Días amargos para Macron y Le Pen

Por Gonzalo Fiore

El pasado domingo 28 de junio se celebraron en Francia las segundas elecciones de relevancia desde el comienzo de la pandemia del coronavirus en todo el mundo. Se trató de la segunda vuelta de los comicios realizados el 15 de marzo pasado, aún en pleno brote del virus. Solo en el país galo, 30.000 personas murieron a causa del covid-19. Mientras se espera un rebrote de la enfermedad, la abstención en las urnas alcanzó niveles récord. En los comicios municipales, el principal derrotado fue el partido del presidente Emmanuel Macron, En Marcha, que sufrió un duro revés en todas las regiones del país. Especialmente en la alcaldía más disputada: en la ciudad de París resultó triunfante, con el 50,2% de los votos, la actual alcaldesa Anne Hidalgo, del Partido Socialista, frente al 30% de la conservadora Rachida Dati.

En lo que muchos interpretan como un castigo político contra las reformas liberales del presidente, la oposición se alzó con la mayoría de los municipios en juego. La participación electoral bordeó el 40%, algunos puntos por debajo incluso de la primera vuelta. Y las dos figuras principales de la política francesa resultaron derrotadas en las elecciones del domingo. O, por lo menos, pasaron a un lejano segundo plano frente a opciones de los partidos históricos del país.

La extrema derecha, si bien no alcanzó grandes resultados a nivel nacional, logró hacerse con su primera alcaldía importante. Louis Aliot, ex novio de Marine Le Pen, alcanzó la victoria en Perpignan, una ciudad de 120.000 habitantes. No obstante, el triunfo de Aliot tiene sabor agridulce para la Agrupación Nacional: el alcalde electo hizo campaña como independiente y sin el logo del partido, aunque sin repudiar abiertamente el discurso de su ex compañera de ruta, tanto sentimental como política.

Corren horas complejas para el clan Le Pen. La sobrina de Marine, Marion Marechal Le Pen, decidió borrar su apellido para subrayar su independencia. A pesar de la fragmentación de la ultraderecha, la alcaldía de Perpignan es una victoria simbólica para este tipo de ideas. Hace algunos años hubiera sido impensable que un candidato con el discurso de Aliot pudiera hacerse con una alcaldía.

El hombre de Macron para la alcaldía de París era Benjamin Griveaux, quien tuvo que renunciar a su candidatura en febrero debido a la filtración de un video sexual; Macron lo reemplazó con otra ex ministra, Agnés Buzyn. Sin embargo, la médica, quien se había desempeñado al frente de la cartera de Salud en su gobierno, apenas logró alcanzar el 14% de los sufragios. Al frente de la ciudad desde 2014, Hidalgo, una española que vive desde los dos años en Francia, hizo campaña en bicicleta, con hincapié en lo ecológico, hablando sobre la crisis habitacional que sufre la capital y con discurso feminista.

A pesar de la aplastante derrota, tanto en la capital como en el resto de las ciudades importantes, el partido de Macron no perdió en todas. En Marcha obtuvo la intendencia de Estrasburgo y de la ciudad portuaria de Le Havre. Allí, el primer ministro Edouard Philippe obtuvo una contundente victoria en lo que es su feudo electoral. Philippe alcanzó una enorme popularidad debido a su gestión durante la pandemia.

Por su parte, y debido a la toma de conciencia de gran parte de la población de los problemas ambientales, los verdes lograron avanzar varios casilleros. Obtuvieron las intendencias de alguna de las ciudades más importantes: Lyon (centro-este), Burdeos (centro-oeste) y Marsella. Liderados por el eurodiputado Yannick Jadot, Los Verdes ya habían obtenido el doble de lo que les aseguraban las encuestas en las parlamentarias europeas de 2019. Aprovechando el vacío dejado por Macron, Jadot se convirtió en una figura central, alcanzando el 13,5% de los votos. Mientras que la izquierda tradicional encuentra a La Francia Insumisa de Jean-Luc Melenchon como demasiado extremista, y al Partido Socialista como insulso, muchos de estos votantes se vuelcan a Los Verdes.

Desgastado por las revueltas de los “chalecos amarillos”, sus intentos de reformas neoliberales y distintas manifestaciones en su contra, Macron necesitará un cambio de gabinete para intentar darle nuevos aires a su figura de cara al futuro. Deberá, necesariamente, darle respuestas al “electorado verde”, que lo acompañó en 2017 y le dio la espalda ahora. En los comicios del domingo se vivió una ola verde al mismo tiempo que hubo un regreso a la dicotomía tradicional izquierda-derecha de los partidos históricos: el Conservador y el Socialista. Esto perjudicó a Emmanuel Macron, cuyo principal activo es su apartamiento de la clase política tradicional del país. Al mostrarse como un dirigente superador de categorías ideológicas que considera obsoletas. Este escenario también dejó relegada a Marine Le Pen.

El mayor desafío político para el Presidente parece ser construir un partido que supere a su figura: los sondeos lo ubican en los niveles más bajos desde que comenzara su mandato. Si no lo logra, corre serio riesgo de perder las presidenciales de 2022. Por lo pronto, el domingo fue un día amargo para quienes disputaron el ballotage presidencial de 2017 y venían dominando los primeros planos de la política francesa desde entonces.

 
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