la mortalidad es 7,6 veces menor a la del resto del mundo. Mientras que España, con 228.000 casos, tiene casi 27.000 muertos, y el Reino Unido, con 223.000, cuenta con más de 32.000. Para la oposición a Putin, las cifras tanto de contagios como de muertes se encuentran manipuladas. Mientras que el Kremlin afirma que la baja tasa de mortalidad del virus en territorio ruso se debe a que el gobierno testea de manera masiva y en mayor medida que otros países. Sin embargo, de acuerdo a lo que denuncian dirigentes opositores o asociaciones médicas críticas, el Estado no contaría de manera correcta todas las muertes producidas por el nuevo coronavirus para ocultar las deficiencias del sistema sanitario. En Rusia sólo reciben tratamiento hospitalario los casos más graves, por lo que la internación del portavoz del Kremlin suscitó preocupaciones en el entorno del presidente. Desde que comenzó la pandemia, Putin redujo al mínimo sus reuniones, por lo que no se habría encontrado con Peskov en ningún momento de los últimos quince días.

La imagen que venía intentando mostrar desde el gobierno era la de un escenario sumamente controlado, que veía el colapso sanitario del resto de Europa de manera prácticamente ajena. El ejército ruso incluso venía llevando adelante maniobras de ayuda humanitaria en las zonas más complicadas de Italia cuando la pandemia allí parecía imposible de controlar. Eso daba a entender al mundo que no había problemas graves dentro del territorio de Rusia. En la crisis sanitaria más grave que enfrenta la humanidad desde la gripe española de 1918, ni siquiera el oso ruso evitó contagiarse de Covid-19. El tiempo dirá si las cifras oficiales de muertes se condicen con la realidad. O si el Kremlin es capaz de mantener bajo control un escenario que ha desbordado a prácticamente todos los países más importantes del planeta. Por ahora, todo parece indicar que a la curva de contagios en Rusia sólo le queda subir.

 
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