Volver al futuro

Otro Día En El Paraíso, por Federico Racca

Encuentro un viejo archivo que no puedo abrir. Un amigo corre a mi auxilio, las páginas se despliegan en la pantalla y así me traslado al año 1997. Estoy en una casita sin terminar en el frío del Chubut, en las cercanías de Gastre, allí donde se entierran -casi se esconden- nuestros desechos nucleares. En el camino he pasado por Languiñeo, el lugar mítico de la gran batalla entre tehuelches y mapuches -el nombre en araucano significa “allí hay muchos muertos”. Entrevisto a un padre franciscano de noventa y tres años, que vive aquí -sin calefacción, sin lujo alguno- y que ha construido quince iglesias con sus propias manos. Para muchos es un santo, un hombre solitario y sonriente que no se acuesta sin pasar por el hospital del lugar en que esté para visitar a los enfermos. Con los años sabré muchas cosas de él, escribiré un libro y algún artículo en este mismo HOY DÍA CÓRDOBA. Una de las cosas que me asombrarán, es que ese cura franciscano llamado Teófano Stablum, se carteará durante muchos años con uno de los teólogos más renombrados del siglo XX, Hans Urs von Balthasar. Esos dos hombres, uno en Europa y otro en la Patagonia profunda, discutirán sobre teología y sobre la vida civil.

Avanzo en el archivo que tiene poco más de ochenta páginas y que está fechado el 5 y 6 de diciembre de 1997. La memoria es maravillosa y entonces recuerdo a ese anciano sentado frente a mí, diciendo cosas que me incomodaban, que no cuadraban con la idea que me había hecho, pero que hoy, veinte años después, parecen un anticipo de lo que vivimos. Para que nos ubiquemos lector, estamos en pleno menemismo, con el uno a uno gobernándolo todo. Dice Stablum: “Cuando Menem hacía la campaña me preguntaba una señora que me parecía Menem. Y yo le decía: mirá, Menem no es argentino, Menem no es francés, Menem no es italiano, Menem es árabe, y entonces ya van a ver lo que es un árabe. Y él es un árabe, y vive a lo árabe, y el árabe es un árabe, y con todas las consecuencias. Entonces junta el fútbol con la política, el tenis con la política, el golf con la política; es árabe, da para todo.Da para la frivolidad y al mismo tiempo para grandes decisiones políticas. Y como él dice que la política es el arte de lo posible… A los argentinos habría que decirles: y bueno, y qué quieren los argentinos, quieren vivir como Cuba? Perfecto. No paguemos más al Fondo Monetario Internacional y vivimos como Cuba. ¿Pero están dispuestos a renunciar a esto, esto, esto? No queremos renunciar a nada en absoluto, lo queremos todo. Bueno, entonces háganse esclavos.

Si Jesucristo apareciera en Plaza de Mayo, se acercarían ciertamente a los radicales, el Frepaso, el Chacho Álvarez, Terragno y compañía y le harían la tremenda pregunta: Y a usted Señor, que dice la verdad a todo el mundo, que le parece: ¿hay que pagar la deuda externa? ¿Jesucristo qué diría? Y bueno, muéstrenme la manera con que la pagan. Y le mostrarían un dólar. ¿Qué diría Jesucristo? Denle el dólar a quien es su dueño y denle a Dios lo que es de Dios. ¡Chau! La Argentina de ahora es tal y cual la de Jesucristo, es igual. Los romanos dominaban en Jerusalén, dejaban vivir a los judíos a su gusto y antojo, como el Fondo Monetario deja vivir a los argentinos a su gusto y antojo, con tal que le paguen. Bajo este aspecto, ¿qué debe hacer Menem? ¿Rebelarse ante Clinton? Clinton es un hombre y el Fondo Monetario todos los meses manda sus inspectores para que vean como anda la Argentina. ¿Y cómo debe andar? Debe andar de manera que pueda seguir pagando… La Iglesia misma está confundida. La Iglesia primero que todo debería decir claramente a los argentinos una cosa, muy claro: Queridos argentinos, no se puede estar hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy, siempre. Algún día hay que decir basta. Estamos bien y se terminó. No siempre más, siempre mejor, siempre mejor. Claro, al decir esto siempre me dicen “usted está contra el progreso”. Es inútil, no se puede estar hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy siempre. Sí, alguna vez sí y alguna vez no. Alguna vez hay que estar peor. No hay que estar siempre mejor, no es posible, no dan las cosas. No da porque son cosas materiales, son cosas económicas. Hay sólo una cosa que se puede siempre más, se puede amar siempre más, sí, eso sí. Pero hay que tener el coraje de decirle eso claro a la gente. La iglesia debería tener ese coraje porque eso es evangélico, eso es la moderación evangélica”.

02 Noviembre 2018
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