Fantasmas de la guerra fría

Por Gonzalo Fiore

En un nuevo episodio de la escalada diplomática entre ambas potencias, Washington ordenó cerrar el consulado chino en Houston, Texas, dando apenas 72 horas a los 60 funcionaros para desalojar el edificio. Según el jefe de la política para el Este de Asia y el Pacifico del Departamento de Estado, David Stilwell, los diplomáticos chinos “tuvieron un comportamiento subversivo”. China tiene cinco consulados en los Estados Unidos, y el de Houston se encontraba funcionando desde 1979. Estos acontecimientos suceden en medio de la guerra comercial que enfrenta a ambas potencias desde hace ya varios años. Con el nuevo aliciente de que, además, se producen durante la pandemia del coronavirus. Trump aún acusa públicamente, en cada ocasión que puede, a China de “exportar el virus” al resto de los países del mundo, mientras se refiere al covid-19 como el “virus chino”. El escenario puede llegar a recordar a la Guerra Fría, aunque las características del conflicto y el contexto sean absolutamente diferentes. 

La Administración Trump acusa al cónsul general chino en Houston, Cai Wei, de haber incurrido en un delito federal por utilizar documentos de identificación falsos el 31 de marzo pasado, cuando regresó a China junto a otros dos diplomáticos del consulado en medio de la pandemia. A su vez, Stilwell aseguró que el consulado estaría ligado a supuestos intentos de adquirir información de manera ilícita sobre los avances de empresas norteamericanas en la búsqueda de la vacuna contra el covid-19. Y en un tono más desafiante aún, voceros del Departamento de Estado afirmaron que cerraron el consulado para “proteger la propiedad intelectual estadounidense”. La quema de documentación por parte de los funcionarios chinos afincados en Houston inmediatamente antes de cerrar solo sirvió para aumentar las dudas sobre cuál era realmente la función del órgano del gobierno en la ciudad. El fuego llegó a ser tan grande que tuvo que acudir el Departamento de Bomberos de la ciudad para apagarlo.

Beijing respondió con la clausura del establecimiento diplomático estadounidense en Chengdu, operativo desde 1985. Aunque algunos analistas preveían la clausura del consulado estadounidense en Hong Kong, la represalia del gobierno de Xi no fue tan grande como se esperaba, e incluso solicitó a Estados Unidos re encauzar las relaciones. Según el ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular, “la actual situación entre China y Estados Unidos es algo que China no desea ver, y Estados Unidos es totalmente responsable de ello.” Lo cierto es que las autoridades chinas prefieren mantener una relación cordial con los Estados Unidos. Conscientes de que un enfrentamiento no les sería rentable desde ningún punto de vista, han optado por la cautela ante las provocaciones de los altos funcionarios de la Administración Trump y del mismo presidente. 

Según el gobierno chino, las acciones de los Estados Unidos representan una “temeraria provocación”. La cancillería china publicó una entrevista al ministro de Asuntos Exteriores Wang Yi, quien, ante su par francés Jean-Yves Le Drian, declaró que "la temeraria provocación de Estados Unidos, la confrontación y división están muy alejadas de la realidad: que los intereses de China y Estados Unidos están muy integrados". En la misma entrevista, Wang Yi aseguró que China y los Estados Unidos "deberían iniciar una comunicación racional" para no caer en el “abismo de la confrontación”. La cancillería china denunció que agentes del gobierno estadounidense ingresó “a la fuerza” a su consulado en Houston. Por ahora, todo indica que las autoridades del gigante asiático están convencidas de que seguir tensionando la relación con Washington no podría llevarles ningún tipo de beneficio. El ministro de Asuntos Exteriores chino también afirmó la necesidad de "no permitir nunca que unos pocos elementos anti chinos derrumben décadas de intercambio y cooperación exitosos". Esos “elementos” a los que se refiere Wang, están mejor representados que nadie por Mike Pompeo. 

En un discurso desde el Museo Richard Nixon, donde se encuentra enterrado el presidente que inició las relaciones diplomáticas norteamericanas con China a comienzos de los años 70, el secretario de Estado del gobierno estadounidense fue particularmente duro con China, llamando a una “alianza de democracias” para “provocar cambios” en el Partido Comunista que gobierna el país desde 1949. La carga simbólica de que la alocución de Pompeo se haya realizado donde descansan los restos de Nixon no escapó a nadie. El presidente del escándalo Watergate es uno de los hombres con los que se suele comparar en numerosa cantidad de ocasiones a Donald Trump. Al mismo tiempo, cuenta con uno de los mayores éxitos diplomáticos de la historia de los Estados Unidos: haber acercado a su país y a la China comunista de Mao Tse-tung y Zhou Enlai en pleno desarrollo de la Guerra Fría. El actual gobierno estadounidense parece estar andando un camino que vuelva alguno de esos logros diplomáticos hacia atrás. La China de hoy se encuentra muy lejos de ser la de hace cuarenta años, y los Estados Unidos, también.

 
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