Lazarito

El ojo de Horus

Lazarito

El imputado Franco Sosa y su abogado Joaquín González.

Todo lo que ha pasado, y que continúa, pese al “fuego al mínimo” de la cobertura mediática que en las primeras semanas fue arrolladora, en relación a la desaparición del niño Loan de sólo 5 añitos en Corrientes, pareciera haber sensibilizado a buena parte de la sociedad sobre la ternura que genera un pequeño inocente incapaz de defenderse de casi nada, y como presuntamente sería en este caso, a partir de un rapto, secuestro o crimen.

Suele ocurrir en nuestro país que de modo espasmódico suceden hechos que por diferentes razones nos impactan fuerte en la conciencia colectiva, y entonces permanecemos conmocionados hasta que nos vamos olvidando, y así calmamos nuestra angustia. Algo así sucedió en la ciudad de Villa María el jueves 2 de junio de 2022, cuando un bebito de sólo cuatro meses fue llevado de urgencia al Hospital Pasteur por su padre Franco Emanuel Sosa y dos vecinos. Según argumentó el progenitor, su hijito estaba “enfermo” pero a poco de atenderlo los médicos advirtieron que se trataba de otro caso de maltrato infantil. Lamentablemente no pudieron salvarle la vida por los severos daños crónicos en su cerebro, y tal como lo confirmó la autopsia fue otro caso más del síndrome del niño sacudido.

Inicialmente la fiscal Companys imputó al padre por homicidio calificado por el vínculo; así ordenó la detención de Sosa y también de la madre del bebito Lázaro, Stefanía Sánchez, quien un año después fue sobreseída, luego de comprobarse que también ella era víctima de la violencia ejercida por Sosa, quien según la prueba conseguida, maltrataba al bebito y a la madre. Para colmo de males, también se confirmó un antecedente similar del imputado con una hija de un matrimonio anterior.

Desde el lunes, Sosa está siendo juzgado por la Cámara del Crimen de Villa María con jurados populares, de confirmarse la acusación será condenado a prisión perpetua.

Lo cierto es que, por estos días en los que en nuestro país algunos parecieran haber descubierto recién ahora la violencia de género, sobre todo de víctimas mujeres que de uno u otro modo (en la mayoría de los casos) tienen la chance de pedir ayuda y denunciar al maltratador, existe otra epidemia mucho más silenciosa, como lo es el maltrato infantil, que se mantiene a pesar de las campañas de concientización y de las duras condenas para los victimarios. Villa María lo sabe y por estas horas llora por Lazarito.

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