Perú: Inestabilidad irreversible

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

El segundo intento fue el vencido para la oposición peruana: finalmente, el pasado lunes, a horas de la noche, el Congreso aprobó la moción de vacancia presidencial contra el ya ex mandatario Martín Vizcarra. En septiembre, el Legislativo lo había intentado, pero no había prosperado. Manuel Merino, un ingeniero agrónomo de 59 años, se convirtió en el nuevo presidente del Perú hasta el mes de julio del año próximo, donde deberá asumir quién resulte electo de los comicios que se celebrarán el 11 de abril. El ex presidente todavía cuenta con el apoyo popular, según la mayoría de los sondeos. De acuerdo a los publicados en los últimos días, 9 de cada 10 peruanos preferían que Vizcarra continúe en su cargo hasta la entrega de mando y sea investigado con posterioridad a su salida del poder. Pero 105 congresistas votaron a favor de la moción de vacancia, mientras que apenas 19 lo hicieron en contra, y 4 se abstuvieron. Se lo acusa de supuesto pago de sobornos cuando era gobernador del estado de Moquegua, en 2014.

Vizcarra pagó caro el no tener formación política propia, y querer enfrentarse a la corrupción estructural solo con el apoyo popular. Sin vínculos de poder con las élites tradicionales, asumió la Presidencia en 2018, para completar los cinco años de mandato de Pedro Pablo Kuzcynski, de quien era vicepresidente, hasta julio de 2021. Kuzcynski también es parte de la larga lista de mandatarios peruanos que no lograron terminar su mandato, ya que, en su momento, fue obligado a renunciar debido a vínculos con la causa Oderbrecht.

Vizcarra, de profesión ingeniero, saltó a la fama nacional cuando, en 2008, encabezó una serie de protestas en Moquegua contra la minera Southern. Allí reclamaba un mayor reparto de las ganancias entre la población del estado, muy empobrecida. Tres años después fue electo gobernador, y Kuzcynski lo convocó para integrar el binomio presidencial con el objetivo de atraer los votos del Sur.

El futuro político del ex presidente está en discusión, ya que sus medidas para combatir la corrupción estructural y la inestabilidad institucional que afecta al Perú fueron de gran aceptación entre los ciudadanos. En una pulseada que viene desde hace mucho, el año pasado resolvió la disolución del Congreso y contó con el apoyo de gran parte de la población. A comienzos de este año se celebraron nuevas elecciones para el Legislativo, pero Vizcarra no armó un partido propio para competir. Cinco de los últimos presidentes se encuentran o estuvieron investigados por la causa Oderbrecht, acusados de pago de sobreprecios en la obra pública. Inclusive uno de ellos, el histórico líder del APRA Alan García, se suicidó en 2019 mientras era objeto de un proceso judicial y se solicitaba su detención. Cuando el papa Francisco estuvo en Perú, a comienzos del año pasado, se preguntó: “¿Qué pasa en este país que todos sus presidentes terminan presos?”

Lo sucedido por estos días en Perú se parece bastante a un golpe de Estado parlamentario. Los medios mayoritarios del país, como La República, titularon que se trató directamente de un golpe. No deja de ser curioso que el nuevo Presidente fue electo diputado a principios de este año, con la magra cifra de 5.271 votos. Tras algunos meses ascendió a la jefatura del Congreso de la Nación. Hoy, este prácticamente desconocido político se convirtió en la figura más importante del país. Su carrera la hizo militando en el partido del dos veces presidente Fernando Belaunde Terry, Acción Popular. Se trata de una formación política que pasó de la centroizquierda a la centroderecha, categorías que no tienen mucho sentido en el Perú actual.      Mientras Merino juraba, se producían violentas protestas y enfrentamientos de manifestantes con la policía en los alrededores del Congreso. Escenas de ese calibre se repitieron a lo largo y ancho de todas las grandes ciudades del país, como muestra del apoyo del que aún goza Vizcarra.

El actual mandatario parte como un presidente con una profunda debilidad. No solo prácticamente sin votos, sino también con una llegada al poder repleta de polémicas y suspicacias: todo parece indicar que se trató de una venganza del Congreso contra su antecesor. Esa pelea comenzó casi al momento de asumir Vizcarra, cuando enarboló la lucha contra la corrupción como su principal bandera y comenzó a atacar a la clase política tradicional del Perú, profundamente deslegitimada.

La inestabilidad política en el país andino viene de muy larga data, y para muchos, ya es completamente irreversible. Parafraseando la ya manida frase de inicio de “Conversación en la catedral”, de Mario Vargas Llosa, en algún momento se jodió el Perú. A sus ciudadanos ya no les importa mucho cuándo, pero si de algo están seguros es que las causas deben combatirse de manera inmediata. Caso contrario, el país no dejará de estar jodido por mucho tiempo.

 
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