Guatemala se suma a la protesta de América Latina

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Guatemala se unió a la ola de protestas masivas que atraviesan muchos países del mundo y especialmente de América Latina. El pasado sábado, en una manifestación de miles de personas en la capital, un grupo ingresó por la fuerza e incendió el Congreso con antorchas. De acuerdo a fuentes oficiales, se prendió fuego entre el 15% y el 20% del edificio. En la violenta represión dos manifestantes perdieron un ojo, y la oposición denuncia abusos por parte de las fuerzas de seguridad. Por ello, la Organización de Naciones Unidas pidió que se investigue la actuación de la policía y del Gobierno. La protesta se produjo debido a que el miércoles se había aprobado el presupuesto para el año 2021, que contemplaba recortes en salud, educación y programas sociales, en medio de la pandemia y una situación de pobreza, desocupación y gran desigualdad. El proyecto fue suspendido y los diputados tendrán hasta el próximo 30 de noviembre para tratar un nuevo presupuesto. Caso contrario, se utilizará nuevamente el del 2020.

Alejandro Giammatei preside el país desde el 14 de enero de este año. A pesar de que se canceló el tratamiento del presupuesto de 700.000 millones de dólares -el más grande de la historia del país-, las protestas contra el Gobierno continúan en la capital. Hasta ahora hubo más de 20 heridos y 37 detenidos, se exige la renuncia del Ejecutivo. Giammatei es un hombre de derecha, conservador, que se ha ganado el mote de “Bolsonaro guatemalteco” debido a sus declaraciones polémicas, sus posturas en contra del matrimonio igualitario, los derechos LGBTIQ+, y a favor de la pena de muerte. Dirigió entre 2005 y 2007 el Servicio Penitenciario, considerado uno de los peores de la región en materia de derechos humanos. Ya se había presentado en las elecciones de 2007, 2011 y 2015, pero nunca había logrado acceder a la Presidencia. Lo hizo con un discurso duro, contra la delincuencia y la inseguridad, mostrándose a favor de la intervención de las Fuerzas Armadas en seguridad interior, y pidiendo el endurecimiento de las penas.

El vicepresidente, Guillermo Castillo, pidió investigar el uso de la fuerza en las manifestaciones, pero aseguró que está comprometido con que Giammatei termine su mandato. Para ello, sin embargo, le exige que “haga un parteaguas y se siente a dialogar” para evitar mayores desmanes. Por lo pronto, el Gobierno convocó a distintos bloques en el Congreso para consensuar y rehacer el nuevo presupuesto. Pero distintos referentes de la oposición se mostraron ofuscados porque no fueron llamados. La respuesta del Ejecutivo fue que en otras ocasiones habían sido convocados al dialogo y no habían asistido.

El presupuesto que desató la indignación de los guatemaltecos había sido aprobado bajo estrictas medidas de seguridad, y con la zona vallada, por 115 de los 160 diputados que integran la Cámara. El actual presupuesto es de casi la mitad que el que pretendía el gobierno, 390.000 millones de dólares.

El Congreso había solicitado 3.800 millones de dólares para hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia. Pero según datos oficiales, apenas el 15% de ese paquete llegó a la población. La situación social en el país no desentona demasiado con la mayoría de sus vecinos. El 59,3% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, es decir, 6 de cada 10 de los 17 millones de guatemaltecos no alcanzan a cubrir los costos mínimos de vida.

A su vez, también según datos ofrecidos por el Gobierno, hubo más de 120.000 contagios y se pasaron las 4.000 muertes por covid-19. El índice de homicidios de Guatemala, si bien es sensiblemente menor al de otros países de la región como Honduras -56-, o El Salvador -61-, es de aproximadamente 27 asesinatos cada 100.000 habitantes. Muy superior a la media mundial que es de 7 homicidios cada 100.000 personas. Por ello el discurso de alguien como Giammatei había tenido éxito en las últimas elecciones.

Más allá del escenario particular que atraviesa Guatemala, lo que se está viviendo por estos días en sus principales ciudades no dista mucho de lo que se vivió en Chile, Perú, o Colombia. Existe una indignación y un descontento por parte de los ciudadanos para con las clases políticas de sus países desde hace mucho tiempo. 2019 había sido un año de revueltas para América, y durante 2020 esto se puso en una especie de stand by debido a la pandemia.   Las consecuencias sociales y económicas del coronavirus recién se están comenzando a ver en una región que ya venía golpeada por la desigualdad. Otro denominador común de las manifestaciones en todo el continente es que están organizadas y protagonizadas por jóvenes nacidos en democracia, ajenos a los tiempos de las guerras civiles o las dictaduras militares que asolaron sus países. La dirigencia política deberá estar en mayor consonancia con los reclamos de estos sectores. Caso contrario, se enfrenta a una cada vez mayor inestabilidad que hará imposible cualquier tipo de proyecto a largo plazo.  

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar