Falleció Felipe Staiti, guitarrista y fundador de los Enanitos Verdes

A los 64 años, falleció en Mendoza el guitarrista que llevó el rock cordillerano a todo el continente. Tras la partida de Marciano Cantero en 2022, Staiti se había convertido en la voz, el motor y el alma de una banda que acababa de hacer historia al superar las mil millones de reproducciones de "Lamento Boliviano".

Falleció Felipe Staiti, guitarrista y fundador de los Enanitos Verdes

Felipe Staiti, guitarrista y fundador de Enanitos Verdes, en una de sus últimas visitas en Perú. (Foto: Alessandro Currarino / El Comercio)

La tarde del pasado lunes, el rock en español perdió su última frontera de resistencia mendocina. Felipe Staiti, el virtuoso de las seis cuerdas que fundó Enanitos Verdes y que, tras la muerte de Marciano Cantero, cargó sobre sus hombros el legado de la banda, falleció en el Hospital Italiano de Mendoza. Tenía 64 años y su partida cierra un capítulo decisivo para la música argentina, justo cuando el grupo atravesaba un renacimiento estadístico sin precedentes en la era del streaming.

La noticia fue confirmada por el secretario de Cultura de Mendoza, Diego Gareca, quien a través de un emotivo mensaje definió la magnitud de la pérdida: “Con profunda tristeza despedimos al querido Felipe Staiti, un talento inmenso de nuestra tierra y pieza fundamental de la historia del rock mendocino. La cultura de Mendoza pierde a uno de sus guitarristas más brillantes e irreemplazables. Recordaremos para siempre tu música. ¡Hasta siempre, Felipe!“.

El «reseteo» que se convirtió en despedida

El declive de su salud no fue repentino, sino el resultado de una batalla física que comenzó a finales de 2024. Tras una extenuante gira latinoamericana que celebraba los 40 años del álbum debut de la banda, Staiti contrajo una infección bacteriana en México. Lo que parecía un contratiempo de gira se agravó drásticamente debido a su condición de celíaco, derivando en un cuadro de deshidratación profunda.

Durante su primera internación, el guitarrista llegó a perder 15 kilos y sufrió secuelas graves en su musculatura vocal, un golpe crítico considerando que desde 2022 él era el encargado de ponerle voz a los clásicos del grupo. En aquel momento, con la resiliencia que lo caracterizaba, Staiti describió su crisis como un “reseteo” físico total. Sin embargo, a pesar de los intentos por recuperar su potencia vocal para una gira proyectada en Estados Unidos junto a Hombres G, las complicaciones finales en el Hospital Italiano de Mendoza resultaron fatales.

Una historia que comenzaría sobre Gutenberg al 213

Para entender el estilo de Staiti, hay que viajar a la zona oeste de Mendoza Capital. Allí, en el número 213 de la calle Gutenberg, nació la leyenda. Felipe Daniel Staiti nació el 29 de agosto de 1961 y mostró una precocidad asombrosa: a los 9 años ya había compuesto «Canoa», su primera obra exhibida en el conservatorio local.

Su destino cambió a los 13 años, cuando el impacto de Deep Purple y el magnetismo de Ritchie Blackmore lo alejaron de la formación académica para abrazar la electricidad. Con una Fender Stratocaster regalada por su padre —la cual conservó como un amuleto hasta el final—, Staiti comenzó a forjar un estilo que mezclaba la técnica del metal neoclásico de Joe Satriani y Steve Vai con una sensibilidad pop infalible.

En noviembre de 1979, junto a Marciano Cantero y Daniel Piccolo, fundó Enanitos Verdes. El propio Felipe recordaba con nostalgia aquellos inicios para la revista Rolling Stone: “Todo arrancó en mi casa. Con Marciano nos empezamos a juntar en mi habitación, él con su bajo y yo con mi guitarra. En ese momento, el único elemento era la ilusión, porque no había ninguna realidad, solamente las ganas de tocar”. Esa ilusión se transformó en una maquinaria capaz de vender más de cuatro millones de discos y liderar la avanzada del rock argentino en el continente junto a Soda Stereo, Virus y Zas.

El hito de los mil millones y la mística de Jeff Beck

La muerte de Staiti se produce en un momento de gloria digital que parece un acto de justicia poética. A finales de marzo de 2026, “Lamento Boliviano” se convirtió en la primera canción del rock nacional en superar las mil millones de reproducciones en Spotify.

Aunque la canción era originalmente de la banda Alcohol Etílico, fue la visión de los Enanitos la que la convirtió en un himno universal. Felipe explicaba sobre este fenómeno: “El ‘Lamento’ es el fiel reflejo de esas composiciones que, una vez descubiertas, trascienden a su autor para transformarse en himnos que le pertenecen a la gente… Es la canción más versionada de nuestro repertorio”.

La grabación de este hit en Los Ángeles esconde un detalle de coleccionista que define la búsqueda de excelencia de Staiti. Según relató Marciano Cantero, para el registro definitivo de la canción, Felipe alquiló una Fender Stratocaster de los años 60 que venía directamente de la casa del legendario Jeff Beck, quien había sido el último en utilizarla. “Felipe grabó el solo en lo que demoró en tocarlo y quedó una pieza de música maravillosa”, recordaba Marciano. Ese solo, capturado con una guitarra con «pedigrí», es hoy parte del ADN cultural de Latinoamérica.

El último puente se ha roto

La partida de Felipe Staiti no es solo la pérdida de un guitarrista técnico; es el fin de la continuidad artística de Enanitos Verdes tal como la conocíamos. Desde la muerte de Cantero en 2022, Staiti no solo asumió el rol de vocalista principal, sino que se convirtió en el custodio de una memoria colectiva. Él era el puente entre la mística de los años 80 y un presente donde la banda seguía llenando estadios en México, Colombia y Perú.

Lo que Staiti generó en estos últimos años fue un acto de resiliencia emocional. Verlo al frente del escenario, asumiendo una voz que no era originalmente la suya pero que defendía con la misma honestidad con la que ejecutaba sus punteos, hablaba de un compromiso con la música que trascendía el ego. 

Hoy, el rock argentino queda frente a un vacío difícil de reemplazar. Se va Felipe Staiti, el hombre de la “perfecta caligrafía pop”, el artista que demostró que desde una habitación en la calle Gutenberg se podía conquistar el mundo sin perder el acento mendocino.

La muerte de Felipe Staiti deja a Enanitos Verdes sin otro de sus cimientos originales, pero nos lega una obra que, como él mismo decía sobre sus himnos, ya le pertenece a la gente. El silencio de su guitarra es, en realidad, el eco infinito de millones de reproducciones que no dejarán de sonar.

Sobre este final resuena una de las últimas declaraciones de Felipe Staiti sobre la persistencia de su arte frente a la tragedia —marcada también por la ausencia de Marciano Cantero—, en diálogo con El Comercio: “Aunque ya no somos el trío, nos falta Marciano, seguiremos heridos, pero vivos”.

Hoy, tristemente sin Felipe, se cierra en parte la historia de una formación que marcó a varias generaciones. Pero no su música, la que muchos seguiremos escuchando.

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