Pueblo

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

La insatisfacción convertida en mercancía; oropel como imagen de unificación dichosa rodeada de desolación y espanto; centro tranquilo del horror; a saber: porque el sistema no es dado sino implantado, ¿sentirlo propio como muela de titanio? ¿Y la caída? ¿Y que un día nos vamos? La canción del Rodol(fito) Páez como metáfora del último momento que debe ser dichoso: Hay recuerdos que no voy a borrar / personas que no voy a olvidar / silencios que prefiero callar...

Aglomerado de soledades en esa invocación nombrada “pueblo”: en este infierno ELLOS siguen en sus negocios habituales, manejando masas, poniendo en marcha sus imprentas, dando sermones, oscureciendo textos que revelarían verdades horrorosas. Leo la encíclica Populorum progressio (se recomienda), busco la palabra “pueblo” y surge incierta más allá del protoitálico *poplo “marina de guerra” (también puede establecerse la línea hacia *plh- “estar lleno”, pero una versión reduplicada *po-plh sería extraña y su significación obscura). Populorum Progressio (el progreso de los pueblos) afirma que “los pueblos hambrientos se preguntan”, pero ahora, cincuenta años después de que fuera publicada la encíclica, ¿los pueblos hambrientos se siguen preguntando? Dudoso hambre mas hastío, ¡líbranos de lo lleno! “Llenad la tierra y sometedla”, dice el Génesis, pero vivimos en el lleno agobiante. Un amigo brillante, ya ido, que poeticé en estas páginas, el Ronald Kay, me dijo algo así como lo de Lucas 7, 22: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.” Eso, dijo Kay, más el deber de hospitalidad siempre. “El resto es cháchara”, como filosofó aquel viejo Leónidas Saadi del que nos reíamos pero que tenía razón.

La encíclica define al trabajo como un ambivalente, pero, ante el sistema que nos vuelve tontos engranajes, prefiero lo del Guy Debord (sigo leyéndolo poseído, una y otra vez, desde hace meses, como en un memento): “¡No trabajes nunca!; te repito, no trabajes nunca; falsa elección en la abundancia espectacular que esconde la unidad en la miseria.”
Década de los noventa y un intendente llama desesperado: “¡Urgente! Empezamos el traslado del Cementerio Viejo, últimos entierros en la década del cincuenta, sin embargo salen todos cuerpos intactos, húmedos, como recién muertos. Seguro son desaparecidos, fosas de desaparecidos, ¡me quiero morir!” Viaje a Córdoba a todo lo que el auto de la municipalidad da; parece perder las chapas por la velocidad. Entrevistas con médicos forenses creo que Equipo de Antropología Forense- y la frase contundente de los galenos: “No hay fosas ahí, tranquilos, estamos seguros. El problema es que tanto conservante que cuerpo no elimina y entonces perpetuos”.

Camino hacia el Cementerio Viejo de Río Ceballos, enfrente la casa de las bellas: Gabriela, Dilba, Mariela y María Gracia. Veo sus calzones y corpiños de taza colgados enfrente de la abandonada Plaza San Isidro (Placita de los Muertos). Sólo dejaron una cripta de piedra negra, una virgencita y juegos para niños de plásticos de colores; hay dos pequeños que corren y saltan. Le llaman “Cementerio de los Muertos que No Se Pudren” -y los muertitos exánimes sin tierra- y una lenguaraz del pueblo me dice: “La Martita Solari era una chica muy bonita, ¡pobrecita! Se suicidó por mal de amor. Apareció intacta con los bucles rubiecitos, el ramo marchito y el vestido de novia bien planchado.” ¡Pobre la Martita Solari! Io venni in luogo d´ogni luce muto... (vengo de un lugar de todas luces mudo) dice Dante en la Divina Comedia y en la tele del bar los hombres piden ser esclavos: “¡Trabajo! ¡Pan y trabajo!” En ese bar falta el dueño; don Pedro Ray, muerto de los pulmones, igual fuma y me dice: “¡qué voy a parar ahora!” Pedro Ray fuma (gris papel la piel), se sienta en la vereda y tira billete debajo de auto estacionado para que el loco Dionisio (limpio, ético, busca todo el tiempo pero no acepta si le dan) encuentre y así coma.

Discuto esta nota con un amigo, los WhatsApp van y vienen. Su últimos renglones me convencen, dan un cierre: “en la espectacularización el sujeto muere, ese que era ya no está; eso sí es tremendo. Y a vos querido, ¿qué te parece del orden del horror? Para mí creo que no hay algo peor que la muerte en vida, que no pase nada; eso del vacío y el espectáculo ahí taponando”.

07 Diciembre 2018
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