¿Cómo controlar las emociones con la comida?

Por María Sánchez Calvin

Relacionando las emociones con la comida, creo que debemos amigarnos con ellas, abordarlas de la mejor manera posible y llenarnos de herramientas para que nuestras decisiones sean dentro de la flexibilidad lo más saludables posibles.

Tendemos a tener miedo a no controlarnos porque nos metieron en la cabeza que la dieta es la solución, que es el todo o nada, que debo controlar mi hambre porque es una cuestión de fuerza de voluntad, que necesitamos que nos reten y que nos den permitidos, que nos digan qué comer y qué no comer y que el otro, desde afuera, debe decirnos nuestra elección alimentaria.

La alimentación intuitiva ayuda a nuestros pacientes a darles herramientas para poder escucharse nuevamente, estar conscientes de su cuerpo, de su hambre, de su saciedad y no de lo que dice un papel que deben o no hacer. Porque cuando el papel, el profesional o la ley no está, aparece el miedo a perder el control que venía de afuera. No tenemos que controlarnos y luego tener miedo a perder el control.

Tenemos que escucharnos, desconectarnos para conectarnos con nuestras necesidades reales y cuidarnos desde un lugar amoroso, compasivo, flexible y consciente, nutriendo cambios.

Es importante entender que el desconectarnos le declara la guerra a nuestro cuerpo ignorando sus señales. Cuando estamos en paz, en aceptación, disminuye el estrés, podemos escuchar nuestras sensaciones de hambre y saciedad, disfrutar del movimiento y soltar el pensamiento y la autoestima al hacer lo que se cree que se debe hacer.

La motivación nos sirve, si la hacemos desde objetivos reales, porque mantener en el tiempo una motivación es difícil. Por eso, es importante buscar objetivos, metas específicas, medibles, alcanzables y realistas: para que no aparezca la frustración y los métodos mágicos que, a costa de nuestra salud, nos darán resultados peligrosos y no perdurables en el tiempo, instando y coqueteando continuamente en un desorden alimentario.

Es importante acompañar a los pacientes en que sepan realmente qué quieren conseguir, que se comprometan con las acciones que quieren hacer en orden de sus prioridades. Construir con ellos un plan de acción donde puedan ver los beneficios que obtendrán, cómo lo van a conseguir y qué indicadores deben tener en cuenta a la hora de esquivar obstáculos y buscar soluciones.

Pienso que es fundamental explicarles a nuestros pacientes que el camino desde la psiconutrición es más lento y difícil porque no está hecho, hay que construirlo a medida de cada paciente, pero lo ayudará a llegar a su meta, a diferencia del que viene haciendo hace años, que le promete llegar a su meta pero que nunca la alcanza y, si alguna vez llegó, la pierde enseguida.

Ser experto en psiconutrición te lleva a cambiar el abordaje de tus pacientes, a hacerlo interdisciplinario, con un profesional de la psicología, y a trabajar con pacientes sin simplificar, no desde métricas, definiciones y diagnósticos, sino considerando que la causa es multifactorial, que en salud debemos ser activos y cambiar la mirada y paradigmas terapéuticos antiguos para poder acompañar a nuestros pacientes en los cambios de hábitos y no basarnos en un tratamiento con el peso como centro, cambiar la escucha y acompañar en el camino de una forma respetuosa y compasiva.

 

Médica especialista en obesidad y psiconutrición

 
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