España: Jaque al Rey

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

En medio de un escándalo mediático y judicial de proporciones históricas para la monarquía, el Rey emérito de España, Juan Carlos I, anuncia que dejará el país para radicarse temporalmente en el extranjero. El ex monarca blanqueó su decisión algunos días antes de que su ex amante, Corina zu Sayn-Wittgenstein, declarara como imputada ante la Audiencia Nacional, en una causa donde se lo acusa de lavado de dinero y cabeza de una enorme trama de corrupción.

El ex Rey ascendió al trono en 1975. Su rol fue muy valorado por los españoles durante la Transición de los últimos años de los 70, donde, junto al primer presidente electo por las urnas, el centrista Adolfo Suarez, desarrolló un importante papel para la entrada del país en la democracia tras cuatro largas décadas de franquismo. Sin embargo, en los últimos años su imagen se fue deteriorando cada vez más. Llegado al punto de que, en 2014, tuvo que abdicar a favor de su hijo, Felipe VI.

Su intención, dijo, era dotar a la monarquía española de nuevos bríos ante el público general. Tras los escándalos de corrupción que salpicaron a su figura luego de su salida del trono esto se hizo cada vez más difícil. La opinión pública de España se encuentra dividida respecto sobre quién debe ejercer la Jefatura del Estado. De acuerdo a encuestas realizadas en abril de este año, existe una suerte de empate técnico entre quienes prefieren una monarquía o una república. Un 47,5% de los encuestados prefiere sostener la cabeza del Estado en manos de la Casa Real, mientras que otro 47% opta por una república sin monarquía. Las posturas varían dependiendo de cuál sea el grupo político consultado. Entre la centroderecha y la derecha, el 71% de los votantes de este sector prefiere que el Rey siga siendo cabeza del país. Entre los votantes del PSOE, en cambio, la opinión está más dividida: hasta un 32% prefiere que continúe la monarquía y votaría por ella en caso de un referéndum. Esto explicaría, en parte, la posición relativamente tibia de Pedro Sánchez respecto de los escándalos que salpican a la Casa Real.

La salida del Rey emérito del país provocó, además, algunos cruces dentro de la coalición de gobierno de centroizquierda. La número dos de Unidas Podemos, Irene Montero, profirió críticas públicas al PSOE de Sánchez por no comunicarle a su partido, socio minoritario en el Parlamento y la Moncloa, que Juan Carlos tenía previsto abandonar el país. La postura frente a la monarquía de Podemos históricamente fue más dura que la de los socialistas. El actual vicepresidente, Pablo Iglesias, siempre se mostró a favor de llevar adelante un referéndum para discutir la reforma constitucional de la Jefatura de Estado. Montero aseguró que el PSOE dejó afuera a su partido de la decisión de “avalar la huida” de Juan Carlos. Al mismo tiempo que reforzó: “Las decisiones que pueda tomar el PSOE desde la Moncloa, pero no ha sido una decisión del Gobierno de coalición. Nosotros no estábamos al tanto”.

Al mismo tiempo que Juan Carlos aterriza en República Dominicana, el proceso en su contra avanza firme. Se lo acusa, concretamente, de recibir millonarias “donaciones” (no declaradas) de la monarquía de Arabia Saudita, y también de  hacerlas, con el objetivo de lavar de millones de euros. Para los españoles mayores de 50 años, el Rey emérito era uno de los artífices de la democracia. Para los menores de 30, el hombre que tuvo decenas de amantes y que mataba elefantes en África. Ahora, para casi la totalidad de los españoles, se ha convertido en alguien que, tras ser descubierto realizando operaciones ilegales, se va de su país. Todo esto mientras la pandemia deja cientos de miles de sus ciudadanos en el paro y una crisis económica que promete ser peor que la de 2008. Si bien la imagen de su esposa e hijo continúan relativamente altas, para Montero y Podemos “es imposible separar las actuaciones de Juan Carlos I de su posición como monarca y por tanto también de la familia Borbón”. 

Para modificar la estructura del país es necesario reformar la Constitución aprobada en 1978, ya que establece que la Jefatura de Estado recae sobre la monarquía y que esta es una institución que no se elige sino que se hereda. España, como el resto del mundo, atraviesa un trance extremadamente particular. Apenas comenzando a salir -y aún esto sin seguridades- de una pandemia que se cobró miles de muertes y destrozó la economía, Pedro Sánchez y su gobierno no pueden permitirse dar pasos en falso. Quizás, este sea el momento para las fuerzas republicanas españolas de ir más allá. Desde la óptica de partidos de izquierda como Unidas Podemos o los sectores más progresistas del PSOE, podría ser una oportunidad perfecta de impulsar el tan ansiado referéndum para modificar la estructura institucional del país y la Jefatura de Estado. Por lo pronto, el ex Rey parece encontrarse frente a un jaque mate por parte, no solo de la Justicia, sino también de la opinión pública. ¿También el resto de la monarquía?.

 
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