Linkeadores sociales: vínculos que cuidan y comunidades que acompañan

Una iniciativa cordobesa busca detectar situaciones de aislamiento y facilitar conexiones significativas desde la escucha y la participación.

Linkeadores sociales: vínculos que cuidan y comunidades que acompañan

La soledad forma parte de la experiencia humana. A veces la buscamos como un espacio de descanso, silencio, reflexión o encuentro con nosotros mismos. Una soledad elegida, saludable y necesaria, a la que podemos entrar por decisión propia y de la que también podemos salir para reencontrarnos con los demás. Sin embargo, existe otra soledad: aquella que no elegimos, que se instala, duele y comienza a debilitar nuestra sensación de pertenencia.

La soledad no deseada no siempre se muestra, se detecta ni se hace visible, tanto en nosotros mismos como en los demás. No necesariamente habita una casa silenciosa ni puede reconocerse contando cuántas personas rodean a alguien. Podemos vivir solos y sentirnos profundamente acompañados. También podemos compartir una casa, una familia, un trabajo o una actividad y, aun así, experimentar una enorme desconexión.

Desde que nacemos necesitamos de otras personas para vivir, crecer y construir nuestra identidad. Somos seres vinculados e interdependientes. Por eso, cuando sentimos que ya no somos vistos, escuchados o reconocidos, no solo se debilitan nuestros vínculos: también puede comenzar a desdibujarse una parte de nosotros mismos.

En la Membresía de El Club de la Porota celebramos y ejercitamos la observación interna: la posibilidad de detenernos, mirarnos y reconocer qué nos está sucediendo. Este entrenamiento es fundamental porque muchas veces sentimos malestar, tristeza o desconexión, pero no logramos identificar aquello que necesitamos. Y cuando desconocemos nuestros propios deseos, también puede resultarnos difícil pedir presencia, compañía o ayuda de una manera clara, amorosa y asertiva.

Aprender a reconocer qué sentimos y qué necesitamos no significa responsabilizarnos individualmente por la soledad que atravesamos. Significa fortalecer nuestra capacidad de expresarnos y habilitar a los demás para que puedan acompañarnos. A veces esperamos que el otro adivine lo que nos pasa; otras, nos callamos para “no molestar”. Sin embargo, pedir compañía no es exigir ni depender: es animarnos a mostrar nuestra vulnerabilidad y reconocer nuestra condición interdependiente.

Durante mucho tiempo, la soledad fue considerada un asunto privado. Se pensaba que quien se sentía solo debía “salir más”, “poner voluntad” o aprender a arreglárselas por sus propios medios. Hoy comprendemos que esa mirada es insuficiente e injusta. La soledad se experimenta individualmente, pero también está relacionada con la forma en que vivimos, envejecemos, trabajamos, cuidamos, habitamos las ciudades, utilizamos la tecnología y participamos en nuestras comunidades.

Por eso, acompañar no consiste simplemente en recomendar una actividad, entregar una dirección o sumar a alguien a un grupo. Es necesario conocer sus deseos, reconocer las barreras que enfrenta y construir junto a esa persona un puente posible, significativo y respetuoso.

Precisamente desde esta mirada nace la figura del linkeador social: una persona formada para reconocer posibles situaciones de soledad no deseada o aislamiento, ofrecer una escucha respetuosa y facilitar la conexión con vínculos, instituciones y oportunidades de participación comunitaria. Su tarea no consiste en reemplazar a los equipos profesionales, diagnosticar ni resolver la vida de los demás. Se trata de acompañar de manera breve y situada, respetando la autonomía, los intereses y los tiempos de cada persona.

Como señala Juan Carlos Mansilla, director del IPLAMU (Instituto de Planificación Municipal) y del Observatorio de la Soledad No Deseada, el trabajo de un linkeador social debe entenderse como una intervención “creativa, afectiva y comprometida”: un acto humano de compromiso con el otro y no un procedimiento administrativo. Tal vez en el ejercicio de ese profundo acto humano se encuentre uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo: recuperar la capacidad de mirar con atención, escuchar sin apuro y preguntar con interés verdadero. Registrar una ausencia. Hacer una llamada. Acercarnos sin invadir. Acompañar sin decidir por los demás.

Frente a la soledad no deseada ninguna respuesta puede ser exclusivamente individual. Necesitamos políticas públicas, instituciones presentes y comunidades capaces de sostener, conectar y humanizar. Necesitamos recordar que pedir ayuda no es una debilidad y que necesitar a los demás no nos vuelve menos autónomos: nos confirma profundamente humanos.

Lanzamiento del curso de Linkeadores Sociales

Desde El Club de la Porota celebramos con enorme alegría que el próximo lunes 24 de agosto, a las 9 horas, se realizará el lanzamiento del curso “Formación de Linkeadores Sociales en Soledad No Deseada”, en el Centro Cultural de la UNC, ubicado en Obispo Trejo 314. La propuesta es organizada por la Municipalidad de Córdoba, a través del Observatorio de la Soledad No Deseada, en alianza con la Universidad Provincial de Córdoba y la Universidad Nacional de Córdoba.

Los cupos para cursar la formación ya están completos, una respuesta maravillosa que demuestra el interés y el compromiso de nuestra comunidad. Sin embargo, el acto de lanzamiento será libre, abierto y gratuito para todas las personas que deseen acompañar esta iniciativa.

Fuente consultada: “Guía de intervención para Linkeadores Sociales en Soledad No Deseada”, elaborada en el marco del curso impulsado por el Observatorio de la Soledad No Deseada del IPLAMU, Municipalidad de Córdoba. Autor principal y coordinador del equipo de contenidos: Mgter. Juan Carlos Mansilla. Córdoba, agosto de 2026.

Así vivimos el último encuentro de una escuela para todas las edades

El 4 de agosto nos encontramos alrededor de una propuesta maravillosa: “La conexión con la risa y la alegría a lo largo de la vida”. Desde el enfoque de trabajo que impulsamos en El Club de la Porota, entendemos que reír, jugar, disfrutar, compartir el humor y encontrarnos con otros también son maneras de cuidarnos a lo largo de toda la vida.

La risa y la alegría compartidas favorecen el bienestar subjetivo, fortalecen los vínculos, ayudan a aliviar el estrés y pueden constituirse en factores protectores de un buen envejecer. Y nos recuerdan que el disfrute, la curiosidad, el juego y la capacidad de sorprendernos no tienen edad.

Gracias a Eugenia Dünkler y Cecilia Giambartolomei por anfitrionar este hermoso espacio de encuentro, y a todas las personas adultas y mayores que se animaron a participar, jugar, reír y compartir. Nos vemos en el próximo encuentro: jueves 3 de septiembre a partir de las 15 hs. El tópico será “La Comunicación No Violenta, para todas las edades”. No te olvides de inscribirte en el formulario disponible en el Linktree de la bio de Instagram de El Club de la Porota o pedilo al +54 9 3513 26-0243. Animate a ser parte de este mundo para todas las edades. 

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