Atención médica: la pierna izquierda tiene la misma edad

Las personas somos mucho más que un cuerpo. Somos biología y biografía. Sin embargo, a veces, cuando una persona mayor entra a una consulta, esa biografía se desdibuja. Además, te invitamos a completar una breve encuesta recolectando historias sobre este tema.

Atención médica

Uno de los puntos de dolor que más aparece en el trabajo que impulsamos desde hace años con personas mayores —desde El Club de la Porota®— es el trato. No solo el trato abiertamente malo (que existe), sino ese otro, más silencioso y persistente: el viejismo que se cuela en gestos, palabras y decisiones… y que muchas veces terminamos aceptando sin darnos cuenta. Como si fuera normal. Como si fuera parte del paquete de la vejez.

Hoy deseamos poner el foco en un territorio sensible: la atención médica. No para generalizar ni para señalar culpables, sino para aportar a algo que necesitamos cuidar y potenciar: el vínculo entre profesionales de la salud y personas mayores. Porque cuando ese vínculo se fortalece, mejora la experiencia de consulta, mejora la adherencia, mejora el bienestar. Y, en definitiva, mejora la salud.

Las personas somos mucho más que un cuerpo. Somos biología y biografía. Sin embargo, a veces, cuando una persona mayor entra al consultorio, esa biografía se desdibuja. Desaparece. Se vuelve “un caso”, “un viejito”, “una edad”, “solo un cuerpo que envejece”. La anécdota circula como una mini historieta que hace reír… y pensar. Un médico mira a su paciente y sentencia: “Le duele la pierna por su avanzada edad”. El hombre lo escucha, hace una pausa y responde, tranquilo: “No puede ser, doctor… porque la otra pierna tiene la misma edad y no me duele”. Esa respuesta tiene la gracia exacta de lo obvio: la edad no explica todo. Y, al mismo tiempo, nos deja frente a una pregunta incómoda: ¿cuántas veces usamos “la edad” como diagnóstico rápido cuando en realidad es solo un dato?

En los consultorios conviven medicina, tiempo, sistema… y cultura. Y la cultura trae consigo una mochila de ideas sobre la vejez: que “ya es así”, que “es esperable”, que “a su edad, ¿qué espera?”, que “total… a esta altura”. El viejismo —esa discriminación basada en la edad— no siempre se manifiesta como maltrato evidente. A veces es un suspiro. Una frase hecha. Un tono paternalista. Un “¿y a esta altura para qué?” dicho casi sin querer. Y lo más peligroso: cuando se naturaliza, se vuelve invisible.

Desde El Club de la Porota® vamos a narrar escenas breves, inventadas, basadas en situaciones reales que escuchamos con frecuencia. Las inventamos para cuidar identidades, pero las compartimos para mirar el fenómeno con respeto y abrir la conversación.

Marta (74) y el diagnóstico exprés

Marta llega con dolor en el pecho. No es un dolor exagerado: es un apretón raro, un cansancio nuevo. El médico revisa rápido, pregunta lo básico y concluye: “Es ansiedad, señora. En su edad es normal preocuparse”. Marta sale con un calmante, pero también con una duda que le pesa más que el dolor: ¿y si no es ansiedad? ¿y si mi cuerpo me está avisando otra cosa? La edad aparece como explicación total y lo que se pierde es algo elemental: la charla, la escucha, el diagnóstico integral basado en una biografía.

Ernesto (81), el invisible

Ernesto entra con su hija. El médico habla mirando a la hija: “¿Toma la medicación? ¿Come bien? ¿Duerme?”. Ernesto está ahí, sentado, presente, pero se vuelve invisible. Nadie le pregunta cómo se siente, qué entiende, qué necesita. A veces el viejismo no es agresión: es omisión. Es hablar sobre la persona y no con la persona. Como si la vejez borrara la autonomía, despersonalizara al paciente y su derecho a decidir, responder, participar. La hija, cansada, termina retándolo. Y él se queda callado, como si su voz molestara.

Ana (69) y el “acostúmbrese”

Ana consulta por dolores articulares. Le dicen: “Es artrosis, es la edad, acostúmbrese”. Ana vuelve a casa con una sentencia que suena a condena: acostumbrarse. No hay propuesta, no hay alternativas, no hay plan. ¿Y si la frase fuera otra? “Es frecuente en la vejez, sí, pero veamos qué podemos hacer para mejorar su calidad de vida”. El mismo diagnóstico, otra mirada. La diferencia no es técnica: es humana.

Roberto (77) y la tristeza que nadie percibió

Roberto llega por insomnio y desgano. Le prescriben una pastilla para dormir. Nadie pregunta si perdió a alguien, si está solo, si cambió su rutina, si se siente desanimado desde hace tiempo. El síntoma se tapa, pero la historia sigue doliendo. A veces, cuando dejamos de ver a la persona —insistimos— hacemos medicina sin biografía.

Podríamos sumar más escenas: la infantilización (“a ver, abuelito”), la subestimación del dolor (“a su edad es así”), la idea de que ciertos malestares “ya no valen” un estudio, o la suposición automática de fragilidad. Y ojo: esto no sucede siempre. Pero si no lo revisamos, se filtra, se cuela, aparece.

Cuando el viejismo entra al consultorio puede afectar enormemente a la persona que lo padece: diagnósticos tardíos, tratamientos que no se sostienen, decisiones que no se explican, hombres y mujeres que se van sintiéndose una molestia. También importa porque la consulta médica no es un trámite: es un espacio de cuidado, confianza y vínculo. Y los vínculos se construyen con escucha.

La buena noticia es que se puede entrenar. Se puede mejorar. Se puede hacer más humano sin perder rigurosidad, profesionalismo y ciencia. A veces alcanza con preguntas simples, que abren un mundo de posibilidades y bienestar:

Una persona mayor no es un caso. Es una persona con historia, deseos, temores y derechos. La edad suma información, pero no reemplaza el diagnóstico. La vejez no borra la singularidad de cada biografía.

Si alguna vez viviste una situación de viejismo/edadismo en un consultorio o en un espacio dedicado al cuidado y bienestar —como paciente, familiar, acompañante o profesional— te invitamos a completar una encuesta breve y anónima. La idea es reunir historias reales para transformarlas en herramientas: insumos que ayuden a revisar prácticas, ampliar la escucha y fortalecer ese trabajo tan valioso que hacen los equipos de salud con personas mayores.

Porque, al final, se trata de eso: volver a ver a la persona que tenemos enfrente. Y recordar, con una sonrisa, que la pierna derecha tiene la misma edad.

¡Te estamos esperando!

Este 2026, la Comunidad de El Club de la Porota será la gran protagonista: arrancamos el año lanzando la membresía, una propuesta para ser parte de una red viva de encuentro, conversaciones y herramientas para hackear el viejismo y vivir la edad con más bienestar, sentido y compañía.

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