Por Zoom / Tiempo, pero tiempo no apurado

En esta edición un cuento de María Teresa Nannini e información sobre el trabajo de Las Abrazadoras de la Maternidad Provincial.

Tiempo

María Teresa Nannini, escritora del cuento de hoy.

Hace unos días me llegó por WhatsApp una foto: Tere, mi mamá y mi papá, sonrientes, en el Cafetín de la editorial Quo Vadis. Se habían encontrado allí durante la presentación de dos antologías —”Verano” (poesía) y “Agua” (cuentos y relatos)— y del libro “Cuentos cortos para mentes ocupadas”, de Luisa Luján. Tere Nannini estaba presente porque dos de sus cuentos forman parte de “Agua”.

A Tere la quiero hace tiempo: es vieja amiga de El Club de la Porota, integrante fundacional del Ensamble Creativo del Museo Evita Palacio Ferreyra (voluntariado para personas mayores) y, además, una de esas personas que miran lo cotidiano con una gracia inteligente, entusiasmo y humor. Hoy nos regala “Por Zoom”, uno de los cuentos que publicó en “Agua”: una escena reconocible para cualquiera que haya intentado sostener un encuentro virtual en plena pandemia, con sus enredos técnicos, sus ternuras involuntarias y esa humanidad que se cuela incluso cuando el micrófono está apagado.

Ojalá lo disfrutes tanto como yo. Gracias, Tere.

Sol Rodríguez Maiztegui

Por Zoom

Lorena prepara el mate, enciende la compu y pide ayuda a los ángeles del cielo para recibir a los “chicos” del taller. Algunos han aprendido a aceptar la palabra “viejos” y hasta les resulta mejor que eso de adultos mayores. Otros preferirían disimularlos, aunque se hayan “empoderado” de los años. De allí que algunas son detractoras de las tinturas y dejan las canas al viento. Otras preferirían tirar otras canas al aire y lucen pelos color caoba, a veces anaranjados. Los “muchachos”, en minoría, resisten como pueden.
—¡Hola! —dice Lorena a medida que se van conectando en el Zoom—. ¡Bienvenidos!
—Susana, se te ve la mitad de la cabeza, acomodá mejor la cámara.
Bueno, se lee en los labios de ella porque tiene el micrófono apagado. Javier le hace señas mostrando las orejas sin darse cuenta de que él no tiene problema de audio.
—¡No los veo, no los veo! —se desespera una voz en off.
—Habilitá la cámara, Carmencita —dice Lorena con suma paciencia—. Allí donde te figura una cámara de video. Si está tachada no anda. Tocala. Tocala.
—¿Con qué la toco? —pregunta Carmen—. Le paso el dedo y no anda.
—¿Estás en la compu? Es con el mouse…
—¡No tengo! —dice Carmen—. Tengo este rectángulo de mierrrda, que no lo sé usar.
—Estás con el audio habilitado, te aviso.
—Bueno, vamos empezando con los que puedan —dice la administradora—. Levanten un dedo los que me escuchan bien. Javi, ese dedo, no. No te hagás el picante. Hoy tenemos un buen tema de reflexión: la actitud. Voy a leerles algo, así que es mejor si apagan los micrófonos. Me aturden las chupadas de mate y el caniche de Susana.
—¡Oh, se fueron tres! —grita María, pero no se oye.
Otros quedaron estáticos en los perfiles fotográficos. Lorena lee y que se jodan, piensa. María sigue haciendo señas con tres dedos frente a la cámara, luego, con dos se señala los ojos en un “see you” que le enseñaron los nietos.
Lore sigue leyendo con el placer de haber cortado los micrófonos: “Total, esto no es la legislatura. El que me sigue, que me siga. Qué pongan actitud”. Con los micrófonos habilitados empiezan a superponerse opiniones. Son muchos los días de aislamiento y las ganas de contar cosas se multiplican entre los viejos. Han quedado pocos, porque los que se fueron no saben volver a entrar. “Es como un símbolo del sistema”, piensa Lorena, mientras los deja charlar. “El que no se suma, pierde. Si no manejan las redes, son los analfabetos de este siglo. Este es el año de la pandemia que vino a aniquilar a los adultos mayores, a los ancianos, a los viejos de mierda, según el enfoque. La vida saludable, los medicamentos, las vacunas han dado a los mayores una sobrevida molesta. Si algunos se tienen que caer del planeta, mejor que sean los viejos”.

—¡Pero esa no es la actitud! —dice Lorena de repente y nadie entiende nada—. La actitud es ser resilientes. No dejarse estar. Creer en ustedes mismos, ser generosos, cuidarse para cuidar a los otros. ¡Los jóvenes no nos podemos quedar sin la generación de sabios que ustedes encarnan! Los ojos atónitos de sus interlocutores le hacen detener el discurso. María le hace señas de tijeras. Estaba sin micrófono.

Y cuando logra hacer funcionar toda la sala de meeting, escucha el último diálogo antes de que se corte el Zoom:
—El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono, y cuando atendieron y escuché que era él, corté rápido.
—¿Y qué le dijo, Inesita? —preguntó Lorena por cortesía.
—Usted se ha comunicado… —Y corté emocionada—. Me hizo bien saber que no murió todavía.

María Teresa Nannini

Tiempo, pero tiempo no apurado

Mi mamá, María Luz, cumplió 70 años el pasado 23 de enero. Los celebramos en casa con muchas sorpresas, entre ellas un bingo musical —en el que grandes y chicos terminamos cantando y bailando— y una cuponera muy especial. La llamamos la cuponera del “tiempo, pero tiempo no apurado”, en alusión a “Osías”; la canción de María Elena Walsh que nombra lo que tantas veces se nos escapa: tiempo de imaginación, tiempo de presencia, tiempo de mirada y escucha.

La cuponera fue, en realidad, un pacto amoroso para todo 2026. Cada nieto y nieta, cada hijo e hija, su esposo (mi papá), sobrinos y sobrinos nietos, hermanas, amigas y amigos, le regalaron “vales” para compartir sin correr: una tarde de cafecito sin agenda, una caminata, cocinar juntos milanesas con puré, dibujar o leer un cuento, una salida al cine, ir a la cancha a disfrutar de un partido de fútbol femenino alentando a Las Piratas de Alberdi, escuchar música, ir al teatro, una reunión entre amigas en las sierras, estar. Lo más simple —y a veces, lo más difícil—: tiempo no apurado.

Mamá solo había pedido que el cumpleaños tuviera un gesto: “No quiero regalos para mí”, dijo. “Quiero que cada invitado traiga pañales para bebés prematuros. Los vamos a donar a Las Abrazadoras de la Maternidad Provincial”. Y así fue. El martes pasado la acompañé a llevar 958 pañales y ropa de bebé en excelente estado. Y ahora, les cuento…

¿Quiénes son las Abrazadoras?

Son voluntarias y voluntarios que acompañan a bebés internados y a sus familias en la Nueva Maternidad Provincial Brigadier Juan Bautista Bustos. Brindan contención afectiva mediante el contacto piel a piel (COPAP) y ofrecen apoyo emocional a quienes transitan momentos frágiles. Su tarea se enmarca en el modelo de Maternidades Seguras y Centradas en la Familia, una mirada que busca humanizar la atención y sostener el cuidado como parte de una estrategia integral de salud pública. La médica que impulsó y lidera la propuesta de Abrazadoras en Córdoba es la Dra. Ana María Rognone, médica neonatóloga, jefa de la Unidad de Cuidados Intermedios de la Maternidad y coordinadora del programa. En 2017, Rognone promueve la idea de Las Abrazadoras a partir de conocer experiencias internacionales (como el programa Baby Cuddler en Canadá) y adaptarlo a la realidad local.

El voluntariado nació como respuesta a una necesidad silenciosa: la soledad de algunos recién nacidos internados cuando, por motivos sociales, económicos, emocionales o legales, sus madres o familias no pueden estar presentes todo el tiempo. En esos casos, el abrazo —a veces el primero y el único durante la internación— no reemplaza la medicina: la complementa. Es presencia organizada, que se sostiene con capacitación y un compromiso minucioso.

Y ahí vuelve, con más sentido, la cuponera. Porque el “tiempo no apurado” no es solo el tiempo lindo del encuentro: también es el tiempo que se entrega sin mirar el reloj cuando el otro lo necesita. Algo de eso hacen Las Abrazadoras: abrazar sin apuro, sostener sin apuro, acompañar sin apuro. Su misión nos recuerda que hay un tiempo que cura justamente porque no corre detrás de las exigencias, sino que se queda donde hace falta.

Acompañar a mi mamá a donar sus regalos de cumpleaños fue, quizás, uno de los primeros vales canjeados del 2026: tiempo no apurado para convertir una celebración en misión, y una misión en comunidad. Porque abrazar a un recién nacido es, también, darle la bienvenida a una trama humana que no se mide en minutos, sino en presencia ¡Felices 70, má!

Sol Rodríguez Maiztegui

¿Cómo colaborar?

Si deseás donar pañales para bebés prematuros y/o ropa en excelente estado para bebés de 0 a 3 meses, escribí a Las Abraza-doras por mensaje directo a su cuenta de Instagram @fundacionabrazadoras

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