Una nueva generación en Brasil

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

El pasado domingo 15 de noviembre se llevó adelante la primera vuelta de las elecciones en 5.570 municipios de Brasil. El presidente, actualmente sin partido debido a su ruptura con el Partido Social Liberal (formación que lo llevó a la presidencia en 2018), apoyó a candidatos a concejal y alcalde en distintas ciudades. Sin embargo, ninguno de sus hombres logró hacer una gran elección y solo dos candidatos a alcaldes llegaron a la segunda vuelta.

Inclusive su hijo, Carlos, quien peleó por una concejalía en Río de Janeiro, apenas alcanzó los 70.000 votos. En 2016, había sido el dirigente más votado en Río, con más de 100.000. A pesar de que las encuestas le dan al mandatario brasileño su mejor imagen positiva desde 2018, aproximadamente un 40%, esto no se tradujo en votos el domingo.

Jair Bolsonaro fue el gran perdedor de la elección; por primera vez en décadas los partidos tradicionales de Brasil fueron los protagonistas de la elección. Aproximadamente un 15% de los votantes decidieron no optar por ningún candidato. Otra cifra que llamó la atención fue la de la abstención: el 29,3% de los brasileños prefirió directamente no asistir a las urnas.

Por otro lado, los candidatos del Partido de los Trabajadores, liderado por Lula da Silva no tuvo resultados muy buenos. Quedó cuarto en un distrito importante como Río de Janeiro, y en San Pablo apenas sacó el 8%, un punto menos que el bolsonarista Celso Russomano. Sin embargo, el ex presidente optó por apoyar a candidatos de la centroizquierda brasileña que no son miembros orgánicos del PT.

Guilherme Boulos, del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL), logró la hazaña de meterse en la segunda vuelta de San Pablo, la ciudad más importante en términos económicos no solo del país sino de la región. Boulos, de 38 años, es un importante dirigente del Movimiento de los Sin Tierra. Obtuvo el 20,2% de los sufragios frente al 32% del actual alcalde Bruno Covas, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). A su vez, Manuela D’Avila, dirigente comunista, quedó a dos puntos del actual alcalde de Porto Alegre. En ambos casos se trata de figuras de la izquierda brasileña, que ya no es liderada por el PT. Lula lo entendió, dejando temporalmente de lado el partido que fundó hace más de 40 años.

El PSOL es una escisión del PT que ha logrado erigirse en una verdadera alternativa de la nueva izquierda del país. Ajenos a cualquier tipo de practicas asociadas con la corrupción, y liderados por políticos jóvenes, han logrado la bendición de Lula. Esto se dio incluso con resistencias dentro del mismo PT, que no quieren que el ex metalúrgico abandone la conducción del Partido, y no negociaron sus candidaturas, a pesar de los magros resultados en la mayoría de los municipios.

Mientras tanto, en el espectro de la derecha, los políticos tradicionales ya no se sienten cómodos con el liderazgo de Bolsonaro. A pesar de la derrota, el presidente aseguró que se presentará en las elecciones presidenciales que se celebrarán en 2022.
La política brasileña se encamina hacía una nueva reinvención donde algunos dirigentes deberán correrse de los focos para que la nueva generación comience a ocupar los lugares más importantes. Junto a la derecha moderada y anti bolsonarista, la nueva izquierda fue la gran triunfadora de la elección.

Tras la llegada del bolsonarismo al Planalto, un sector importante del análisis político creyó que el sistema político tradicional había llegado a su fin. Estos pronósticos no resultaron acertados. El PSDB gobernó el país en tiempos de Fernando Henrique Cardoso, pero quedó golpeado durante los años del PT en el poder. En los últimos tiempos comenzó a ensayar un resurgimiento que lo deja bien parado de cara a las presidenciales del 2022. La extrema derecha de Bolsonaro, golpeada por la pandemia, pero también por algunos acontecimientos externos como la derrota en los Estados Unidos de su principal aliado, Donald Trump, parece dejarle lugar a una coalición de centroderecha. Probablemente liderada por el PSDB, enfrentará a un gran frente de centroizquierda.

Lula Da Silva, dispuesto a desplazar al bolsonarismo del poder de una vez por todas, parece haber entendido que su tiempo como figura central de la política brasileña ya pasó. Apoyando a nuevos dirigentes emergentes de la generación sub-40, que no son de su partido, el ex mandatario demuestra una amplitud y una madurez política de la cuál muchos podrían aprender.

 
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