Un nuevo Plan Marshall

Por Gonzalo Fiore

Tras la histórica cumbre, celebrada durante el fin de semana entre los máximos jerarcas de la Unión Europea (UE), se produjo un acuerdo de proporciones sin precedentes en la historia del viejo continente. Será uno de los planes financieros más grandes que jamás haya implementado Europa, y el mayor desde que existe la UE. El estimulo económico ascenderá a los 390.000.000 de euros en subsidios y 360.000.000 en créditos. 

Luego de cuatro días de negociaciones, los líderes de los 27 países miembros lograron ponerse de acuerdo en pedir prestados conjuntamente 750.000 millones a través de la Comisión Europea, para financiar el plan de recuperación de sus respectivos países. La caída en la economía por la crisis desatada por la pandemia del coronavirus ha sido de tales proporciones, que las medidas pensadas por los dirigentes de la UE fueron no menos extraordinarias. Si bien debe ser aún aprobado por el Parlamento Europeo, todo indica que la sesión será un mero trámite. Son pocos los eurodiputados que están dispuestos a contradecir las voluntades de sus principales dirigentes en este contexto.

A su vez, en las negociaciones también acordaron aprobar un paquete los presupuestos de la UE para los próximos siete años. Toda la batería de medidas alcanza la suma de 1.082.000 de euros. La noticia fue anunciada con especial efusividad por algunos de los miembros más importantes. Tanto Angela Merkel como Emmanuel Macron impulsaron el acuerdo; a su vez, uno de los mayores beneficiados será España. Pedro Sánchez anunció, en un mensaje a la nación, que su país recibirá 140.000.000 de euros del fondo de recuperación europeo en el transcurso de los próximos seis años. De esa cifra, 72.700.000 se destinarán en ayudas directas a los ciudadanos. Esta noticia significa un importante impulso a la coalición de gobierno de centro izquierda español, que venía golpeado por distintas internas, algunas derrotas electorales regionales y por los primeros efectos de la crisis económica que ya comienza a sentirse en el país. 

Las negociaciones fueron extremadamente arduas debido a que había un grupo de países que se manifestaban en contra de un plan tan ambicioso de desembolso económico. La oposición al acuerdo provenía de los denominados “países frugales” europeos. Se los llama así debido a que son los Estados más austeros de la Unión en los últimos años. El grupo está conformado por Austria, Suecia, Dinamarca y los Países Bajos, a los que se les sumó Finlandia. Mientras que la mayoría de los miembros pretendían aprobar una ayuda mínima de 500.000.000, estos cuatro preferían llevar la cifra a los 350.000.000. Finalmente, el número fue más cercano al que pretendía el grupo liderado por Alemania, Francia, España e Italia, aunque esto haya significado un recorte cercano a los 100.000.000 en ayudas directas, en relación a los 500.000.000 que había propuesto la Comisión Europea. 

Otro de los puntos polémicos fue la condición de que, para acceder a estos fondos, los países debían adecuarse correctamente a las normas de la UE y al Estado de Derecho. Esta cuestión en particular fue vista con recelo por los gobiernos de Hungría y Polonia. Los cruces entre el mandatario húngaro Viktor Orbán y el primer ministro holandés Mark Rutte estuvieron a punto de poner en riesgo los acuerdos. Según Orbán: “Rutte aborrece a Hungría y Polonia por su presente, a España e Italia por su pasado… católico. Y ahora que les puede humillar a los cuatro, no desaprovecha la ocasión.” El polémico presidente de Hungría había acusado, a su vez, a Rutte, de “odiar a polacos y húngaros” por sus creencias religiosas, y de ser “el responsable del desastre” en caso de que las negociaciones no llegasen a buen puerto. Lo cierto es que el holandés fue quien encabezó el reclamo de los países frugales de recortar las ayudas económicas debido al temor de que se desequilibren los presupuestos.

Según Bruselas, el impacto de la pandemia será tan grande que la caída del Producto Bruto Interno promedio de los países de la Unión estará cercano al 8%. Los dos más golpeados han sido España e Italia, con un desplome del 10% cada uno. Por ello, no era de extrañar que sean los más interesados en lograr un acuerdo para la toma de deuda. Aunque las características sean completamente diferentes debido a que no es un programa impuesto desde afuera, sino un plan diseñado e implementado por los mismos países de la Unión Europea, sin embargo, una de las finalidades puede ser similar. En medio del avance de la extrema derecha de corte populista, ultra nacionalista, xenófoba y contraria a las minorías, un escenario de crisis económica y recesión podría ser propicio para que este tipo de partidos aumenten su caudal electoral. Ni Merkel ni Macron están dispuestos a que suceda algo así. 

 
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