Las venas abiertas de la tragedia de Achala

Pido permiso al gran escritor uruguayo Eduardo Galeano, para preguntar si espantosos maltratos escolares y abusos autoritarios de otros tiempos, acaso no sobreviven en el presente como rémoras muchas veces sutiles pero profundamente dañinas.

Las venas abiertas de la tragedia de Achala

Foto de archivo de Maria Gabriela Naselli.

Hace pocas semanas, se cumplieron 40 años de la muerte por congelamiento de cuatro niños que escaparon de la escuela albergue Padre Liqueno ubicada en la Pampa de Achala, hartos de los maltratos y abusos a los que eran sometidos por el director del colegio y sus acólitos. Lamentablemente el sacerdote franciscano Eduardo Giménez falleció en 1999, cuando todavía la verdad sobre la tragedia estaba lejos de ser conocida. Mario Oliva de Villa de las Rosas y Claudio Gil de San Pedro sólo tenían 9 años. Cristian Rodríguez de Santa Rosa de Conlara (San Luis) y Luis Peralta de Villa Dolores tenían 11. Ellos habían sido duramente castigados por robar comida del almacén y entonces decidieron irse. Un brusco descenso de temperatura de 15 grados bajo cero selló el destino de los cuatro. Después de seis días de búsqueda, fueron encontrados abrazados al costado de una gran piedra. No habían cometido ninguna travesura al irse, ni se había tratado de un accidente como se pensó durante años. Fue un intento de fuga del infierno en el que vivían.

Y si bien ya pasaron cuatro décadas de aquella tragedia, a nadie escapa que por estos tiempos y en nuestra sociedad, prevalecen ideologías y políticas represivas, un clamor social y mediático por más seguridad y la baja de la edad para la imputabilidad de los menores. Por eso vale preguntarnos sobre la violencia que nos atraviesa, y de los modos que se infiltra también en las escuelas y en instituciones que debieran ser ejemplos a la hora de educar y construir pensamiento y dignidad. Durante casi 40 años, la licenciada y profesora en Psicología María Gabriela Naselli se ha desempeñado como alfabetizadora y docente especialmente formada en la problemática de las escuelas rurales de las Sierras Grandes y colegios urbano marginales de nuestra provincia. Pero además es la autora del largometraje documental ACHALA, no terminado aún pero ya reconocido nacional e internacionalmente por su producción.

 Jorge Vasalo: ¿Qué pasó realmente en la Escuela Liqueno hace 40 años?

María Gabriela Naselli: Los chicos que estudiaban allí la pasaban muy mal. Comían alimentos con gorgojos, y según testimonios, a quienes se negaban a comer, les metían sus cabezas en los platos. Muchos sufrían enuresis (orinarse encima), lo que era un claro síntoma de la angustia que tenían. Además en las aulas los castigaban con golpes, latigazos y cachetazos, por ejemplo si no marcaban correctamente a la Argentina en un mapa. También los humillaban dejándolos en ropa interior al frente del resto, o los reprendían diciéndoles barbaridades como “vos estás acá porque tu mamá no te quiere”. De hecho, fotos de aquellos tiempos muestran a los chicos desabrigados, con pulloveres finos, sin camperas ni bufandas, con sus manos en los bolsillos y lastimadas por el frío igual que las orejas. Como si fuera poco, también los mandaban a limpiar los baños, cocinar, juntar leña, arreglar caminos y siempre los varones con los trabajos más pesados. Eran entre 70 y 90 chicos, con apenas una o dos cocineras y cinco o seis maestras. Los cuatro niños fallecidos sólo quisieron escapar de los malos tratos y torturas que sufrían. Se fueron desesperados a campo traviesa sin comida ni abrigos con la intención de llegar a la ruta de las Altas Cumbres, pero la neblina los desoriento y una tormenta de nieve los mató.

 J.V: ¿Cómo te involucraste al punto de hacer una película?

M.G.N: Yo soy egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, y como psicóloga me formé especialmente para trabajar en educación y en las escuelas rurales y marginales. Pero además, durante los años 90 me fui a vivir a Traslasierra donde nació mi hija Malena, y fue en esas circunstancias cuando escuché por primera vez, testimonios de lo que había pasado y seguía pasando en esa escuela de Achala. Posteriormente, ya en el año 2007 y a partir del descubrimiento de la verdad sobre la tragedia de los chicos, fue tanta la bronca, la conmoción y la indignación que sentí, que decidí hacer una película independiente, que estoy terminando con mucho atrevimiento y esfuerzo personal, y aprendiendo sobre la marcha, y con la gran ayuda de mucha gente que me fue apoyando con lo que podía y en diferentes momentos.

 J.V. ¿El nombre de la película es ACHALA?

M.G.N: Así es. Es un largometraje documental que afortunadamente ya está en la etapa de postproducción, con un guion basado enteramente en los hechos y los relatos que pude reunir. Hace ya 15 años que trabajo en esta película, desde aquel inicio en el que junto a un par de estudiantes de cine íbamos al lugar con un auto viejo y una carpa. Imaginen que con tanto tiempo que pasó, hasta tenemos registros filmados con viejas cámaras que ya no se usan. Y puedo decir con mucho orgullo, que es una película que en la categoría “obras en progreso” ya fue reconocida en el Pulsar de Santa Fe y en el Festival de Cine de la Habana en Cuba. Después de tanto esfuerzo, finalmente ya estamos en el tramo final.

 J.V: ¿Qué pasó con la investigación judicial de los trágicos hechos?

M.G.N: Nada. Todo quedó impune. Y les cuento que hubo muchas fugas anteriores a esta tragedia. Los Franciscanos estaban a cargo de la Liqueno y como decía Foucault, “el poderoso puede matarte directamente o exponerte a la muerte”, y estos chicos fueron empujados a ella. La crueldad de las maestras y de quienes estaban a cargo, que imponían castigos que incluso tenían nombres puestos por los propios chicos como “el cucharón y el cola fina” entre otros, y con torturas sistemáticas. Encima, para el Obispado y el Ministerio de Educación de la Provincia, la escuela funcionaba normalmente”. Por eso el encubrimiento fue tremendo. Pero además autoridades de la escuela se robaban las donaciones de útiles, ropa y calzado, que después se vendían en Villa Dolores.

Pero volviendo a lo judicial, siempre fue difícil obtener explicaciones sensatas de la ex-jueza de menores Elba Allende, sobre todo en relación a los 22 niños judicializados que estaban en la Liqueno. Es más, el ex-fiscal del caso Emilio Andruet, encontró muchas resistencias cada vez que intentó avanzar en la investigación sobre las responsabilidades. Cuando Andruet se fue como camarista a Río Cuarto, entonces la causa judicial quedó paralizada para siempre. En resumen, todos los culpables quedaron impunes. El cura Giménez murió hace mucho, las maestras y la jueza se jubilaron, y algunas hasta recibieron reconocimientos por ser “buenas docentes”.

 J.V: ¿O sea Infancias Robadas en medio de mucha soledad, frío y maltratos?

M.G.N: Tal cual. Muchas familias pobres que no podían alimentar a sus hijos, y que los mandaban a esa escuela en medio de la pampa repleta de piedras. Los chicos no entendían bien porque estaban allí, obligados a rezar tres o cuatro veces por día, con maestras muy duras, con mucho frío y sufrimiento. Además con temperaturas bajo cero y con pocos abrigos, y con muchos castigos. Tenían sus cuerpitos lastimados por el frío y con sabañones y lastimaduras dolorosas. Y la gran mayoría se orinaban por el frío y por el miedo. Era un calvario en una escuela que se mostraba como “ejemplar”. Chicos hambreados que a veces mataban ovejas o pescaban truchas para poder comer. Por lo tanto, cada vez que podían robaban algún pan del almacén para comerlo a escondidas. Las maestras los golpeaban, les tiraban del pelo y les pegaban con varillas y reglas. Por eso, aquellos niños no tienen recuerdos felices de aquellos años en la Liqueno. El cura Giménez usaba un látigo, les pegaba “piñones” y les tiraba las orejas. En fin, así “educaban” en aquella escuela durante aquellos años.

 J.V: ¿Qué pasó con la Liqueno después del 2007?

M.G.N: El impacto del descubrimiento de la tragedia fue tan grande, que la orden franciscana se retiró y la Provincia asumió la gestión administrativa y pedagógica como escuela pública rural de nivel primario y secundario de régimen común. Y por lo que pude ver, se instrumentó un cambio muy profundo en la formación y en la contención de los alumnos, que de otro modo no podrían seguir estudiando.

 J.V: Más allá de estos hechos tan trágicos, es justo reconocer el extraordinario trabajo que mucha gente hace en las escuelas rurales

Sin dudas. Por ejemplo recuerdo ahora a Marcela Ramos, la maestra y directora de la escuela del Cerro Champaquí, quien sube entre la nieve con una entrega admirable, y con chicos que allí estudian, juegan y comen como en una gran familia. Ojalá los cordobeses sepan del extraordinario esfuerzo de Marcela (y de muchas como ella). No tengo dudas que la ruralidad sostiene lugares increíbles para garantizar el derecho a la educación, y muchas veces bajo condiciones muy complicadas, y con poco apoyo de las autoridades gubernamentales. Las escuelas rurales conservan formas y modos de la vida cotidiana, usos y costumbres solidarias que lamentablemente ya se perdieron en las escuelas de las grandes ciudades.

 J.V: ¿Y qué queda de aquellos maltratos y violencia de la época de la dictadura, cuando estas conductas gozaban de mucha simpatía?

M.G.N: Según mi experiencia y opinión, lamentablemente perduran algunos comportamientos denigrantes, humillantes y discriminatorios, sobre todo con expresiones y palabras ofensivas e inapropiadas. Muchas veces las escuché en las aulas, pasillos y salas de profesores. Creo que el maltrato sigue instalado y son los alumnos quienes  mayormente lo sufren. Hay palabras que son muy fuertes y producen marcas duraderas y dañinas en niños que no se pueden defender. Es más, creo que hay “violencias cruzadas” en el sistema educativo. El Poder Político agrede a las y los docentes pagándoles bajos salarios, con la quita de derechos y exigencias administrativas cada vez más complicadas. También a veces, hay padres que protagonizan hechos violentos en ámbitos escolares, y por supuesto el bullying o maltrato entre alumnos y docentes. Bueno, en estos tiempos tan mediáticos y plagados de redes sociales, hay situaciones que se terminan dirimiendo en la televisión o en los diarios. A los ministros de Educación suele importarles más evitar los escándalos y las críticas, que resolver los conflictos de la mejor manera. Y es verdad que no son tiempos fáciles para nuestra sociedad, pero sería muy importante repensar la educación actual para, entre otras cosas, finalmente desechar vestigios y costumbres que están lejos de integrar, cuidar y amar.

J.V: ¿O sea que todavía hay manifestaciones violentas evitables algunas escuelas?

M.G.N:Lamentablemente es así. Y fíjate nomás lo que pasa con algunos padres que no pueden pagar la cooperadora, y las dificultades que tienen para que sus hijos puedan ser integrados a la educación. Incluso a veces, quienes se atreven a denunciar diferentes cuestiones o maltratos, sufren represalias. Por lo tanto, el “no te metas” o el “mejor callate” siguen estando presentes. Aunque a veces no se note, todavía hay mucho por hacer para erradicar algunas viejas conductas muy dañinas, y cercanas al autoritarismo y a lo que pasaba en la Escuela Liqueno de la Pampa de Achala.  

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