Pandemia, incendios y una persistente insensatez

Medio ambiente | Por Mario José Pino

Acaba de publicarse el informe sobre la situación de la biodiversidad del planeta de la Fundación de Vida Silvestre (WWF, por sus siglas en inglés) con datos e informaciones preocupantes. Este trabajo bianual contiene conceptos y números de significativa coincidencia con las cifras que emanan de las Naciones Unidas (ONU) y concluye en algo que ya no es novedad: en que la relación del hombre con la naturaleza está quebrada, resaltando la falta de empeño de la humanidad en el “cuidado de la casa común”, usando una categoría del papa Francisco, en Laudato Si´.

Como punto de partida, el informe (puede consultarse en internet: Living Planet Report 2020) afirma que desde 1970 la población de la vida silvestre ha disminuido en un 68%. Las consecuencias del deterioro no están afectando solamente a la naturaleza en su biodiversidad, sino también al propio ser humano, a sus relaciones políticas y aún internacionales.

En febrero de 1972, uno de los argentinos más notables alertaba sobre la situación del planeta. Señalaba que en el último siglo (se entiende: hasta 1972) el ser humano había exterminado a cerca de 200 especies animales y que “ya en el colmo de su insensatez, mata el mar que podría servirle de última base de sustentación”. Cuatro meses después, se reunía en Estocolmo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, primera cumbre mundial sobre el medio ambiente, que en su declaración final recogía, aunque sin reconocerlo pues no correspondería, la totalidad de los puntos denunciados en aquel Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo.

Cincuenta años después los números son alarmantes; baste advertir que un millón de especies animales y vegetales están en serio peligro de extinción cuando no extintas ya. La deforestación y el uso ilimitado del agua dulce para alimentar un sistema productivo irracional y desbocado, con el urbanismo descontrolado, también han alterado el equilibrio de la naturaleza y la biodiversidad.

Antes que suceda la pandemia del Covid-19 ya había estudios que indicaban que la ocurrencia de zoonosis, más precisamente las zooantroponosis, se multiplicaron por cuatro y se deduce, conforme muchas opiniones científicas calificadas, que la peste que en este momento soportamos estaría muy lejos de ser la última pandemia que enfrente esta generación.

Los incendios que vienen ocurriendo en el último año no registran antecedentes. Los de Australia, aunque menos extensos que los de 1974-1975, afectaron a 800 millones de animales vertebrados. Los que se suceden hoy en Estados Unidos han sido categorizados como de calamidad catastrófica.

En la amazonia brasileña llevan registrados, solamente en el reciente mes de agosto, más de 1.100 focos ígneos. En nuestra Córdoba, gracias a la encomiable labor de nuestros bomberos, fueron limitados y, aun así, nadie dejó de percibirlos como trágicos.

En todo el mundo, como en el mensaje que venimos refiriendo, hay unanimidad en dos cosas: la situación es extrema y la responsable del deterioro es la Humanidad.

En el año 2000 el premio Nobel de química, Paul Curtzen, acuñó (o reflotó) la idea que la tierra había dejado atrás el Holoceno (del griego hólos, total, integral) que persistía desde la última glaciación. En todo ese tiempo, el Globo no pudo ser alterado por ninguna de las partes que lo integraban. Los científicos discuten cuándo ha comenzado la nueva era, el Antropoceno; las opiniones varían entre el año 1800 DC, hasta más recientemente, en 1950, pero, salvo la excepción que considera que es un concepto político, la gran mayoría concuerda en que el cambio se ha operado por la explotación indiscriminada de los recursos del planeta, holísticamente integrado.

En esta nueva etapa, el Antropoceno, el hombre está alterando el sistema por si, modificando 12.000 años de historia geológica.

El impacto de la acción humana sobre la naturaleza es de una magnitud que no solamente impacta biológica o geológicamente al planeta, sino que también afecta, cada vez más, el mapa y las relaciones políticas y geoestratégicas del Globo. Cada vez más, en los gabinetes y centros de pensamiento de excelencia sobre las relaciones internacionales, se está encarando este tema, que excede el mero marco del conservacionismo medioambiental.

La inestabilidad de la naturaleza tendrá incidencia categórica en las relaciones internacionales y en el destino de las naciones. Este detalle tampoco se le escapó a Perón en su mensaje de 1972, en el que no dejo de advertir, entre tantos otros pormenores y cuando Elon Musk no había cumplido ni un año de vida, que el mundo debía reconvertir de manera urgente su parque automotor con ingenios eléctricos. Como lo planteara hace cinco décadas, es inadmisible que los gobiernos no presten la debida y prioritaria atención en sus agendas.

Diplomático y abogado

 
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