Keiko Fujimori vuelve al poder y abre una nueva etapa para el Perú

La flamante presidente tiene el desafío de convertir una victoria estrecha en un gobierno estable, puede cambiar el rumbo político del Perú y reforzar el giro conservador de América Latina.

Keiko Fujimori

Keiko Fujimori asumió este 28 de julio la Presidencia del Perú y puso fin a una de las elecciones más ajustadas de la historia reciente del país. Después de cuatro intentos electorales fallidos, Fujimori finalmente llegó a la Casa de Pizarro. El triunfo también representa el regreso del fujimorismo al gobierno casi tres décadasdespués de la salida de Alberto Fujimori del poder.

La nueva presidenta recibe un país que lleva años atrapado en una profunda inestabilidad política. Perú ha tenido ocho presidentes en una década y la sucesión permanente de crisis institucionales debilitó la confianza de buena parte de la sociedad en sus principales instituciones. La elección de Fujimori expresa, en parte, el cansancio frente a ese ciclo. También refleja la persistencia de una estructura política conservadora que, pese a sus derrotas anteriores, logró mantenerse competitiva hasta alcanzar finalmente la presidencia.

El contexto en el que comienza su gobierno será decisivo. Fujimori no tendrá mayoría propia en el nuevo Congreso bicameral y deberá gobernar en un escenario legislativo fragmentado. Fuerza Popular logró, sin embargo, quedarse con la presidencia del Senado mediante un acuerdo con Renovación Popular. La capacidad del nuevo gobierno para construir acuerdos será probablemente uno de los factores centrales para determinar si la administración logra estabilidad o vuelve a quedar atrapada en la lógica de confrontación que caracterizó a la política peruana durante los últimos años.

Los primeros nombramientos de Fujimori ofrecen algunas señales sobre el rumbo que pretende darle a su administración. Luis Galarreta quedó al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros, Elmer Cuba asumirá Economía y Finanzas y Carlos Espá estará al frente de Relaciones Exteriores. La elección de Cuba apunta a preservar la estabilidad macroeconómica que históricamente caracterizó al modelo peruano, mientras que la llegada de Espá a la Cancillería anticipa una política exterior con una relación particularmente estrecha con Washington. Galarreta, por su parte, tendrá la tarea de articular un gobierno que necesita ampliar sus apoyos parlamentarios y transformar una victoria electoral estrecha en una base política más sólida.

En materia económica, Fujimori parte de una posición relativamente favorable. El Perú mantiene una de las situaciones macroeconómicas más estables de América Latina y el Banco Central proyecta un crecimiento del 3,4% para 2026. La cuestión será determinar hasta qué punto esa estabilidad puede traducirse en una mejora perceptible de las condiciones de vida. El desafío estará en generar empleo, atraer inversiones y sostener el crecimiento mientras se intenta reducir las brechas sociales y territoriales que siguen atravesando al país. La designación de Elmer Cuba parece indicar que el nuevo gobierno buscará preservar la disciplina macroeconómica y, al mismo tiempo, acelerar la llegada de inversiones.

La seguridad será probablemente el otro gran frente de la administración. El crecimiento de la criminalidad y la percepción de inseguridad se convirtieron en algunos de los principales problemas de la política peruana. Fujimori llega al poder con la promesa de recuperar el control del Estado y fortalecer la lucha contra el crimen organizado. En este terreno, su gobierno parece dispuesto a profundizar la cooperación con Estados Unidos y a participar de iniciativas regionales impulsadas por la administración de Donald Trump.

La política exterior será, probablemente, uno de los espacios donde se produzca el cambio más visible. Fujimori ha definido a Estados Unidos como un aliado estratégico y su llegada al poder coincide con una etapa de mayor alineamiento de varios gobiernos latinoamericanos con Washington. La presencia en Lima de representantes estadounidenses, junto con la asistencia de mandatarios como Javier Milei, José Antonio Kast, Daniel Noboa y Santiago Peña, mostró la dimensión regional del nuevo escenario político peruano.

La relación con China será especialmente importante. Perú mantiene una fuerte vinculación comercial con Beijing y su economía depende en buena medida de la exportación de minerales, particularmente del cobre. Por eso, aunque el nuevo gobierno pueda acercarse políticamente a Washington, difícilmente pueda prescindir de la relación económica con China. La estrategia más probable seráuna combinación de alineamiento político con Estados Unidos y pragmatismo económico frente a Beijing. La capacidad de Fujimori para administrar esa tensión seráuna de las claves de su política exterior.

En América Latina, el nuevo gobierno peruano podría convertirse en otro componente del giro hacia la derecha que atraviesa buena parte de la región. La coincidencia política con Milei y Kast puede favorecer una mayor coordinación entre gobiernos de orientación conservadora, especialmente en cuestiones de seguridad, comercio y relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, Perú también deberá preservar sus vínculos con países que mantengan posiciones diferentes. La diplomacia peruana tendrá que moverse dentro de una región cada vez más fragmentada y con menos espacios para consensos duraderos.

Fujimori tendrá que demostrar que su presidencia puede ser algo más que la reivindicación electoral de un apellido. Deberá convertir una victoria obtenida por una diferencia mínima en un gobierno capaz de construir mayorías, recuperar la seguridad y sostener el crecimiento económico. Si lo consigue, puede consolidar una nueva hegemonía de la derecha peruana y convertir a Lima en uno de los principales aliados de Washington en Sudamérica. Si fracasa, Perú podría volver rápidamente al ciclo de inestabilidad que ha marcado su última década.

El Perú vuelve a estar, una vez más, en el centro de una transformación regional. La pregunta ya no es si Keiko Fujimori logró finalmente llegar a la Presidencia. La pregunta es qué hará con ella. Porque si consigue convertir una victoria estrecha en un gobierno estable, puede cambiar el rumbo político del Perú y reforzar el giro conservador de América Latina. Pero si vuelve a imponerse la lógica de la confrontación, el paíspodría demostrar una vez más que en la política peruana ganar una elección es apenas el comienzo de la verdadera batalla por el poder.

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