La puesta cuenta con dramaturgia de Natalia Buyatti, dirección de Cinzia Maccagnano y codirección de Marta Cirello, y tiene como protagonistas a Beto Bernuez, Florencia Rubio y Patricia Rojo. A diferencia de otras versiones del relato, la obra desplaza el centro de atención hacia Gepetto, el carpintero que crea a Pinocho y que aquí aparece como un hombre marcado por el dolor, pero todavía capaz de recuperar el deseo de vivir. “La historia que contamos es un poco diversa. Trata principalmente de Gepetto. El protagonista es un hombre que ha sufrido mucho y ha visto dolor y miseria”, explica Maccagnano.
Desde ese punto de partida, la aparición de Pinocho adquiere otro sentido. El muñeco no llega solamente para protagonizar su propio proceso de aprendizaje, sino que también modifica la vida de quien lo creó. “Siempre está esa chispa; en el interior del hombre despierta el deseo de algo. Un deseo que en su caso se transforma en la marioneta (“burattino”, dice ella, palabra que en italiano es más encantadora aún) que se convierte instantáneamente en un niño”, cuenta la directora. En esa relación, la transformación funciona en ambas direcciones: Gepetto da forma a Pinocho, pero el niño también devuelve al adulto una posibilidad que parecía perdida. Maccagnano lo define como “muy vital, vivo, sabio” y sostiene que será quien lleve a Gepetto a “redescubrir la vida”.
La elección de poner a Gepetto en el centro también modifica la lectura de un clásico que suele asociarse con el aprendizaje de un niño frente al mundo. Para Maccagnano, sin embargo, la historia conserva su vigencia justamente porque ese aprendizaje no pertenece a una edad determinada. “La historia de Pinocho y de Geppetto, aunque tiene 200 años de antigüedad y es italiana, tiene un valor universal, precisamente porque trata sobre la formación, el crecimiento de un niño, y por lo tanto del deseo de conocer la vida con la ingenuidad propia de los niños”, señala. La directora entiende que ese descubrimiento implica necesariamente la posibilidad de equivocarse y de tomar decisiones propias:
“Esa decisión también puede llevar a una desilusión. Es exactamente la fuerza de Pinocho la que ayuda, ya que él puede elegir qué es más importante en la vida”.
En esa relación entre aprendizaje y deseo aparece, además, una de las preocupaciones que Maccagnano lleva a la puesta: qué pueden hacer las nuevas generaciones con el futuro y qué pueden despertar en quienes las precedieron. La directora rechaza una idea de juventud entendida solamente como promesa y prefiere pensarla como una fuerza capaz de modificar también el presente de los adultos. “Hoy creo que para los jóvenes es importante que les digan que son el futuro, y no solo son el futuro sino también la posibilidad que el adulto tiene de reactivar el futuro”, afirma. Por eso agrega: “El futuro puede volver a encenderse gracias a los jóvenes, que reavivan esa chispa, ese deseo. Hoy necesitamos un deseo para avanzar, un proyecto, y los jóvenes son el proyecto”.
La obra incorpora esa mirada a través de otros elementos de la narración. Entre ellos aparece la Mujer Pájaro, interpretada por Patricia Rojo, una figura que se mantiene en un plano más distante pero que cumple una función dentro del recorrido de los personajes. “Dentro de la historia también hay una figura que se divisa a lo lejos, un elemento invisible que nos ayuda en la narración: es una mujer pájaro”, explica Maccagnano. Su intervención está ligada a otra palabra que resulta central para la directora: la ilusión. “Ella dice que para vivir necesitamos una ilusión. La ilusión convierte nuestro deseo en nuestro futuro”. Así, el futuro del que habla Maccagnano no aparece como algo dado de antemano, sino como una construcción que necesita deseo, imaginación y la posibilidad de volver a proyectarse.
El vínculo con Argentina suma otra dimensión al proyecto. Maccagnano llegó al país por primera vez a partir de esta puesta y del trabajo junto a la Comedia Cordobesa, una experiencia que la directora describe como el cumplimiento de un deseo personal. “A Córdoba nos trajo el destino, un extraño destino. Estoy muy feliz de estar aquí porque Argentina es para mí un deseo hecho realidad. No sé por qué siempre he deseado venir a la Argentina, y hacerlo con Pinocho, una historia a la que estoy muy unida, es un regalo para mí. Un obsequio”, cuenta. La experiencia, dice, podría tener continuidad: “Creo que sentiré la necesidad de volver aquí”.
La producción reúne al Instituto Italiano de Cultura y la Agencia Córdoba Cultura y vuelve a poner en circulación una historia nacida en Italia que, con el paso del tiempo, adquirió una dimensión mucho más amplia. Para Maccagnano, ese recorrido es parte del sentido de la experiencia: “Gracias al Istituto Italiano podemos revivir aquí en Córdoba y Argentina la historia de la universalidad de Pinocho. De alguna manera, para hacer más universal esta historia que es casi un mito al alcance de todos”.
La puesta tiene una duración de 75 minutos y está recomendada para mayores de 14 años. La realización de los títeres estuvo a cargo del Teatro Estable de Títeres Santiago Mateos, con la colaboración de Flavia Caminos. El diseño de escenografía corresponde a Kirka Marull, las luces a Rafael Rodríguez y el sonido a Luca Solé.
