Conce: mirar lo que hay, encender lo que somos

Hay personas que nos recuerdan que una vida luminosa no es necesariamente una vida sin tristezas, pérdidas, dolores, preocupaciones o días de desasosiego. Es una vida que aprende, una y otra vez, a mirar lo que hay. A narrarse no solamente desde lo que falta, lo que terminó o lo que ya no puede ser, sino desde la potencia que todavía somos y que nos rodea.

A los 81, Conce sigue mirando hacia adelante.

A los 81, Conce sigue mirando hacia adelante.

Concepción Ramos (Conce) tiene 81 años. Es cordobesa y vive en la misma casa en la que nació. Una casa que ha sido escenario y testigo de buena parte de su historia. Hace 54 años que está casada. Tiene siete hijos, 18 nietos y una bisnieta.

Tuve la fortuna de conocerla este año y, desde entonces, hemos conversado mucho: de manera presencial, virtual y a través de WhatsApp. Y digo “fortuna” porque cada conversación con Conce me ha permitido asomarme un poquito a su manera de mirar la vida. Cuando le pedí que me contara algo de su historia, habló de su trabajo, de aquellos años de mamá en los que crió a siete hijos, de viajar cuando se pudo y dejar de viajar cuando ya no se pudo. Habló también de cantar, bailar, encontrarse con amigas y seguir haciendo lugar para aquello que le gusta.

Y dijo una frase que podría condensar buena parte de su filosofía: “Lo que hagas, que te guste”. No siempre eligió desde esa máxima. Sin embargo, fue aprendiendo a encontrar el lado luminoso de la vida en aquello que iba aconteciendo.

Cuando lo que extrañamos son los vínculos

Durante muchísimos años Conce tuvo una librería y fotocopiadora en una escuela. Quienes trabajan en una escuela saben que estos espacios nunca son solamente lugares donde comprar biromes, hojas o sacar una copia. Son espacios donde las personas entran y salen permanentemente: docentes, estudiantes, familias. Lugares donde sobrevuelan las preguntas, las historias, los humores, las emociones, los saludos y las conversaciones.

Con la pandemia, cerraron la librería. Tiempo después, Conce pudo reconocer algo de aquello que había perdido y que extrañaba profundamente: el vínculo y el diálogo cotidiano con las personas.

Quizás por eso sus caminatas por el barrio San Vicente suelen ser largas. Entra y sale veinte veces por día. “Pareciera que siempre se olvida de comprar algo en el super”, me cuenta una de sus hijas. Pequeñas excusas para salir al encuentro, para convidar una charla a quien se anime a mirarla a los ojos. Porque Conce camina, sí. Pero también se detiene, saluda, escucha, pregunta, conversa.

Lo que hoy ya no le ofrece aquel trabajo se lo devuelve, de otra manera, una vida social vasta y sostenida. Los lunes participa (en el CPC de su barrio) de “Cantando Emociones”, un espacio que, como ella misma se encarga de aclarar, “no es un coro. Cada persona canta como puede y como quiere”. Los martes y jueves hace gimnasia y expresión corporal. Los miércoles ayuda en un comedor. Los viernes almuerza con distintos grupos de amigas. Y los fines de semana disfruta de compartir con sus hijos, hijas, nietos, nietas y ahora también con su bisnieta.

“Yo pienso que por eso estoy como estoy. Me siento muy bien, camino muy bien, soy totalmente independiente”, cuenta. Y enseguida nos deja otra pista: “Tomo la vida como viene”.

Narrarnos desde la potencia

No quiero romantizar a Conce. Tiene días tristes. Sí. Tiene momentos de desasosiego. También. Hace dos años su marido se enfermó y muchas cosas cambiaron. “No más auto, no más viajes, no más salidas, no más nada. Cambia la vida 180 grados”, dice.

Pero hay algo que me conmueve especialmente de su historia: su energía vital muchas veces resulta más potente que esas emociones que parecen abatirla. No porque las niegue. No porque se obligue a estar bien. Mucho menos porque responda al mandato de un optimismo permanente. Conce ha construido rutinas de bienestar y las sostiene con voluntad, incluso cuando siente que no puede. Sale. Camina. Canta. Baila. Hace gimnasia. Se encuentra. Ayuda. Conversa. Escucha. Y cada una de esas acciones puede sacarla, aunque sea por un rato, de una percepción organizada alrededor de la escasez para volver a mostrarle lo que sí hay.

Para mí, eso es entrenar narrativas regenerativas a lo largo de toda la vida.

Podemos jubilarnos de un trabajo. Podemos dejar atrás actividades y responsabilidades asociadas a otros roles, funciones u ocupaciones. Podemos despedir lugares que durante décadas organizaron nuestra identidad. Pero no nos jubilamos de la vida, de nuestra pulsión vital. La pregunta, entonces, es: ¿qué forma podemos darle ahora a esa energía? Porque no se trata solamente de lo que dejamos de hacer. Se trata de descubrir qué nuevas formas puede encontrar la vida que todavía pulsa en nosotros. Si la escuchamos, irá buscando maneras de acomodarse a nuestras posibilidades.

Una gran escuchadora

Conce es una gran escuchadora. Pero diría algo más: Conce es una líder de la conversación. Conversar con otra persona es darle la bienvenida a nuestro universo personal. Es hacerle un lugar. Mirarla a los ojos. Escucharla. Preguntarle. Sonreír. Sorprendernos. Conversar también es permitir que esa persona nos preste algo de su mundo: una historia, una pregunta, una experiencia, una manera diferente de interpretar lo que ocurre. Y tal vez, después de esa conversación, volvamos a mirar lo mismo desde otro lugar. A veces no necesitamos cambiar el mundo: necesitamos movernos un poquito del punto desde donde lo estábamos mirando.

La ciencia también viene mostrando la potencia de esa experiencia profundamente humana. El neurocientífico argentino Mariano Sigman, autor de El poder de las palabras, ha estudiado cómo la conversación puede ayudarnos a hacer más claros nuestros pensamientos, revisarlos y transformarlos. Incluso utiliza una imagen bellísima: escuchar puede parecerse a bailar, porque requiere acomodarse al ritmo de la otra persona y no imponer permanentemente el propio paso. La psiquiatra Marian Rojas Estapé, por su parte, ha divulgado ampliamente el papel que tienen los vínculos, el encuentro y la experiencia de sentirnos acompañados en nuestro bienestar emocional. 

Por eso vuelvo a pensar en las largas caminatas de Conce. Quizás nunca sean solamente caminatas. Son cuerpo, movimiento, barrio, encuentro, palabras, escucha, pertenencia. Son una manera cotidiana de decirle a la vida: todavía estoy acá y todavía hay mundo para mí.

“Mi meta son los 104”

“¿Cuál es tu música preferida?”, le pregunté. “Nino Bravo, Raphael, Palito Ortega. ABBA lleva la delantera”, respondió. “Muévanse, canten, hagan lo que más les guste”, agrega. Y remata: “Mi meta es la del Magiclick, llegar a los 104. Hasta ahí llego”.

Varios recordarán aquella publicidad de Magiclick que prometía durar 104 años. La frase quedó grabada en la memoria colectiva de generaciones de argentinos, entre ellas, la de Conce: “Dura 104 años”, casi como una manera de nombrar lo interminable.

No sé si Conce hizo la cuenta pensando en aquel famoso chispero. Pero me gusta imaginar que hay algo de esa chispa en ella. Una chispa que no significa estar siempre bien. Significa seguir encendiendo. Porque lo extraordinario no son los 104 años. Lo extraordinario es que, a los 81, Conce todavía se narra hacia adelante. Hay futuro en su conversación.

Tal vez de esto se trate también la nueva longevidad que promovemos desde El Club de la Porota: no de negar lo perdido, no de exigir felicidad permanente, no de convertir la vejez en una carrera de rendimiento, sino de aprender a reconocer la potencia que permanece y encontrar nuevas formas de expresarla.

Conce lo dice mucho más sencillo: “Disfrutemos el día a día, las pequeñas cosas que nos da la vida”. Mirar lo que hay. Escuchar lo que todavía pulsa. Conversar. Moverse. Cantar. Dejar entrar a otros en nuestro mundo y animarnos a visitar, aunque sea por un rato, el suyo. Y mientras haya chispa, seguir encontrando formas de encenderla.

FUERZA MAYOR | PRÓXIMAS FECHAS

Nuestros queridos amigos de Fundación Fuerza Mayor siguen creando espacios donde el arte, las personas mayores (y de todas las edades) así como las preguntas sobre la vida se encuentran.

18/9 | 19 h | La Piojera
Fuerza Mayor presenta “Ensayo General”, en el marco de la Semana de los Centros Culturales de la Municipalidad de Córdoba. Música, percusión, movimiento y humor en un espectáculo en proceso que nos invita a preguntarnos cuánto de nuestras propias vidas seguimos ensayando.

3/10 | 11 h | Feria Agroecológica de la UNC
Fuerza Mayor será parte de una nueva edición de la Feria Agroecológica de la Universidad Nacional de Córdoba.

23/10 | 20:30 h | Teatro Comedia
Fuerza Mayor presenta “La edad es Ahora”. Una nueva oportunidad para disfrutar y acompañar el increíble trabajo que vienen desarrollando desde hace más de 10 años así como de conmemorar el Día Internacional de las Personas Mayores. 

POÉTICAS EN BARRO | 9 DE SEPTIEMBRE

El miércoles 9 de septiembre se presenta “Poéticas en barro: apuntes irreverentes en la construcción de narrativas situadas”, compilado por Ximena Cabral y Paola Bonavitta. Una publicación que propone diálogos sobre comunicación, metodologías vivas y perspectivas feministas y transfeministas. Presentan Candelaria Jaimez y Mariano Schejter, con la participación de la compañía de danza latinoamericana María Barilla y Territorio Colaborativo. 9/9 | 18:30 h | Sala Menor de Ciudad de las Artes. La Comunidad de El Club de la Porota ha sido especialmente invitada. Agradecemos la invitación y recomendamos acompañar esta presentación.

RISÍSTICAMENTE | 19 DE SEPTIEMBRE

Risísticamente vuelve a Ciudad de las Artes con una experiencia de risa y humor. La Comunidad de El Club de la Porota ha sido especialmente invitada y recomendamos sumarse. 19/9 | 19 h | Ciudad de las Artes, Av. Richieri 1955 – Entradas: $22.000 | 2 por $40.000 Más información: @risisticamente_

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