La imagen digital para memoriar “Un mundo en llamas”

La muestra traza un recorrido de los 8 bits a la era algorítmica para pensar cómo cambió nuestra relación con las imágenes.

La imagen digital para memoriar “Un mundo en llamas”

La obra recupera el lenguaje del dibujo pixelado y establece una referencia visual con los videojuegos de los años ochenta.

La manera en que producimos y miramos imágenes no siempre fue la misma. Las herramientas disponibles en cada época marcaron qué podía representarse, con qué nivel de detalle y también de qué manera esas imágenes llegaban a quienes las miraban. Desde las primeras visualidades digitales hasta los actuales sistemas capaces de producir imágenes a partir de una indicación escrita, ese recorrido permite observar una transformación tecnológica, pero también cultural. Sobre ese tránsito trabaja Pablo Peisino en “8 bits o el mundo en llamas”, una instalación que pone en relación la memoria de las tecnologías digitales con el escenario contemporáneo.

La obra toma como punto de partida un lenguaje visual asociado a los videojuegos de los años 80. Una cortina de eslabones plásticos funciona como soporte para un dibujo pixelado que representa un pulpo en llamas junto a la frase “The World on Fire”. La elección no es casual: el píxel remite a un momento en el que las posibilidades técnicas eran más acotadas y la baja resolución formaba parte visible de la propia imagen.

A diferencia de una recuperación nostálgica de aquella estética, la propuesta utiliza esa referencia para mirar hacia el presente. En los primeros años de la imagen digital, cada píxel hacía evidente la estructura de aquello que aparecía en pantalla. Había límites concretos vinculados con la capacidad de los dispositivos, la resolución y los recursos disponibles. Hoy, en cambio, la producción visual se encuentra atravesada por sistemas algorítmicos e inteligencia artificial capaces de generar imágenes de manera rápida y a gran escala.

Ese contraste constituye uno de los ejes de la instalación. El recorrido va desde una visualidad definida por la escasez técnica hacia otra marcada por el exceso. Las imágenes ya no solamente pueden producirse con mayor facilidad, sino que además se multiplican, circulan y son consumidas de manera permanente. Por eso, la muestra propone detenerse en un cambio que no afecta únicamente a las herramientas: también modifica la relación cotidiana con aquello que vemos.

En ese contexto aparece la frase “The World on Fire”, que acompaña al dibujo del pulpo. La expresión admite distintas lecturas. Puede relacionarse con una sensibilidad vinculada a la cultura post-punk, pero también con algunas de las crisis que atraviesan el presente. El fuego puede aludir al calentamiento del planeta, aunque también a una sensación de saturación producida por la circulación constante de información e imágenes.

La obra deja abiertas esas posibilidades y, al mismo tiempo, plantea una pregunta por el lugar que ocupa la imagen frente a un mundo atravesado por múltiples conflictos. ¿Qué ocurre cuando incluso la catástrofe puede transformarse en una imagen más dentro de un flujo ininterrumpido de contenidos? La cuestión no aparece formulada como una respuesta cerrada, sino a través de una pieza que reúne referencias tecnológicas, culturales y sociales.

También el material elegido para construirla aporta una dimensión particular. La cortina plástica tipo “italiana”, un objeto cotidiano y reconocible, se convierte en una superficie sobre la cual aparece una imagen asociada a una tecnología que hoy forma parte de la memoria de varias generaciones. Lo doméstico y lo tecnológico se encuentran así en una misma pieza, mientras el lenguaje de los videojuegos funciona como punto de partida para hablar de un presente muy diferente.

En ese sentido, “8 bits o el mundo en llamas” puede leerse como una revisión de las transformaciones que atravesó la cultura visual en las últimas décadas. El píxel, que alguna vez representó una limitación, aparece ahora como una marca de otro momento tecnológico. Frente a él, los algoritmos introducen una lógica basada en la abundancia y en una capacidad de producción que parece no tener los mismos límites.

La propuesta también permite volver sobre una pregunta más amplia: qué significa mirar cuando las imágenes pueden ser creadas en segundos, reproducidas infinitamente y modificadas por sistemas que muchas veces permanecen fuera de nuestra vista. Así, el recorrido que plantea Peisino no se detiene únicamente en la evolución de una herramienta, sino que observa las modificaciones que esa evolución produjo en la experiencia de quienes crean, reciben y comparten imágenes.

La muestra puede visitarse de martes a domingos y feriados, de 10 a 17: 30. Los pases se adquieren a través de Autoentrada o mediante las boleterías del espacio. Los miércoles la entrada es gratuita.

El recorrido de un artista visual cordobés

Pablo Peisino nació en Córdoba en 1975 y se formó como artista visual en la Escuela de Artes de la UNC. En 1995 fundó la editorial independiente Llantodemudo y desde entonces desarrolló una trayectoria vinculada a las artes visuales. Su obra integra colecciones públicas y privadas y fue exhibida en espacios como el Museo Caraffa, el CCK y la galería The White Lodge. Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Adquisición del Mercado de Arte Córdoba en 2023, una beca de producción del Fondo Nacional de las Artes en 2022 y una mención especial en el 112° Salón Nacional en 2025.

Presentaron los detalles técnicos de las obras para el Paseo de las Artes

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