"Hoy nos vigila Google mucho más que el Estado"

Ignacio Ramonet: "El mundo ha enfrentado esta pandemia en desorden y sin solidaridad"

El periodista y ensayista español Ignacio Ramonet sostiene que las sociedades contemporáneas atravesaban un momento de "orgullo desmesurado" respecto a las capacidades humanas "pero un pequeño virus, casi invisible, ha venido a demostrarnos que dependemos de la naturaleza", a la vez que critica los modos de afrontar este inédito escenario: "el mundo ha enfrentado esta pandemia en desorden y sin solidaridad".

Ramonet le da jerarquía a la profesión de periodista con las mismas dosis de calidad e irreverencia, sin apartarse nunca de un sentido crítico profundo. La temática de su obra gira alrededor de la influencia de los medios de comunicación en la sociedad y la presión ideológica que ejercen las nuevas tecnologías, todo ello visto desde su posición crítica contra el neoliberalismo.

Director de Le Monde Diplomatique durante casi dos décadas y promotor del Foro Social Mundial de Porto Alegre, el sociólogo y ensayista es autor o coautor de una veintena de libros, entre ellos "Un mundo sin rumbo" (1997), "La tiranía de la comunicación" (1998), "La golosina visual" (2000), "Guerras del siglo XXI" (2002) y "La catástrofe perfecta: crisis del siglo y refundación del porvenir" (2010).

Actualmente, Ramonet se desempeña como catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot y reside en Francia, desde donde mantuvo vía Zoom una entrevista con la agencia estatal Télam en la que destacó que el debate crucial en las sociedades se da hoy en torno a una verdad devaluada frente al valor de las creencias, lo que vuelve al periodismo "más necesario que nunca porque es el que viene a poner un poco de racionalidad y luz sobre lo que está pasando".

¿Cree que los medios pueden seguir lidiando hoy entre los poderes y la gente?

-Ignacio Ramonet: Creo que en cada época la tecnología comunicacional ha determinado la organización de la sociedad. Finalmente el ser humano es un ser gregario, que vive en sociedad, que vive en grupo y, por consiguiente, a lo largo de la historia cada vez que el grupo dominante ha tenido una forma diferente de comunicar, el grupo ha cambiado. Cuando apareció internet todos pensamos -como especialistas de la comunicación- que internet permitía liberarnos de la dominación de los grandes medios. En el momento en que aparece, a finales de los años 80, la televisión predominaba sobre el resto de los medios: la prensa escrita, la radio, el cine, la fotografía. Al mismo tiempo que los grupos multimedia empezaban a fusionarse para tratar de dominar.

¿Internet aparecía en ese momento como la respuesta democratizadora a un proceso de concentración mediática y a la necesidad de diversificar las voces y ampliar las representaciones ciudadanas?

- I.R.: Cuando aparece internet pensábamos que ante la posibilidad de circular desde el punto de vista planetario, ya no habría distancias comunicacionales: alguien en Europa podía leer un periódico mexicano, alguien en México podía leer un periódico indio. Esa especie de planetarización de la comunicación hizo que pensáramos que podíamos liberarnos de los grupos mediáticos dominantes en cada uno de nuestros países. Y de hecho fue lo que ocurrió: se produjo una democratización de la comunicación. Y es lo que estamos haciendo ahora, no nos cuesta nada, es gratuito. Es la democratización de la comunicación. Ahora, ¿esto ha resuelto el problema de nuestra autonomía intelectual, de nuestra autonomía cultural, de la manipulación eventual de la comunicación? No, obviamente no.

Cuando los seres humanos encuentran la solución a un problema, esa solución es otro problema. Entonces siempre los habrá. La dificultad consiste en identificar el problema y ahora ver cuál es la solución a este nuevo problema. Nosotros aspirábamos a la democratización de la comunicación para no depender de tal o cual medio. Zoom por ejemplo no existía antes de la pandemia. Uno de los efectos de la pandemia es la expansión brutal en bolsa de Zoom, que se ha transformado en una empresa millonaria y hoy ha sustituido a Skype, por ejemplo, o a otras herramientas que permitían este tipo de cosas con más protocolos tecnológicos. Hoy podemos decir que Google, Amazon, Facebook, Apple (conocidas como GAFA) dominan el mundo de la comunicación. Hemos salido de la dominación de unos grupos para estar en manos de otros grupos, menos numerosos y globales. Y, además, tienen toda la información sobre nosotros. Por consiguiente, hoy el mundo que plantea Orwell en "1984" es posible.

Y, paradójicamente, parecemos someternos voluntariamente a este control o al menos lo naturalizamos...

-I.R.: Es la manipulación generalizada, el imperio de la vigilancia. Durante la pandemia cuando todos estábamos confinados, hubo una crisis de producción y una crisis de consumo. Las fábricas no producían y los ciudadanos no consumían. Pero lo que se hizo, más que antes, fue consagrarse a las pantallas, consumir pantallas. Ya sea suscribiéndose a Netflix, descubriendo TikTok, comunicándose a través de Zoom y de todas las redes existentes. Por consiguiente, mientras en la bolsa se caían los gigantes aeronáuticos o de hotelería y las automotrices, subían las acciones de las empresas que las personas encerradas en sus casas utilizaban. Tenemos que lidiar con esta situación y plantearnos cómo resistir a la dominación de estos cuatro enormes gigantes. Esta es la tarea de hoy. Ellos saben más sobre nosotros que los Estados. Orwell en "1984" estaba denunciando el régimen estalinista, un régimen político-estatal, pero hoy nos vigila Google mucho más que el Estado.

 "Para comprender y descifrar el mundo" es el lema de Le monde Diplomatique, que usted dirige desde hace años. ¿Cómo se explica el momento actual y cómo imaginar el mundo post pandemia?

-I.R.: Está ocurriendo algo que no ocurrió nunca: la brutalidad y la novedad también de la pandemia. Ninguna generación humana ha tenido una experiencia de este tipo. Sólo la guerra violenta, abierta y frontal se parece a lo que estamos viviendo. Es un tipo de guerra en el sentido de que perturba el conjunto de parámetros de la sociedad. Hemos visto que no hay ningún gobierno, ninguna autoridad, que tuviese una agenda para enfrentar esta pandemia. Algunos gobiernos lo han hecho mejor, otros lo han hecho decididamente mal, en particular el gobierno de la primera potencia mundial que es Estados Unidos.

Estábamos en un momento en que había como una especie de orgullo desmesurado respecto a la capacidad del ser humano de tener tecnologías de punta. En particular las comunicaciones, pero también en el sentido económico, financiero. Por ejemplo, planteando la conquista de Marte. Y de repente un pequeño virus, casi invisible, ha venido a demostrarnos que dependemos de la naturaleza.

En ese contexto, ¿cómo imagina el futuro de los medios y el rol del periodismo?

- I.R.: El mundo en el que estamos necesita más que nunca del periodismo. Hoy el debate sobre la información es acerca de la verdad, aunque siempre haya sido un tema central en la corta historia del periodismo, ya que es práctica reciente. Para hacer periodismo se necesita un mínimo de libertad, y la libertad es una idea nueva, de finales del siglo XVIII, cuando aparecen algunos periódicos y la prensa de masas se extiende en los países que tienen un mínimo de condiciones. Si la gente no sabe leer, por ejemplo, no hay periodismo. Tampoco hay periodismo de masas si la prensa no es barata, por consiguiente hay que vender muchos periódicos por día para que, con el volumen, disminuya el precio. Y también tiene que haber libertad, la posibilidad de intercambiar periódicos para las personas de distintas tendencias. Pero siempre, lo fundamental, es la verdad.

El valor de la verdad pareció perder peso frente al valor de las creencias...

- I.R.: La cuestión de la verdad se ha vuelto fundamental y el periodismo sabe que tiene que enfrentarla. (Donald) Trump es el primer presidente que de manera descarada y con una especie de indiferencia hacia lo que se pueda pensar, emite grandes mentiras. Él ha inventado este concepto sobre el que hay que reflexionar: "la verdad alternativa", la idea de que cada uno tiene su verdad.

Entre los principios de una democracia está el de admitir que cada uno pueda tener su verdad. Después de todo en las sociedades libres hay muchas religiones. Y ¿qué es una religión? Es una opinión sobre la creación, sobre lo que hay después de la muerte. Desde hace dos siglos y medio se trabaja sobre el principio de la racionalidad, para que haya una verdad lo más objetiva posible, con datos, con elementos que la confrontan. Pero no, Trump ha regresado al pensamiento mágico. Todas las cifras y encuestas indican que ha perdido las elecciones, pero él dice que las ha ganado, y que hay fraude aunque no se haya demostrado.

En el pasado se entendía por desinformación la falta de información o la dificultad en el acceso. Hoy aparece más relacionada a la intoxicación por mala información o directamente las noticias falsas.

- I.R.: La idea de que cada uno puede fabricar verdad, es lo que llamamos fake news. Una verdad se fabrica y ahora cada uno de nosotros tenemos potencialmente la fuerza que hasta hace algunos años sólo tenían los grandes medios de inventar falsedades, manipulaciones, intoxicaciones y difundirlas por las redes, que son el medio dominante de hoy. Y por consiguiente en las redes podemos desarrollar todo un discurso totalmente inventado, con supuestas pruebas, con aparentes demostraciones, etc. En ese mundo, el periodismo es más necesario que nunca, porque es el que viene a poner un poco de racionalidad, un poco de claridad sobre lo que está pasando. De hecho hoy día hay cada vez más sitios en la web tendientes a la elucidación de las mentiras. Es decir, hay una voluntad periodística de hacer lo que se llama el fact check, chequear los hechos.

La posibilidad de constituirnos en emisores y receptores de información y opinión no nos ha convertido en más racionales o tolerantes. Los discursos de odio predominan en las redes y las sociedades parecen cada vez más polarizadas.

- I.R.: Estos temas nos obligan a reflexionar. Primero sobre la cuestión de la información emocional. Hoy se está desarrollando a través de las redes una tendencia a reaccionar frente a la información de manera emotiva, sentimental. Y claro, esto no lo ignoran los manipuladores.

Hay que ser prudentes. En las redes, con la velocidad, es difícil serlo. Por otra parte, las redes tienen esto de que la tendencia de cualquier usuario es no sólo consumir información sino de compartir, por eso es red y cadena. Se ha estudiado que las informaciones que más difundimos son las que más compartimos emocionalmente. Y si hay algo que va en la dirección de lo que yo creo íntimamente, pues entonces es algo que voy a creer más rápidamente que si es algo que va en contra de mis convicciones, y esto es lo que se está utilizando. Eso hoy ya casi es una ciencia: la verdad emotiva, la verdad emocional.

Los medios tradicionales muchas veces no escapan a esta lógica. Ya sea por la presión y velocidad acerca de las primicias que imprimen las redes o, incluso, por propios intereses o convicciones...

- I.R.: Los grandes medios no pueden privarse de tener en cuenta la velocidad. Muchos pretenden ser los primeros en anunciar la noticia y no van a perder tiempo, horas o días para verificar una información. Prefieren darla y luego desmentirla. En las escuelas de periodismo se enseña que dar una noticia, con el riesgo de que sea falsa, es mejor, porque de hecho se dan dos noticias: la que es falsa y el desmentido, que es verdadero. Y el desmentido da credibilidad, porque el lector va a decir... mira, se equivocaron pero lo reconocen, son honestos, son buenos. Como consecuencia, el lector vive en un estado que yo defino como inseguridad informacional. Porque cuando vemos una noticia, por más fuerte que sea, no estamos seguros de que no la vayan a desmentir en una hora, dos horas o mañana. La cuestión es cómo hacer un periodismo que se escape a estos parámetros.

¿Cómo te imaginás un mundo post pandemia? ¿Más solidario, inmunizado por las vacunas y más preparado para lo que viene?

- I.R.: El mundo ha enfrentado esta pandemia en desorden y sin solidaridad, han habido muy pocos países que han ayudado a otros países. La Unión Europea, que es una unión política además de económica y comercial, ha combatido la pandemia con el "sálvese quien pueda", los gobiernos tomando medidas, cerrando fronteras, disputándose por tener mascarillas cuando no había. La primera potencia del mundo, Estados Unidos, no ayudó a nadie, brilló por su ausencia, no ha enviado medicamentos, mascarillas a ninguno de sus aliados. Mientras que por ejemplo un pequeño país como Cuba, bloqueado, sancionado injustamente, ha enviado brigadas médicas a decenas de países para ayudar, mostrando algo, una dimensión de la que el mundo ha carecido, que es la solidaridad. Es verdad que los chinos también han enviado mascarillas, guantes, alcohol en gel, los rusos también han enviado, pero pocos países han ayudado a otros en América Latina, no ha habido una solidaridad continental, donde hay muchas organizaciones de integración regional. Ahí también hemos visto que ante una dificultad, que es colectiva y que impacta al conjunto de la humanidad: no ha habido solidaridad. Por otra parte también, ni siquiera para las vacunas hay una solidaridad. En algunos países se anunció que será gratuita pero en otros no, y por consiguiente ahí también hemos visto que la humanidad no está lista para enfrentar un peligro, una catástrofe, un desafío colectivo.

 

 
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