La exponencial deuda pública

Economía Nacional | Por Salvador Treber

En los debates previos al acto electoral de octubre, uno de los temas que los más acerbos comentarios y también no pocos disgustos fueron los cargos que el entonces presidente profirió contra el principal candidato opositor en relación a la “herencia recibida”; sin vacilar en falsear la realidad. Es bien sabido que durante la gestión del período 2003/15, se redujeron sustancialmente las deudas financieras que contrajeron los gobiernos anteriores. Como consecuencia directa, el pasivo total al 10 de diciembre de 2015 fue el menor que se debió afrontar en cambios de los respectivos equipos gubernamentales durante los últimos 50 años. Decir públicamente que “dos de cada tres pesos” gastados fueron afectados al pago de una deuda inexistente constituyó un atrevido cuan audaz invento; lo cual no admite justificación alguna. En cambio, al concretarse el reciente traspaso el 10 de diciembre pasado, el pasivo llega a niveles nunca antes conocidos.

Por lo tanto, evitar una mayor e inusitada suba en la cotización del dólar en nuestro mercado interno se constituyó en una prioridad absoluta. La enorme carga que significa cancelar los pagos de la deuda, exige a los funcionarios a negociar nuevos y amplios plazos con menores niveles de intereses para poder atender tales obligaciones sin apelar a importantes quitas. Esa situación se agravó pues no se había encarado ningún programa de obras públicas y otras para poder sustentar la infraestructura que habitualmente se reconoce como indispensable, básica e impostergable. En nuestro caso, incluso los fondos provenientes del FMI fueron virtualmente “liquidados” sin encarar ese tipo de obras que son vitales para consolidar el crecimiento.

Suele ser habitual que, según su grado de desarrollo, en todos los países se considere indispensable prestar el máximo apoyo estatal a las actividades inversoras y, específicamente, a la generación energética para impulsar la producción; aunque para optimizar dichos procesos se diferencia según las características que primen en cada uno y sus respectivas áreas de influencia. Resulta sorprendente, y hasta sospechoso, que el equipo que gobernó nuestro país en los últimos cuatro años no impulsó la industrialización y sólo se concentró en promover un inexplicable retorno a la primarización de nuestra economía, que ya había logrado superar.

La “herencia” precedente

Lo antes mencionado significó que se había optado sin informar ni consultar a los que conocen dichos temas y ello generó un significativo retroceso en materia productiva que, de inmediato, se tradujo en una extensa cuan aguda recesión; sembrando miseria en un amplia franja de su población y desplazó a nuestro país, que por entonces ostentaba el 21º, al 29º lugar en el concierto ecuménico de economías nacionales, medidas en función del respectivo producto bruto.

Uno de los pocos signos positivos que se pudo advertir en ese lapso fue una notoria recuperación, concretada a través de un proceso de intenso reequipamiento en materia de maquinaria agrícola, seguramente vinculada con la concreción de la cosecha record 2018/19. La incorporación de esa maquinaria fue protagonizada por alrededor del 45% de las empresas del rubro; mientras que en el mercado de herramientas sólo lo hicieron un 17,5% de las mismas.

En lo que respecta a la producción de equipos, el 37,5% de las firmas exhibieron subas en ese aspecto e incorporaron a su gestión, como mínimo, el equivalente a un 40% en materia de nuevos elementos que vitalizaron de inmediato la producción reduciendo tiempos. Una cuarta parte de dichas empresas, por el contrario, registraron notorios descensos en la actividad productiva y otra franja que cubre el 18,8% exhibió caídas variables entre el 10% y 20% en comparación a años anteriores. Respecto al nivel del personal ocupado, un comunicado de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que no se registraron bajas sensibles, quizá debido a que la excepcional cosecha de 141,5 millones de toneladas de granos requirió poner en pleno funcionamiento en forma integral todos los factores concurrentes requeridos a los efectos de lograr su adecuada colocación en los diversos mercados del planeta.

En la actualidad, uno de los mayores desafíos que enfrenta nuestro país es el de disponer, en el momento preciso, los recursos indispensables para viabilizar en forma paralela un proceso de expansión del consumo interno y de las exportaciones al par de ampliar, muy considerablemente, el número de compradores externos en procura de superar progresivamente la gama y naturaleza de los productos ofrecidos.

Uno de los problemas más preocupantes -todavía no resuelto- es el hecho que alrededor del 75% de la deuda pública ha sido contraída en dólares y debe ser atendida en idéntica forma. En el mercado financiero internacional la situación de la economía argentina ha suscitado gran expectativa que, muy prudentemente, les impone un período de análisis y seguimiento. Se espera en forma detallada conocer el conjunto de medidas que el flamante equipo ha venido preparando y que camino adoptarán para atender el crecido monto de obligaciones que contrajo la administración precedente.

Los recursos para el ejercicio en curso

Los más respetados analistas advierten a quienes acuden a sus servicios que será necesario disponer de nuevo y mayor nivel de financiamiento casi de inmediato para atender las múltiples obligaciones, muy perentorias pues vencen en el transcurso del corriente año. Las estimaciones han llegado a determinar que totalizarán no menos de 27.000 millones en dólares estadounidenses y además en moneda nacional equivalente a 15.000 millones de dólaeres. Semejante cúmulo de obligaciones requiere sin demora alguna encarar una negociación integral con el FMI para concretar nuevos y más extensos plazos de vencimientos. También se deberán lograr acuerdos respecto a la cantidad de pesos que se podrá emitir por vía del Banco Central.

No pocos especialistas de estos temas han anticipado que según sus más recientes cálculos, la cifra no podrá ser menor que de 499.000 millones de pesos. Otros técnicos, que se muestran mucho más prudentes, reducen esa cifra a “sólo” 230.000 millones ya que estiman que poder del Tesoro habría alrededor de 220.000 millones de pesos. Al margen de las enormes diferencias que median entre ambas evaluaciones, resulta evidente que se deberá disponer de una muy importante y creciente cantidad de divisas que sólo se podrán obtener incrementando en una medida muy significativa el monto anual de nuestras exportaciones. Por lo tanto, el acelerado incremento de las ventas al exterior debe ser considerado una de las máximas prioridades para evitar un default.

 
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