Zoom, paredón y después

Por Pedro D. Allende

De China partió el coronavirus, y, siguiendo rutas ancestrales, se entretuvo en Oriente Medio para anidar en la península itálica. Su derrotero se amplificó al planeta, pero mientras esperamos la proverbial medicina que lo ponga en vereda, desde la tierra de Zhang Sanfeng (fundador del tai chi) y de Sun Tzu (autor de “El arte de la guerra”) llegaría en nuestros días Eric Yuan, un joven ingeniero nacido y formado en Shandong. Tras hacer experiencia en empresas norteamericanas “punto com”, fundó Zoom Video Comunications, próspera firma cuyo homónimo producto estrella facilita nuestras comunicaciones en tiempos de aislamiento obligatorio.

El Zoom es novedad en el firmamento corporativo, institucional o político. Se multiplican las reuniones virtuales a lo largo y a lo ancho del mundo, mientras un chino -se pondrán el babero Mao o Xiaoping- será par de Zuckerberg, Jobs o Bill Gates. Probablemente el software de marras presente dos ventajas: acercar a las partes, facilitar al humano un refugio para regresar a la condición de animal social; y brindar una pálida (aunque legítima) sensación de que las cosas no están tan mal.

Haciendo gala de velocidad de reflejos y eficiencia, el vicegobernador cordobés Manuel Calvo (apodado por el sindicalismo de élite “más rápido que inmediatamente”) echó mano al recurso para impulsar la primera sesión virtual de la Comisión de Labor Parlamentaria, que representa a todos los bloques y funciona en el receso como “guardia permanente” de la Legislatura. Se había convocado por última vez un par de semanas atrás, para recibir a Diego Cardozo y a su equipo, antes de la sanción de la ley de emergencia sanitaria. El bisoño titular de la cartera de Salud contó, en la ocasión, con refuerzos: los legisladores González y Fortuna -ex ministros del área-, frente un elenco opositor que se abrió en extraño degradé: los menos confrontativos Cossar o Arduh; la anodina posición del Frente Cívico; y el nihilismo en el que coinciden finalmente pensamientos extremos: los conservadores García Elorrio y Marcone (que terminó discurriendo sobre el aborto) con el progresismo de folletín tan poco responsable de Díaz García y Echevarría, preocupadas por el negocio de la salud privada o entusiasmadas al proponer aumentos salariales imposibles. Según testigos que prefieren el anonimato, la ley se votó sin complicación, aunque muchos legisladores no tuvieran clara la tremenda situación sobreviniente, y se concentraran en su propio ombligo al pedir la palabra.

Calvo tomó nota y diseñó el pasado miércoles, una sesión virtual a medida. Convocó al ministro Carlos Massei, quien expuso sobre la situación social mientras se procura contener la pandemia. Mis fuentes me indican que el oficialismo lo acompañó en el recinto y la oposición siguió la tenida por vía remota, lo que ocasionó quejas de legisladores ofendidos por esta “discriminación 2.0”. Acallados los cacareos, un paciente Massei precisó cifras que dan cuenta del “efecto pandemia” y de la aguda crisis de pobreza estructural que transitan tanto el país como la provincia. El subsidio de emergencia que otorgará la Anses fue solicitado por más de 9,5 millones de compatriotas, poco más de la quinta parte de la población total del país, probablemente una adecuada variable para medir la indigencia real nacional. El cruce de datos depurará el listado de beneficiarios, que se estimaba en un tercio de esa cifra. Se considera (aunque no lo dijo el ministro) que en Córdoba pueden haberlo requerido alrededor de 900.000 personas, cuando apenas serían unos 200.000 los beneficiarios: la brecha habla por sí misma.

No esquivó Massei una realidad. El Ejército está colaborando activamente con el gobierno de la Provincia de Buenos Aires en el difícil conurbano, y el ministro admitió que hay contactos, necesarios dada la emergencia, pero sin trabajo conjunto en terreno hasta el momento. Pero le dijo a los legisladores: “si es necesario, vamos a convocar al Ejército”. Otro signo de los tiempos.

En materia de trabajo conjunto, según Massei la colaboración con la Nación es completa: destacó el acierto de la Tarjeta Alimentaria, que alivió la pesada carga de dar de comer a enormes grupos de indigentes en Córdoba; 177.200 cordobeses poseen el beneficio (45.000 en Capital) que permiten a la provincia enfocarse en programas específicos como Paicor, que atiende a 255.000 niños, o redireccionar otros fondos presupuestarios ($ 300 millones) a medidas de complemento social. Y otro número explosivo: de los 592.000 jubilados nacionales que viven en Córdoba, la mitad cobra el haber mínimo (casi $ 16.000). Otra bomba de tiempo al corto plazo. El fracaso del “desarrollo social”, en su más cruda expresión.

Dicen mis fuentes que tras retirarse el ministro, Labor Parlamentaria continuó con sus asuntos, como los enredos sobre el recorte salarial.
El drama descripto previamente, continuaba camino hacia la nada. Zoom no lo podría arreglar. A seguir contando infectados y muertos. Será nomás, “paredón y después”.

 
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