El mundo de la música nacional y latinoamericana despertó con una noticia que genera profunda tristeza: a los 79 años, falleció Luis “Lucho” González. El deceso del reconocido guitarrista y arreglador se produjo el sábado 28 por la noche y fue confirmado por allegados al artista y por el programa de Perú Sonidos del Mundo .
Nacido en Lima el 25 de noviembre de 1946, González llegó a Buenos Aires con apenas meses de vida. Su destino estaba marcado: creció en un entorno donde la música era el lenguaje cotidiano, influenciado por su padre, Javier González (integrante de Los Trovadores del Perú). De manera empírica y desde muy chico, Lucho desarrolló un talento extraordinario para la guitarra, mostrando una inclinación natural por la complejidad de la composición y los arreglos.
Un arquitecto de la canción y el hito de «El Trío»
Su carrera estuvo signada por la búsqueda constante. Abandonó la facultad de Derecho para dedicarse de lleno a las cuerdas, una pasión que lo llevó a ser el director musical de figuras fundamentales como Chabuca Granda y Mercedes Sosa. Sin embargo, su nombre quedó grabado a fuego en la memoria popular cuando Lito Vitale, Bernardo Baraj y Lucho González, nacido en Perú pero argentino por adopción, formaron El Trío durante los años 1985-1986.
Aquella formación no solo marcó una época, sino que instaló un sonido sin precedentes en la música argentina, logrando el premio Consagración en el Festival de Cosquín y llegando al estadio Luna Park. Al respecto, Baraj definió: «Logramos llevar adelante un concepto que no tenía antecedentes en la historia de la música popular argentina». Tras 15 años de silencio, se reencontraron en 2001 para el ciclo Amigos del Alma: «No sé si significará el cierre de un ciclo o la apertura de otro, pero sí creemos que podremos revivir el espíritu de felicidad permanente que supimos sentir entonces», prometieron.
Legado en Córdoba y «Siembra musical»
Más allá de los grandes escenarios, González desarrolló una labor docente fundamental que lo vinculó estrechamente con nuestra provincia, dejando una huella imborrable en la Universidad Nacional de Villa María. Con su sistema de enseñanza “Siembra musical”, capacitó a generaciones de guitarristas en armonía estructural, tarea que también desempeñó para el INAMU. Su ductilidad le permitió navegar entre el folklore, el tango y el jazz, colaborando con artistas como Juan Carlos Baglietto, Pedro Aznar, Tania Libertad, Vicentico y Sandra Mihanovich.
El adiós de sus pares: «Un faro de luz»
La repercusión de su partida fue inmediata. Fito Páez lo despidió con un extenso y sentido mensaje: “Lucho González fue uno de los amores de mi vida. Una persona entrañable, artista apasionado y maestro del bien dotado con el don de la música. Fue uno de mis referentes totales y un faro de luz dentro de la música peruana”. El rosarino recordó verlo inventar los riffs de clásicos como “Detrás del muro de los lamentos” y “Tu sonrisa inolvidable”: “Fue un ser cálido y desprejuiciado. Pleno de amor, conocedor de los arrabales del mundo y las esferas celestes”.
Por su parte, Alejandro Lerner sumó: “Se nos fue el Maestro Lucho González, un amigazo de lo más talentoso que hemos tenido. Peruano y con corazón argentino, compusimos canciones bellísimas. Te lloramos y te vamos a extrañar siempre. Y como dice otro maestro, Luis Salinas, cuando tocás siempre tenés razón”.
Homenajes silenciosos pero potentes se replicaron en las redes: Pedro Aznar compartió la canción “María Landó” con un simple “¡Lucho!”, mientras que Julia Zenko posteó una imagen del guitarrista con el tema “Amarraditos”: “Buen viaje querido… Que descanses en paz”. Su eterno compañero Lito Vitale manifestó: “Gracias Lucho por todo lo que nos enseñaste, por todo lo que nos reímos y por tu música que seguirá viva por siempre”.
Lucho González se fue dejando una síntesis original y profundamente emotiva que será material de estudio para las próximas generaciones. Como él mismo decía al citar a un poeta sobre su maestra Chabuca: «La llevo puesta», refiriéndose a su herencia musical; hoy, es el público rioplatense y andino el que lleva puesto su legado.
