QAnon: la economía de la conspiración

Escenario Global | Por Andrés Ortega

No se sabe quién es Q pero ha dado lugar a un movimiento conspirativo en EEUU, que precede a la pandemia pero que ha crecido espectacularmente al amparo de los confinamientos y la crisis económica. ¿Es una persona o un grupo? ¿Es producto de un uso malicioso de inteligencia artificial entrenada con posts conspiratorios? ¿Hay alguna potencia extranjera detrás? Hay diversas teorías, ninguna concluyente. En todo caso, ha dado lugar a un movimiento: QAnon (el Anon viene de “anónimo”).

Hace tiempo que el FBI se lo tomó en serio al calificarlo, en un memorándum interno en 2019, de “potencial amenaza terrorista”. QAnon es hijo de las redes sociales, de las que resulta difícil sacarlo (aunque Reddit lo ha eliminado de su servicio, Twitter ha suspendido miles de cuentas y Facebook también. En los meses de la pandemia, este agitador de las redes sociales ha conseguido un seguimiento asombroso de cientos de miles. Su discurso desgrana las conspiraciones que ve contra Trump, convertido en héroe del movimiento. Pretende defender al presidente del “Estado profundo”, una élite, servicios de inteligencia y militares que, asegura, conspiran contra él. Q da a entender que es un alto funcionario con un alto grado de acceso a secretos oficiales.

Parecía un fenómeno marginal, hasta que ha entrado en el debate y se ha convertido en “mainstream”. Puede tener consecuencias en las elecciones del 3 de noviembre y después, porque Q está haciendo llamamientos a una insurrección armada si Trump –tras un fraude, como ha denunciado– pierde la Presidencia.

Las teorías conspiratorias de Q para poner en pie un nuevo orden mundial son complejas y llena de contradicciones, pero a sus seguidores no parece importarles. Un 56% de los republicanos cree que la teoría conspiratoria de Q es en parte o totalmente verdad. Este ha explotado la idea de “la calma antes de la tormenta” a la que en alguna ocasión se ha referido el propio Trump, que ha retuiteado algunos mensajes y comentarios de seguidores de QAnon. Algunos de estos simpatizantes declarados han entrado en la política, como Marjorie Taylor Greene, candidata republicana por Georgia.

Q apareció en octubre de 2017 en el foro marginal 4chan con sus mensajes en clave. Pero es con el Covid-19 y los confinamientos el interés por QAnon y la actividad on line se disparó. Según la publicación “Mother Jones”, el número de tuits con su “hashtag” se duplicó entre 2019 y abril de 2020, cuando la primera ola de la pandemia y los confinamientos y cierres de negocios estaban haciendo estragos. El coronavirus lo alimentó. Los analistas suelen ver una relación entre la ansiedad y la teoría de la conspiración en estos tiempos duros. QAnon está recogiendo parte de los negacionistas del coronavirus, de los que se oponen a las vacunas y al movimiento Black Lives Matter.

Muchos en la derecha encuentran que QAnon es excesivamente extremista, aunque crean en la existencia de un “Estado profundo” que va contra Trump. Para Kevin Roose, de The New York Times, QAnon no es un movimiento político propiamente dicho. Pero como bien ha analizado Quassim Cassam, la función de las teorías de la conspiración es promover una agenda política. Quizá, como también se describe en ocasiones, se asemeje a un “videojuego multijugador masivo en línea” debido a que crea unos ámbitos de supuesta realidad compartida con muchos otros. Para Adrienne LaFrance, en un extenso análisis en “The Atlantic”, no se trate simplemente de una teoría de la conspiración sino del “nacimiento de una nueva religión”. Desde luego, cuenta con verdaderos “creyentes”. Y ha tomado prestadas ciertas expresiones de movimientos evangélicos y escatológicos, como la idea del “advenimiento” de un futuro atractivo, para ellos. LaFrance recuerda cómo el historiador Norman Cohn, en su famoso libro “En pos del milenio: revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media”, de 1957, consideraba que el milenarismo surge en zonas y períodos de profundo cambio social y de desigualdad económica muy patente. Como los que estamos viviendo.

EEUU es muy dado a teorías conspirativas, que en algunas ocasiones han tenido fundamento. No tienen por qué ser plausibles sino “contrarians”. En la actualidad crecen en el caldo de cultivo generado por el propio Trump con sus noticias falsas, y algunos guiños hacia este movimiento. Reflejan una falta de confianza en el establishment, del que Trump ha conseguido distanciarse, aunque sea el comandante en jefe y uno de sus hombres de negocios con éxito. QAnon es mucho más que un fenómeno marginal.

 
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