Cada primer domingo de septiembre, Zúndert cambia de paisaje entre los colores de las dalias. La pequeña ciudad del sur de los Países Bajos, conocida además por ser el lugar donde nació Vincent van Gogh, volvió este domingo a reunir a sus vecinos y a miles de visitantes alrededor de una tradición que lleva casi nueve décadas y que encuentra en las flores su principal materia prima.
El motivo de la convocatoria es el Bloemencorso Zundert, una competencia en la que 20 grupos vecinales construyen grandes estructuras y las cubren con flores para luego recorrer las calles de la localidad. La escala de las propuestas permite entender la dimensión del trabajo: cada carroza puede utilizar cerca de 400.000 dalias, mientras que el conjunto de las veinte estructuras llega a reunir alrededor de ocho millones de flores.
Pero el recorrido que se observa durante unas horas es apenas el resultado final de un proceso mucho más extenso. La construcción comienza en mayo, cuando cada grupo empieza a trabajar en el diseño y armado de su propuesta. Durante los meses siguientes, los vecinos destinan parte de su tiempo libre a levantar las estructuras y preparar cada detalle, mientras los talleres se mantienen cerrados para preservar el misterio sobre lo que cada barrio mostrará en la competencia.
Esa reserva también forma parte del atractivo del corso. Los grupos, denominados localmente “fracciones”, trabajan por separado y mantienen sus proyectos en secreto hasta el momento en que las carrozas salen a las calles.
Las propuestas cambian en cada edición y permiten que los participantes exploren distintas temáticas. Este año, entre las carrozas hubo referencias a piratas, culturas asiáticas y escenas medievales, además de composiciones vinculadas con la comedia del arte y una propuesta inspirada en la película Interstellar.
La cantidad de flores necesarias para completar una estructura obliga a que buena parte del trabajo se concentre en los días previos. Los voluntarios colocan las dalias manualmente hasta cubrir las superficies de las carrozas, una tarea que transforma construcciones inicialmente desnudas en piezas completamente revestidas de color.
“Tenemos cerca de 400.000 dalias en el carro, casi medio millón, y competimos con 20 fracciones por el primer premio”, declaró uno de los participantes en declaraciones recogidas por La Repubblica.
La competencia tiene, además, una historia que se remonta a 1936, cuando se realizó la primera edición del Bloemencorso como homenaje a la reina Guillermina de los Países Bajos. La celebración fue interrumpida durante la Segunda Guerra Mundial y retomó su actividad en 1945. Desde entonces, cada generación fue incorporando nuevas técnicas, materiales y recursos visuales para renovar las carrozas.
Sin embargo, hay algo que permanece: el carácter voluntario y comunitario de la celebración. La organización no depende de grandes estructuras institucionales, sino del trabajo de los propios vecinos, que durante meses se reúnen para diseñar, construir y decorar las propuestas con las que representarán a sus barrios.
Esa continuidad fue reconocida por la Unesco, que en 2021 incorporó el Bloemencorso de Zundert a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La distinción puso en valor tanto el aspecto artístico de las carrozas como el modo en que la comunidad mantiene y transmite esta práctica a través del tiempo.
En ese sentido, la tradición también tiene una dimensión generacional. Las técnicas y conocimientos vinculados con la construcción de las estructuras se transmiten entre quienes participan de los distintos grupos, mientras cada nueva edición permite introducir ideas diferentes sin abandonar la esencia de la celebración.
Durante el primer domingo de septiembre, todo ese trabajo queda finalmente expuesto. Miles de personas se concentran en las calles de Zúndert para observar el paso de las carrozas y acompañar una competencia que modifica durante unas horas el ritmo habitual de una localidad de unos 20.000 habitantes.
El corso continúa durante el lunes siguiente, cuando las estructuras vuelven a estar disponibles para el público. De ese modo, los visitantes tienen otra oportunidad de acercarse a las obras y observar con mayor detenimiento el resultado de los meses de preparación.
Zúndert vuelve así a quedar asociada a una celebración que excede el recorrido de las carrozas. Millones de flores, vecinos organizados en barrios y meses de trabajo voluntario sostienen una tradición que comenzó en la década de 1930 y que encontró en las dalias una manera particular de expresar la creatividad de toda una comunidad. Y aunque el nombre de Van Gogh forme parte de la identidad de la ciudad, durante estos días son sus propios habitantes quienes ocupan el centro de la escena.
