Controlando los granos

SOCIEDAD Y ECONOMÍA
por Carlos Peludero
Especial para HDC


Por estos tiempos está en discusión la necesidad de crear o no algún  ente público que regule, compense e intervenga en distintas formas y grados en la promoción del sector productor de granos en la Argentina y de su comercialización interna y externa, especialmente en el de la soja.

Desde el planteo de crear entidades similares al IAPI de los años 1946-1955, o las Juntas Reguladoras de Granos con sus diferentes grados de participación, la gama de propuestas es variada, e incluye por supuesto la de sacralizar el mercado libre y jocundo. Se hace notar, además, que en otros países del mundo ese tipo de organismos totalmente estatales o mixtos existen, y de distintas formas, con participación en materia financiera, acopio, defensa de precios y  exportaciones han sido exitosos; a lo que se replica que los que aún existen han cedido poder o que la intervención se justifica en mercados chicos y/o se justificaba en otro contexto económico-social mundial.

La producción agropecuaria es estratégica porque garantiza la provisión de alimentos para la población. Por ese motivo es de interés general la disponibilidad y acceso de esos bienes. Para nuestro país, que a pesar del crecimiento operado en los últimos años (ahora menguado), no ha podido romper el alto grado de dependencia de las exportaciones de granos y su consecuente ingreso de divisas, ni ha podido romper la estructura monopólica de la producción de bienes y servicios en sectores claves de la economía, resultando presiones combinadas de estas situaciones con la enfermiza propensión nacional a la tenencia de dólares, que junto a las operaciones non santas de parte del sector financiero y la fuga de divisas genera tenciones suficientes para tornar muy difícil frenar la inflación, abastecer de insumos importados, mantener política activas de promoción del consumo y el empleo, y tener divisas para equilibrar las balanzas y atesorar reservas. No debemos olvidar los compromisos derivados de la eterna deuda externa.

Atacar el problema de la comercialización de granos importaría abrir un difícil frente de discusión política, pero su resultado favorable permitiría fijar límites al chantaje que se ejerce con la retención de granos, ayudar a los pequeños productores e imitar algunas de las experiencias exitosas en el mundo, aunque ahora alguna de ellas estén menos activas o en proceso de cambios. Ejemplos como nuestras Juntas Reguladoras, los organismos canadienses, australianos o la CAP europea deberían servir de base para avanzar en ese sentido. El argumento de que esos países son de baja producción comparables con el nuestro y por eso el control estatal se hace más necesario, choca con el de que nuestra importante producción no puede quedar al arbitrio de grandes concentradores que eventualmente le traen zozobra al país tanto en su sector interno como externo.

 
© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar