El milagro de Brochero

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

No creo en Dios, no creo en los santos, soy apenas un escritor que siente milagroso el encuentro con algunas personas, con sus historias. Pocos meses atrás, estaba trabajando con una mujer joven y ejecutiva. Entre reunión y reunión, una historia se deslizó: “mi hermano fue el primer milagro de Brochero”. Después me contó que la familia no ha querido dar entrevistas para proteger la intimidad de su hijo. Le pregunté si no le gustaría que hiciéramos una nota y al aceptar le envié unas preguntas por mail. Lo que sigue es su generosidad y profunda emoción que se vuelven regalo en esta Navidad: “Mi hermano nació cincomesino, con 900 gramos y llegó a pesar 600. Tuvo dificultades respiratorias, cardiopatías severas, hidrocefalia, un coágulo cerebral, además del diagnóstico de un posible retraso por la falta de desarrollo de su cuerpo. Según su pediatra fue reanimado entre treinta y cuarenta veces y pasó cuatro meses en incubadora. Recién al tercer mes pudo estabilizarse. Fueron días muy difíciles, ya que además de su lucha por la vida, mi mamá también luchaba por la suya. Recién se conocieron a los seis días de nacido, el 26 de enero, casualmente el día del aniversario de la muerte del Cura Brochero. Mis viejos se aferraron a lo que podían, pero especialmente al cura. Mauri estuvo internado en el Instituto Halac, médicos y enfermeras lo amaban. Tuvo dos transfusiones de sangre completas y se hacían muchos chistes, como que la capacidad para dormir tantas horas se la transfirió una enfermera que donó su sangre... Los meses fueron avanzando y Mauri mejoró de una manera imposible para la ciencia. La evolución era tranquilidad para la familia, para mis viejos que tanto rogaban al cielo. Con el paso de los años, se volvió un chico completamente normal, sólo le quedó una secuela visual. El doctor Domingo Tácite, una eminencia en oftalmología, lo operó ocho veces hasta que cumplió siete meses de vida.

Hoy Mauri es mi orgullo, está a un mes de cumplir sus treinta años, tiene dos títulos y su propia agencia de viajes. Vive solo, con su perro manto negro que lo cuida y que para mí es como un sobrino. Mauri es una de esas personas que uno las define como buen tipo, un hermano que cualquiera en el mundo sería feliz de tener. Respecto al milagro, cuando la historia clínica no podía ser explicada por la ciencia, mis viejos buscaron agradecerle al cura Brochero, devolviéndole lo que creían que era justo, luchando para que su santidad fuera reconocida. Desde que Mauri era muy chico y hasta sus diez años aproximadamente, vinieron médicos del Vaticano para estudiarlo y corroborar el milagro de su curación. La causa de Mauri fue la primera, la que hace que lo declaren venerable a San José Gabriel Brochero. Los casos posteriores le dieron la beatificación y la santificación.

Mi vieja, junto con el cura del pueblo, el gran Cacho Ricotti, y mi padre, empezaron a organizar encuentros. Yo era muy chica y no sé qué actividades especificas realizaban, igual me daba cuenta que a mis viejos los movía el ver a su hijo, la prueba viviente de que el cura hacia milagros; y Cacho, desde adentro, habrá hecho su gestión.

Respondiendo a tu última pregunta te diré que a mí me cuesta creer en Dios, me cuesta creer en la Iglesia como institución que me represente. Desde que murió mi mamá luego de un cáncer de cinco años, después que tuve que ver un proceso que no desearía que nadie viera en alguien que ama, me cuesta creer en Dios. Siempre me pregunté algo: si existe un dios, ¿por qué le quita la madre a una nena de once años? Pero en lo que no puedo dejar de creer es en Brochero. Tengo la prueba viviente conmigo todos los días y realmente ese chico tiene ángeles que lo van siguiendo. Por su mala visión (y porque es un colgado) se cae por lo menos una vez al día y ¡ni siquiera un hueso se ha quebrado!

Cuando pienso en Brochero siento una emoción que me pone la piel de gallina. Entrar a su iglesia y el orgullo cuando alguien lo nombra, los latidos en el corazón durante los días de su beatificación y luego de su santificación, es algo que no puedo explicar; y tenerlo al Colorado (el Mauri es pelirrojo) al lado nuestro, eso es increíble.

28 Diciembre 2018
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