El arte que guardan las artistas

Cuatro artistas cordobesas revelan sus colecciones en el 220 CC: un mapa de afectos, memoria e identidad a través de las obras que las habitan.

artistas

PH Francisco D´Angelo para 220cc.

Hace unos meses visité a Susana Lescano en su taller. Mientras caminábamos entre sus esculturas y unas nubes de hojaldre nos miraban por la ventana, comentamos varias piezas que colgaban en las paredes y no eran de su autoría. Volví de su casa con un interrogante: ¿por qué una artista que crea con tanta intensidad atesora lo que otros hicieron con igual fuerza?

Una selección para entender el mundo

El coleccionismo se remonta, prácticamente, a los comienzos de la humanidad. En cierta medida, es una definición de las personas y su cosmovisión: un puñado de objetos considerados mágicos, talismanes, elementos con propiedades místicas, e incluso sencillamente vestigios de nuestros itinerarios, que conforman una parte de nuestro ser proyectada sobre una colección. Objetos que, en conjunto, explican y cobran un sentido que nunca tendrían de forma aislada.

Nuestra biblioteca, a manera de ejemplo, no es un grupo de libros de mayor o menor valor, sino nuestras creencias y posiciones sobre el conocimiento, la política y hasta nuestras fantasías. Las estampillas que atesoramos —aunque el ejercicio de la epístola postal sea un capítulo tan antiguo que debemos explicárselo a los niños— exhiben bellezas y el exotismo de países que pueden haber cambiado sus límites, pero que proyectan nuestros deseos de viajar, conocer, estar en movimiento… Y lo mismo podría decirse del deseo de controlar el tiempo en una colección de relojes, o esa colección de juguetes que intenta decirle al mundo que seguimos ensayando una vida más divertida, por más dura que sea nuestra realidad.

PH Francisco D´Angelo para 220cc.

Coleccionar sentido

Las colecciones de arte, por su parte, tienen más capas de sentido ya que intentan una negociación entre las dos grandes teorías del coleccionismo: Theodor Adorno considera al coleccionista una figura ligada al capitalismo por la condición fetichista de la posesión, mientras que Walter Benjamin valora el rescate de objetos —en este caso, obras— más allá de su valor transaccional, para desafiar el mercado del arte y reordenar un mapa de sentido.

Este gesto filosófico y político —que parece lejano desde una u otra vereda— puede explicarse si tenemos en cuenta que el Louvre exhibe la colección iniciada por la realeza francesa para después ser puesta al servicio de la población como gesto político de la Revolución Francesa. Es el mismo caso que el Museo Británico, cuya existencia le ha servido a la Corona para explicar la colonización del imperio, y así podríamos listar una enorme cantidad de museos que sugieren, con su colección, un canon cultural, estético o ideológico.

En este plan, las compilaciones de artes gestionadas por artistas están atravesadas por la mirada sobre la propia materia prima —la creación—, la práctica e, incluso, la red de relaciones entre autores. Las colecciones de artistas son un caudaloso conjunto de obras unidas por un río de debates y profundos conceptos sumergidos que salen a flote muy ocasionalmente.

Corriente invisible

El 220 CC (Costanera Ramón B. Mestre 1100), el Centro Cultural fundado por la empresa En Vivo Producciones, propone en las próximas semanas una arriesgada exposición que recoge el rol de las colecciones, atravesada por la mirada de cuatro mujeres artistas y coleccionistas. Esta combinación de patrimonios presenta la fuerza de un coro femenino, de la corriente invisible que recoge el eco del Río Suquía como fuente de vida cordobesa que todo lo ordena y que, en la ex Usina, irradia su energía acumulada.

PH Francisco D´Angelo para 220cc.

La belleza del eclecticismo

Esta selección, claramente heterogénea, está atravesada —en palabras de sus protagonistas— por el afecto, el sentido, el cariño y la emoción. Con la curaduría de Gisella Scotta, los trabajos exhibidos incluyen obras reunidas por Susana Lescano (1948), una escultora de extensa trayectoria (autora de Los Aros del Bicentenario en el Parque Sarmiento); Claudia Santanera (1969), poeta y artista visual, cuya producción actual se vincula con prácticas y memorias colectivas; Ana Luisa Bondone Fernández (1958), artista visual y ceramista, de querida y extensa trayectoria docente; y Sara Goldman (1957), artista visual con un cuerpo de obra hilvanado por la recuperación y cuya cálida presencia en ferias es siempre luminosamente reconocible.

Lescano, Santanera, Bondone y Goldman reúnen sus colecciones en una muestra de planteo contemporáneo, con un amplio inventario de 70 trabajos pertenecientes a 50 artistas. Vale destacar que cada una de ellas aporta, además, trabajos de su propia factoría que fortalecen ese entramado afectivo que las reúne. Esta exposición nos invita a sumergirnos en la producción y legado de artistas que producen como integrantes del ecosistema; que hacen cauce común, transitan los vertiginosos accidentes, las escasas playas y los numerosos naufragios de ese río que es el arte local.

PH Francisco D´Angelo para 220cc.

Obras, autoras y exposición

El texto de la exposición Donde muerde el aguapropone afinidades, persistencias y recorridos (con remolinos incluidos) y, entre muchas firmas, incluye a Nina Kovensky, Antonio Seguí, Alfredo Prior, Tutuca Monteiro, Antonio Pedone, Marisol San Jorge, Carlos Camilloni, Emilio Caraffa, Gustavo Piñero, Juan Carlos Romero, Marcelo Bonevardi y Sara Fernández, entre tantísimas artistas.

Puede visitarse en el 220 Cultura Contemporánea — Plaza de la Música, con entrada libre y gratuita, de martes a viernes de 17 a 20, hasta el 2 de octubre.

 

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