Los fantasmas del 68

Por Gonzalo Fiore

En medio de la ola de protestas y convulsión social más grande que atraviesan los Estados Unidos desde, por lo menos, 1968, el descontento y la indignación provocada tanto por el racismo como por la exclusión amenazan con expandirse hacia otros países del mundo. El martes también se produjeron revueltas en París, debido al maltrato que sufre la comunidad afrodescendiente en Francia. Con el trasfondo de la pandemia en ambos casos, el descontento de grandes sectores sociales viene de larga data; en 1968 fueron asesinados en los Estados Unidos el candidato a presidente por el Partido Demócrata, Robert F. Kennedy, y los líderes afroamericanos Martin Luther King Jr. y Malcolm X. Entonces, el país se sumió en una ola de caos y disturbios que hoy parece replicarse. A diferencia de aquellos años, hoy parece que los manifestantes no enarbolan un proyecto político alternativo y unificado, sino más bien un odio visceral contra los estamentos del poder. Durante la noche del lunes, por primera vez desde 1889 la Casa Blanca estuvo a oscuras y la familia presidencial se encerró en el búnker (el último presidente que había hecho esto fue George W. Bush, durante los ataques del 11 de septiembre de 2001).

Tanto en Estados Unidos como en Francia, el racismo estructural tiene larga data. En el caso del primero, la esclavitud durante los siglos XVIII y XIX, sumado a la segregación racial que existió en la mayoría de los estados del sur hasta bien entrado el siglo XX, sientan varios antecedentes en el lamentable trato que ha tenido la comunidad afroamericana. Mientras, en Francia, a causa de la larga historia de colonialismo en África, hoy existen tres millones de ciudadanos descendientes de negros. En ambos países, el trato que se les otorga a estas comunidades es extremadamente denigrante. Inclusive, en 2016, la Justicia gala falló en contra de un grupo de policías que realizaban controles en base al rostro de los transeúntes. Si se trataba de negros o árabes, les pedían documentos y los inspeccionaban sin motivo fundado. Si bien Donald Trump y Emmanuel Macron manejan de manera profundamente contrapuesta estas cuestiones, en los hechos, la selectividad penal opera de la misma manera.

El presidente estadounidense no hizo nada por calmar la situación, más bien todo lo contrario. Al llamar a los manifestantes “escoria” o tildarlos de pertenecer a la “extrema izquierda”, logró echar más leña al fuego. El toque de queda que impuso en 40 Estados del país fue desafiado abiertamente. Incluso Trump expresó, mediante su cuenta de Twiter, que “Nueva York se perdió” ante los manifestantes, a quienes calificó con distintos epítetos peyorativos. Aprovechando la situación para atacar al gobernador Andrew Cuomo y al alcalde Bill De Blassio, ambos opositores al Presidente. Los dos demócratas se pusieron inmediatamente del lado de las protestas, acompañando los pedidos de justicia para George Floyd. De Blasio está casado con una mujer afroamericana, y una de sus hijas fue detenida por la policía neoyorquina la primera noche de las protestas. Si bien, el alcalde decretó un toque de queda en la ciudad, destacó que las protestas del lunes se produjeron de manera pacífica.

A partir de los casos de jóvenes negros asesinados por las fuerzas de seguridad (Trayvon Martin, Tamir Rice, Eric Harris, Walter Scott, Jonathan Ferrell, Sandra Bland, Samuel DuBose y Freddie Gray) surgió el movimiento “Black Lives Matter” en 2012. Acciones como la del jugador de futbol americano Colin Kaepernick, de arrodillarse antes de cada partido mientras sonaba el himno, tuvieron alcance nacional y fueron rechazadas por el mismo Trump. Hoy, “Black Lives Matter” adquiere una nueva potencia a nivel nacional que parece imposible de detener, y que, incluso, se extiende hacía otros países del mundo, como Francia.

Estados Unidos, con el 5% de la población mundial concentra el 25% del total de las personas en situación de encierro del planeta. Aunque los afroamericanos y los hispanos representen el 32% del total de habitantes del país, significan el 56% de su población carcelaria. A su vez, el número de afroamericanos en prisión supera en 600.000 a aquellos que se encuentran enrolados en la educación superior. Con la irrupción de la pandemia se ponen de manifiesto las desigualdades existentes en estas sociedades desarrolladas, el denominado Primer Mundo.

En Francia, el gobierno aseguró que no se podían reunir más de diez personas en la calle debido a la cuarentena. Sin embargo, a los manifestantes esto no le importó y decidieron salir de todas formas. No solo en solidaridad con George Floyd y los afroamericanos, sino para reclamar justicia por casos de torturas y asesinatos contra jóvenes de la comunidad afrofrancesa. Los mandatarios deberán conseguir respuestas concretas a los reclamos si quieren restaurar la paz social. Las revueltas mundiales se han recrudecido tras la pandemia, el mundo vive la situación social más convulsionada en muchas décadas; por ello, no son pocos los que comparan la ola de protestas con lo vivido en 1968. Por lo pronto, los fantasmas de aquellos años vuelven a sobrevolar sobre los líderes: su futuro dependerá de las respuestas que logren ensayar frente a los excluidos de la globalización.

 
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