Señales de alerta / Chico bromista

Brinkmann evidencia la grieta social tras graves hechos de violencia. En tanto, una falsa amenaza en el aeropuerto alerta sobre los límites de las bromas.

Chico

Señales de alerta

Lamentablemente, en las grandes ciudades ya no son sorpresa los hechos de violencia urbana o los ataques piraña o de jóvenes que golpean en manada, y que de tanto en tanto nos conmueven por la saña y ferocidad de los patadones y trompadas con las que lesionan a las víctimas. Rápidamente en la memoria, nos aparecen los casos de Marcos Spedale, ocurrido en el Cerro de las Rosas en el año 2005, y el de Fernando Báez Sosa, en Villa Gesell, en el 2020. Pero cuando estos hechos se registran en pueblos y pequeñas comunidades, entonces el shock es tan fuerte que mucha gente se limita a espantarse y a pedir “mano dura” sin siquiera intentar entender las causas.

El pasado domingo 23, en plena madrugada y en Brinkmann, ciudad de 11.000 habitantes del departamento San Justo, el comerciante Pablo Mora quiso interceder en las afueras de un boliche bailable y al ver como un grupo de chicos agredían a otro indefenso, lo terminaron golpeando duramente a él, incluso pegándole cuando ya estaba tirado en el piso, provocándole heridas importantes en la cara y en el cuerpo. Por supuesto, lo ocurrido fue filmado y por lo tanto el fiscal de Morteros, Francisco Payges ya imputó a tres de los agresores de 15, 16 y 17 años de edad por lesiones graves. Justamente en esta misma pequeña ciudad, otro hecho conmovedor ocurrió en septiembre del 2024. Fue el abuso y posterior crimen de la niña Aralí Vivas, de sólo 8 añitos. En tal sentido, el 22 de septiembre próximo, en San Francisco, comenzará el juicio a la madre, a su pareja y a un allegado, quienes podrían ser condenados a prisión perpetua.

Por supuesto, la mayoría de la gente de Brinkmann está consternada por esta violencia sin precedentes y con la marginalidad de fondo, un tejido social que empieza a resquebrajarse como nunca antes. ¿Qué nos está pasando?, se preguntan el intendente Mauricio Actis y los vecinos, atónitos por sucesos que parecían lejanos, más propios de películas y diarios que de la vida cotidiana. Tal vez, y más allá de la actuación judicial, como comunidad podrían mirarse con más atención e intentar ver algo que seguramente no están viendo. Dos hechos tan resonantes y en menos de dos años, posiblemente sean señales de alerta.

Chico bromista

Es verdad que a veces, muchos niños y adolescentes no tienen una real dimensión de algunas travesuras que cometen tontamente, tal vez solo para divertirse o jactarse ante sus amigos. ¿Quién no jugó alguna vez al ring-raje tocando timbres de casas para salir corriendo y reírse de la “hazaña”? Sin embargo, en los últimos años se registraron varios casos de “picardías pesadas”, como por ejemplo de alumnos que llevaron armas a las escuelas para mostrarlas a sus compañeros. O también, amenazas de supuestos explosivos puestos en lugares concurridos.

En la Justicia Federal de Córdoba, hace algunos días se archivó la denuncia en contra de un niño chaqueño de 12 años, por ser inimputable, por una amenaza telefónica que realizó el 23 de noviembre del año pasado, que fue recibida en el Aeropuerto Internacional Ambrosio Taravella. Todo ocurrió cuando una policía de la PSA (Policía Aeroportuaria) recibió un llamado de supuestamente una voz femenina que advertía: “Hola viejo…tené tranquilidad. Pero en este vuelo hay una bomba”. Ante la pregunta de la agente sobre el número del vuelo, respondió “2666” para inmediatamente cortar el contacto. Por supuesto, rápidamente se puso en marcha el protocolo de seguridad con la intervención de la brigada especializada y el personal técnico a cargo de la revisión. Mientras tanto, geolocalizaban el teléfono usado para la amenaza que había disparado la señal en Resistencia. Se supo luego que pertenecía a una madre cuya línea usaba su pequeño hijo, quien antes de llamar al Aeropuerto Córdoba, había llamado a Ezeiza y al aeropuerto de Salta pero sin animarse a amenazar como lo hizo acá.

Afortunadamente y aunque el hecho provocó susto y un gasto de dinero incluso en los expedientes judiciales, con una denuncia finalmente desestimada, sólo se trató de un chico bromista.

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