¿Podrá China sustentar la senda del crecimiento global?

Relaciones internacionales | Por Mario José Pino

En estos días en que el Covid-19 recrudece en algunas partes del mundo y desde la Organización Mundial del Comercio (OMC) se advierte que una segunda ola de la pandemia demorará por varios años más la recuperación de la economía global, China ha impuesto un régimen “de guerra” en Beijing por la aparición sorpresiva de nuevos casos. Las limitaciones a la libertad de prensa y el manejo de las comunicaciones y la información pública por el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) deja margen a especulaciones que se basan en la inferencia de datos, por caso, el incremento inusitado de ocupación en los estacionamientos de hospitales permite dudar sobre la oportunidad de la aparición del virus, y los millones de cancelaciones extemporáneas de cuentas de teléfonos celulares en Wuhan cuestiona el número real de víctimas fatales por la peste.

Los datos económicos que pueden obtenerse abren camino a muchas especulaciones, pero hay una convicción generalizada: que China no podrá repetir el rol de motor de la economía global que cumplió en la emergencia de la crisis financiera de 2008, cuando venía creciendo desde hacía 30 años a tasas notables. La recesión aparece hoy como un fenómeno nuevo y desconocido por el gobierno y el pueblo.

Gerog Fahrion publica recientemente en “Der Spiegel”, una nota titulada “Esta vez China no nos salvará”; allí especula sobre las infundadas expectativas del mundo occidental, y aporta datos y percepciones de alrededor de 5.000 empresas alemanas radicadas en el coloso asiático. China aportó estímulos por 511,2 millones de millones de dólares (billones) durante la crisis de 2008, que fueron decisivos para la recuperación, y en los últimos 10 años participó en un tercio del crecimiento del PBI mundial, importante para evitar el colapso general de la economía. La recuperación que se percibe en estos pocos meses posteriores a la pandemia carece, según el analista, de una solidez y fortaleza determinantes.

El turismo interno en el mes de Mayo se recuperó a una circulación de 115 millones de turistas, lejos de los 195 millones de mayo de 2019. Para principios de Mayo, entre un 80% y un 90% de las empresas habían reiniciado sus actividades, pero ni el consumo de la población se recupera, ni las empresas subsanan las pérdidas del primer bimestre. La reposición de stocks sería el motor de la actividad, y el incremento de las exportaciones se debería a la acumulación del primer trimestre. Una fuerte dependencia de las exportaciones y una previsible disminución de la demanda de los países desarrollados la afectará sensiblemente.

La caída más fuerte del crecimiento chino desde 1978 fue del 2,4% en un trimestre, durante la crisis de 2008; la caída en el primer trimestre de este año la fue del 12,8%. La tasa de desempleo, históricamente cuestionada porque excluye acerca de 300 millones de trabajadores migrantes, siempre rondó el 4%; en Abril según datos oficiales, es del 6%; una empresa china, Zongtai Securities, ubicó el desempleo en el mes de Abril en el 20,5% en un informe que fue removido en 24 horas. Se estima que el desempleo hoy en día afecta entre 60 y 100 millones de personas, y se descree de la capacidad del Partido Comunista Chino para asegurar trabajo a los 8,5 millones de estudiantes que egresarán este año.

Por primera vez en décadas, el gobierno ha fijado un déficit fiscal superior a lo históricamente tolerado, un 3,6%, y ha abandonado objetivos de crecimiento. Según las universidades de Beijing y de Tsinghua, las compañías radicadas fuera de los grandes centros industriales proveen 4 de cada 5 puestos de trabajo, y el 85% de ellas podrían entrar en cesación de pagos si no reciben asistencia crediticia, mecanismo inusual en la banca china, que prefiere prestarle al Estado. El gobierno del PCCh sin duda hará una fuerte inversión (superior a los 500 millones de millones de dólares), pero que serán orientados preferentemente a sectores en los que se desarrolla la guerra estratégica que sostiene con los Estados Unidos, esto es, en inteligencia artificial, alta tecnología y defensa.

También se alejan las posibilidades de una tregua en esa guerra comercial que sostiene con Washington. En el primer trimestre del año, China solamente cumplió con el 10% de las importaciones de productos primarios estadounidenses prometidas en el inicio de la tregua, el nivel más bajo de importaciones desde 2007; a ello se suman las restricciones al comercio con Hong Kong, en virtud de la pérdida de autonomía que altera la matriz de las ventajas comerciales otorgadas y las retorsiones que sin duda aplicará Beijing.

Aún con la relatividad de los datos, crece la certidumbre que difícilmente las esperanzas de un relanzamiento del crecimiento global de la economía puedan descansar en China, al tiempo que crece la incógnita de cómo emergerá de esta crisis y de qué manera dominará los daños que la peste le provoque.

Abogado y diplomático

 
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