Antonio Cafiero, el presidente que nunca pudo ser

Fue la joven promesa del primer peronismo. De pura casualidad se convirtió en el salvador de un joven argentino que años después sería el célebre Ernesto Guevara. Pero aquí lo que importa fue la traición de Lanusse y el día que Perón lo vetó.

Antonio Cafiero

Antonio Cafiero hoy es un olvidado para las nuevas generaciones. Pero fue, dentro del peronismo, la eterna promesa, el hombre a punto de ser el más importante heredero de Perón. Pero se quedó siempre en las gateras. Y ni siquiera pudo ser, jamás en su vida, candidato a presidente.

No pudo serlo porque, en su mejor momento, cuando parecía que estaba predestinado, perdió inesperadamente la histórica interna del ‘88 frente a Carlos Saúl. Nunca más se recompuso de aquella derrota. Pero hay una historia previa a esa. La vez que estuvo a punto de ser EL elegido, una vez más el predestinado a la gloria. Pero la traición de un militar hizo que Perón le bajara el pulgar.

Nos ubiquemos en el año 1972. Perón ya tenía definido el retorno. Pero una cláusula puesta por el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse le impedía ser candidato. Por esa razón tenía que elegir a alguien de su partido. Y tenía tres nombres para un cargo: el de presidente de la nación.

Uno era Jorge Taiana, su médico, militante, hombre de extrema confianza, un tipo noble. Pero Perón lo descartó: la hija de Taiana, Cecilia, estaba en pareja con el ‘Jipi’ Alsogaray, montonero, primo de María Julia e hijo de Julio Alsogaray, militar golpista. Taiana y Alsogaray, por lo tanto, eran familia y Perón temió que Taiana, tan buena gente, pudiera ser influido por su consuegro, el que había derrocado a Illia.

Descartado Taiana, quedaban dos candidatos: Antonio Cafiero y Héctor Cámpora. El que corría con ventaja era Cafiero: más joven, cercano a los líderes sindicales, menos propenso a la izquierda peronista. Pero algo pasó en el medio. Un verdadero problema: Cafiero no cumplió la orden dada por el líder desde Madrid:

_ No se habla ni se negocia con los militares.

¿Y qué hizo Cafiero? Sí, eso que están imaginando.

Faltaban pocos días para el 17 de noviembre de 1972, día histórico en que Perón volvió al país por primera vez en un charter. Lanusse le pidió a Cafiero una reunión en la previa de la llegada del avión. Cafiero se negó. Lanusse le insistió: es por la seguridad del avión Antonio. Mire si alguien lo quiere derribar.

Cafiero se sintió entre la espada y la pared: ¿respetar la orden dada por el líder o velar por su seguridad? En soledad, sin decirle nada a nadie, tomó la decisión de ir, pero le pidió a Lanusse que el encuentro fuera secreto. Se encontraron en la Quinta de Olivos el domingo 5 de noviembre. El ocupa Lanusse lo esperó vestido con ropa deportiva y pañuelo blanco al cuello.

Lo primero que le dijo Cafiero fue:

_ Esto es secreto. Solo estoy acá para asegurar el regreso de Perón.

_ ¿Regreso? -se burló Lanusse-. Perón no quiere volver, y Cámpora tampoco, se van a quedar los dos en España.

Cafiero esquivó la provocación y le dijo que estaba mal informado, que volvían los dos. Lanusse se puso como loco, comenzó a gritar y a insultar. Y se mandó una frase histórica:

_ ¡No voy a permitir que la negrada haga otro 17 de octubre!

El encuentro terminó sin ningún avance. Una semana después, el 12 de noviembre, Lanusse contó todo lo sucedido a otros generales, agregando que Cafiero no tenía los huevos suficientes para decirle a Perón lo que realmente pensaba de él. La versión se hizo pública, Perón se enteró a la distancia y el sueño presidencial de Cafiero se hizo trizas.

Cámpora, El Tío, el dentista de Giles, el hincha de la U, tenía el camino allanado. Pero esa es otra historia.

 

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