Florencia Sichel y el desafío de rendirse ante los mandatos de la vida adulta

La filósofa presenta su unipersonal en Córdoba. Una propuesta teatral para frenar la autoexigencia y recuperar una pausa necesaria mediante el humor.

Florencia Sichel en Córdoba.

La escritora se presentará el sábado en Studio Theater.

La agenda del siglo XXI no da tregua. Ante este panorama, Florencia Sichel —filósofa, divulgadora y escritora— llega a Córdoba para presentar “Todas las exigencias del mundo”, con una función el 9 de mayo a las 20 en Studio Theater (Rosario de Santa Fe 272). En una charla profunda con Hoy Día Córdoba, la autora analiza cómo la lista de tareas diarias se multiplica hasta el agotamiento y propone una salida colectiva a través de la reflexión y la risa.

La propuesta entrelaza vivencias personales, comedia y una mirada filosa sobre la actualidad. Sichel propone que el espectáculo funcione como un respiro para preguntarse sobre la rutina, invitando a repensar la hiperproductividad y cuestionando qué sucedería si las personas deciden rendirse “pero de verdad”. El unipersonal, que ya cumple un año en escena con localidades agotadas, busca transformar la angustia individual en una carcajada compartida.

El salto de la página al escenario

El proyecto nació como un texto literario publicado por Editorial Planeta que, a raíz de una invitación a dar una charla en la revista Orsai, mutó en un espectáculo teatral. Apoyada en los recursos del “stand up”, la docente estructuró el guion sobre tres ejes que aprietan a la sociedad contemporánea: la felicidad, el éxito y el “amor Disney”. Sichel afirma que subirse a las tablas no implica abandonar su rol de educadora: “El teatro es una forma distinta del aula, pero es un ejercicio más de la docencia y de algo que a mí me interesa siempre: entusiasmar con la filosofía, mostrar que en realidad forma parte de nuestra vida cotidiana”.

Para la pensadora, las presiones actuales tienen un componente inédito impulsado por la tecnología y la exposición constante. “Abrís las redes sociales, scrolleás Tik Tok y te encontrás un montón de influencers diciéndote lo exitosos que son, todo el dinero que ganan desde casa, y sentís que sos un salame por ir a trabajar”, grafica. En esa línea, advierte que las plataformas habilitan una comparación constante e injusta: “Te estás comparando con un microsegundo de alguien que no tenés ni idea de quién es. No te comparás con una escena completa, sino con un recorte de la realidad, y muchas veces uno se siente muy miserable”.

Esta dinámica se profundiza en plataformas como Instagram, donde solo se muestra el fragmento de regocijo o éxito. Según Sichel, todo está muy ligado al consumo. “Por lo general, uno no se filma tomando la chocolatada con un pijama roto. Hacés una historia el día que más o menos estás fachero, que te sentís bien de autoestima y que fuiste a comer al restaurante de moda”, explica, invitando a pensar si esa felicidad genuina viene de la mano de ciertas “pretensiones”.

La trampa del “amor Disney”

Otro de los grandes focos del monólogo es desarmar las ideas románticas que atraviesan las relaciones humanas. Sichel analiza qué tipo de vínculos hemos aprendido a lo largo del tiempo y señala el peligro de la visión idealizada del “amor Disney”, la cual asume automáticamente que la pareja es un requisito obligatorio para no estar en falta. Esta idealización no solo afecta los vínculos externos, sino que también distorsiona la percepción de uno mismo.

La filósofa pone la lupa sobre las exigencias modernas disfrazadas de bienestar personal y el discurso del autoamor. “Estamos en una época en la que se nos habla hasta el hartazgo de que nos tenemos que querer un montón y que depende exclusivamente de nosotros estar bien. Para mí eso también es problemático y complejo, porque a veces no es solo una cuestión de voluntad. Yo me puedo decir todos los días que me quiero, y que no pase nada”, reflexiona.

Para abordar esta complejidad y desarmar el entramado de exigencias, la obra recurre a pensadoras como la española Brigitte Vasallo, buscando entender qué ideas de amor hemos interiorizado como sociedad.

En esa línea, Sichel advierte que esta imposición del amor propio está profundamente vinculada a una cuestión individualista y meritocrática, donde la persona se explota a sí misma creyendo que la felicidad es un logro exclusivamente personal. “Es un poco lo que se nos impone en esta época. Creo que no era tan así para las generaciones anteriores, donde había una visión un poco más colectiva. Hoy es: ‘Sé exitoso vos, contale al mundo lo bien que te va’, y ya no te importa qué le pasa al vecino. Está bueno pensar si realmente queremos construir esa noción de éxito”, concluye sobre este eje.

La dictadura del rendimiento

HDC: El éxito muchas veces está vinculado al trabajo. Más allá de la situación económica, que empuja a buscar más de una fuente de ingreso, hoy está muy de moda esta cuestión de autoexplotarse. Pareciera que está bueno hacer muchas cosas al mismo tiempo y el “multitasking” es celebrado.

Florencia Sichel: Los discursos corporativos en torno a la productividad han contaminado todos los universos, incluso los que no tienen que ver con lo laboral. De golpe estamos contando los minutos para absolutamente todo lo que hacemos, hasta para descansar. Te agendás verte con un amigo, porque si no, pareciera que no ocurre. Eso evidencia una dificultad de los adultos: primero, tener tiempo libre, y segundo, no estar ordenando todo el tiempo los planes.

Una cosa es querer ver a un amigo; pero hoy por lo general la charla es: “Bueno, ¿y a dónde vamos? ¿Qué vamos a comer?”. Todo eso es sumar millones de presiones en una época en la que, además, a la mayoría de las personas no les sobra el dinero. En el trabajo pasa lo mismo. Hay una romantización de la autoexplotación. Con la excusa de ser “tu propia jefa”, terminás trabajando veinticuatro horas al día, siempre con el celular en la mano para responder mensajes.

HDC: Mencionabas el tiempo libre. Sabiendo que estamos empujados hacia el consumo y que apareció este concepto de FOMO, ¿cómo es el vínculo que tenemos hoy con el ocio?

Florencia Sichel: Es algo que cada vez nos cuesta más. Hay que entender que la cultura del entretenimiento no es lo mismo que tener tiempo libre. Si en mi única noche libre necesito poner la última película en Netflix y pedirme sushi o helado a través de una aplicación, ahí estoy reproduciendo la lógica del mandato económico en ese rato de ocio. Eso no tiene nada que ver con el descanso. Yo creo que tener tiempo libre iría más asociado a poder frenar un rato, estar sentado en el sillón sin scrollear el celular, lo cual es difícil. No sé si tenemos recuerdo de eso, de no estar haciendo necesariamente nada.

HDC: ¿Proponés algunos hábitos en el unipersonal para mitigar este cansancio constante?

Florencia Sichel: Hay algo buenísimo en el simple hecho de suspender el uso del celular un rato. Que puedas poner pausa y, durante una hora y cuarto —que es lo que dura el unipersonal—, poner la cabeza en otro lugar, ya te produce un descanso. Obligarnos a cortar. No tiene que ser veinticinco horas al día; puede ser un rato mientras cocinás o manejás.

Para mí hay algo básico que es hacer una sola cosa a la vez. Si estoy cocinando, estoy cocinando, sin un video de YouTube o ruido de fondo. Por otro lado, es clave recuperar el encuentro cara a cara con el otro. Lo que produce alivio en el teatro es eso: cuando cuento de manera graciosa todas las cosas que me vuelven miserable, genero risa. Y esa carcajada colectiva está buenísima.

HDC: Claro, quitarle el lado catastrófico a no seguir el rumbo de la mayoría.

Florencia Sichel: ¡Tal cual! Es más catastrófico vivir una vida queriendo cumplir con un montón de mandatos que no te pertenecen. Al final del día, se trata de revisar qué te gusta, qué tenés que aceptar porque no queda otra, y qué cosas sí podés cambiar. Esa búsqueda es mucho más genuina y de eso se trata vivir. Dicho esto, quiero llevar tranquilidad de que el “show” tiene muchísimo humor. Se van a divertir, no se van a deprimir; en esencia es una obra muy divertida.

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