Nagorno Karabaj y el futuro de la región

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Finalmente, estalló el conflicto bélico en Nagorno Karabaj, en la frontera que separa a Armenia de Azerbaiyán. Son los primeros enfrentamientos de magnitud desde la tregua establecida en 1994, cuando, entre 1988 y ese año, ambos Estados se disputaron el control por sobre el Alto Karabaj en el sur del Cáucaso, dejando un saldo de más de 30.000 muertos. Se trata de una región de más de 4.400 kilómetros cuadrados, históricamente habitada por armenios cristianos y por turcos musulmanes. Aunque perteneció a Armenia desde los tiempos del reino, que existió entre el año 190 aC y 165 dC, durante los tiempos de la Unión Soviética se convirtió en un territorio autónomo dentro de la República de Azerbaiyán. Si bien la comunidad internacional reconoce la soberanía de ese país sobre el territorio, la mayoría de sus habitantes pertenecen a la etnia armenia. El alto al fuego de 1994 se produjo bajo el auspicio de Rusia. El rol que desempeñe hoy el Kremlin será clave. Estados Unidos, la Organización de Naciones Unidas y la OTAN pidieron a Bakú y Ereván que cesen al fuego.

Tanto Armenia como Azerbaiyán son ex repúblicas soviéticas, y ambos países comparten una estrecha alianza con Rusia. Sin embargo, Azerbaiyán es un país petrolero con un fuerte vínculo con Turquía, cuyo gobierno le brinda asistencia en distintos ámbitos, entre ellos, el militar. Por ello, un enfrentamiento abierto podría resultar en graves consecuencias para los armenios; quienes, a su vez, mantienen un histórico enfrentamiento con los turcos. El genocidio armenio sucedido entre 1915 y 1917 fue perpetrado por el Imperio Otomano, actual Turquía. El mandatario turco Recep Tayyip Erdogan exigió a Armenia que “cese la ocupación” en Nagorno Karabaj, para que la región encuentre “paz y armonía”. Para los turcos, Armenia ocupa la región a través de grupos separatistas que autoproclamaron una República en 1993, luego de la desintegración de la Unión Soviética y la salida de sus tropas de la región.

Erdogan afirmó, además, que Armenia es uno de los “factores más importantes de desestabilización” en la zona del Cáucaso sur. El juego que lleve adelante el turco es extremadamente delicado: Nagorno Karavaj fue cedido a Azerbaiyán por la Unión Soviética por Josif Stalin. Tras la desintegración de la URSS, la región erigió una nueva república integrada por 200.000 armenios. A pesar de contar con moneda propia, símbolos patrios, pasaportes y documentos de identidad con una bandera exactamente igual a la de Armenia. No obstante, la República de Artsaj, como denominaron a su Estado, o República del Alto Karavaj, como se la conoce en Occidente, nunca tuvo reconocimiento internacional. Es considerada, tanto por los turcos como por las autoridades de Bakú, como un enclave ocupado por Armenia.    El grupo étnico más importante de Azerbaiyán son los azeríes, componen más del 90% de su población (solo son superados en cantidad por Irán). La guerra de los 90 con Armenia desplazó a casi un millón de azeríes de la región. Probablemente Irán se posicione a favor de Bakú, debido a la importancia que tiene esta etnia en su propio país. Lo que aún no está claro es que sucederá con Rusia.

Vladimir Putin ya tiene un frente abierto en la región con las protestas multitudinarias contra su aliado Alexander Lukashenko en Bielorrusia. Si bien, el mandatario ruso no está interviniendo directamente en el país, observa atento el desarrollo de los acontecimientos y no toleraría un nuevo gobierno pro occidental en su vecino. Al mismo tiempo, el Kremlin ha prometido que protegerá a Armenia en caso de guerra con cualquiera de sus vecinos. Un conflicto abierto solo traería más inestabilidad a una región que Moscú prefiere mantener tranquila y controlada.

Luego de la anexión de Crimea, en 2014, Putin ha optado por mantener una política menos intervencionista en lo militar y más presente en lo que tiene que ver con la asistencia económica y el intercambio comercial con sus aliados. Al mismo tiempo que sostiene un frágil equilibrio político con su homólogo Erdogan, con quien alcanzó un acuerdo para el alto al fuego en Siria en marzo de este año.

El gobierno denunció intervención turca en el conflicto, y -según los armenios- las tropas que responden a Ankara derribaron aviones de su país. Por ahora, Ereván no ha invocado un tratado de seguridad que podría obligar a Rusia a intervenir en su favor; seguramente esto no sucederá a menos que exista un pedido expreso de Putin. El vocero del presidente, Dimitri Peskov, aseguró que “cualquier declaración de apoyo militar o actividad militar echa inequívocamente combustible sobre el fuego”, dejando en claro que no hay ninguna intención en el Kremlin de escalar aún más el conflicto. Lo cierto es que se trata de un problema de varias décadas, e incluso siglos, que se encuentra muy lejos de terminarse. Todo dependerá de cuán grande sea la intervención extranjera y cuánto pretendan involucrarse tanto Moscú como Teherán. Erdogan, por lo pronto, ha dejado más que claro que no dejará la disputa librada al azar. Muchas más cosas se disputan hoy en Nagorno Karabaj que el futuro de esa pequeña franja de territorio separatista.

 
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