El Reichstag por asalto

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

El sábado pasado se congregaron 30.000 personas en Berlín, en una marcha convocada por la ultraderecha. El objetivo era protestar contra las restricciones impuestas a causa de la pandemia del covid-19 en Alemania. La manifestación terminó muy mal, cuando un grupo de 200 neonazis intentaron “tomar por asalto” el Reichstag, el edificio de la Cancillería, donde se asienta el Poder Ejecutivo alemán. Se encontraban envueltos en banderas del Tercer Reich (con la cruz esvástica) y entonando cánticos extremistas.

El ministro del Interior del gobierno de Ángela Merkel, Horst Seehofer, calificó el hecho como un “ataque insoportable a la democracia”. En la misma línea, a través de su cuenta de Twitter, el ministro de Relaciones Interiores afirmó que ver banderas del Tercer Reich cerca del Parlamento alemán (que se encuentra en el mismo parque, frente al Reichstag) era “una vergüenza”.

Este hecho se suma a una serie de acontecimientos y a un contexto particular que encienden algunas alarmas en el gobierno, de cara al futuro del país. Se trata de un signo más de que el extremismo parece lejos de estar muerto en la Alemania moderna.

La situación pudo ser controlada rápidamente por un grupo de policías. Si bien no pasó a mayores, lo sucedido preocupa al gobierno alemán debido a la presencia cada vez mayor de la extrema derecha en la escena pública. Hace algunos meses había sido noticia una alocución de Merkel en el Parlamento, donde se refirió de manera despectiva a los “populistas” de Alternative für Deutchsland (AfD) allí presentes. La Canciller viene alertando cada vez más seguido contra el discurso de odio y exclusión que puede llevar al crecimiento de este tipo de movimientos en el país nuevamente. AfD llegó a sacar 11 eurodiputados -el 11% de los votos- en las últimas elecciones para el Parlamento europeo de 2019; y ya habían alcanzado el 12,6% en las federales alemanas del año anterior.

En algunas regiones son incluso más fuertes: en Sajonia lograron el 27,5% de los votos en las elecciones regionales de 2019. Ese mismo año, también obtuvieron el segundo puesto en los comicios de Turingia.

La plataforma de AfD no dista mucho del resto de los movimientos de extrema derecha europea: proponen, entre otras cosas, una salida de la Unión Europea (UE), suprimir el euro y reemplazarlo por una moneda nacional alemana, y son muy críticos de los rescates económicos a países europeos en crisis. Si bien no tienen un discurso expresamente antisemita, sí se pronuncian contra los inmigrantes árabes, o de otros países, y proponen “recuperar la identidad nacional” alemana.

Los “neo-nazis” tampoco se encuentran exento de internas entre sus facciones. Encabezados por el economista Jörg Meuthen, un dirigente que se propone de centroderecha frente al avance del ala más radical del partido. Si bien las encuestas durante la pandemia muestran una caída de la ultraderecha y un crecimiento tanto de los socialdemócratas como de los conservadores, Meuthen cree que la gran oportunidad de su formación vendrá tras la recesión económica de la era post pandemia.

El Producto Bruto Interno de Alemania caerá aproximadamente un 10% este año; superará ampliamente a la caída del año 2009, cuando, debido a la crisis financiera mundial, el PBI disminuyó un 5,6% durante el primer trimestre. Se trata del mayor desplome de la historia del país desde que hay registros fiables al respecto. Merkel llegó a hablar, incluso, de una economía propia “de los tiempos de la posguerra”. Según sus economistas, el país no se recuperará completamente ni volverá a niveles normales, por lo menos, hasta mediados de 2022.

Meuthen se ha manifestado en contra de la toma de deuda por parte de la UE, a su vez, propone una fuerte baja de impuestos y una menor presencia del Estado. En lo económico no parece ser muy diferente a un neoliberal clásico. Este AfD le ordenó a Der Flügel, su facción más extremista, que se disuelva; aunque, según Meuthen, sus dirigentes seguirán en el partido y se presentarán unidos a las elecciones del año que viene. Por ello, desde todo el arco político lo ha acusado de haber realizado un mero maquillaje para ser más accesibles ante los electores menos radicales.

Merkel se refirió a ese intento de los ultras de tomar el Reichstag como imágenes vergonzosas e inaceptables, asegurando que fue ultrajado el derecho de manifestarse en democracia, poniendo la situación como un “ejemplo de la manera en que la libertad de manifestarse puede sufrir abusos”. La importancia simbólica del Reichstag en Alemania es tan grande por la historia reciente: en febrero de 1933 los nazis incendiaron el edificio para lograr un clima contrario a la democracia y tomar el poder; la jugada les dio resultado, y a partir de esa noche, Hitler, que ya era Canciller, consolidó su poder culpando a la oposición.

Aunque lejos se encuentran los actuales neonazis alemanes de cosechar el apoyo de sus antecesores: la democracia no parece estar en peligro allí, ni en el resto de la UE, sin embargo, este tipo de acontecimientos ponen en alerta no solo al gobierno sino a toda la nación alemana, aún horrorizada por los fantasmas del pasado. Merkel teme que los extremistas vayan ganando mayor terreno a medida que se prolongue y profundice la crisis. Será deber de su gobierno evitar que eso ocurra. 

 
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